Javier Elorza: «Los indios, al igual que los chinos, se consideran el ombligo del mundo»
El exembajador español en la India recuerda su etapa diplomática y comparte sus experiencias en su nuevo libro

Javier Elorza. | Carmen Suárez
Javier Elorza, ex embajador de España en la India, llega con su libro La India: ¿potencia mundial?, ¿tigre o pavo real?, en el que narra las diferencias culturales entre el gigante asiático y nuestro país. El experimentado diplomático se adentra en la vida, la economía y la política de uno de los países que está llamado a influir en el siglo XXI. La obra mezcla el día a día de su oficio con curiosas anécdotas que reflejan a la perfección las ventajas y problemas de la nación de Mahatma Gandhi.
Elorza, hoy jubilado, ha tenido una dilatada trayectoria en el servicio exterior. Ha sido representante de España ante la UE y embajador en Rusia, en India y en Italia. Su libro sobre India permite comprender la mentalidad de sus habitantes y las razones por las que estos no se han abierto al mundo hasta hace poco. Y pone además al lector en el lugar del embajador: qué objetivos tenía y cómo es tratar de primera mano con la burocracia india y los quebraderos de cabeza que esto puede producir en los empresarios españoles.
En poco más de ciento cincuenta páginas, Elorza nos lleva de viaje a un país cuyo presente y futuro están moldeados por la historia, la cultura y la política, donde la opulencia de los palacios de los maharajás y la pobreza de buena parte de su población van de la mano, y con tantos desafíos como potencial.
PREGUNTA.- La Unión Europea acaba de firmar un tratado con la India, que usted menciona en su libro. ¿Qué opina del acuerdo?
RESPUESTA.- Las negociaciones empezaron hace casi 20 años. La estrategia del presidente Trump ha colocado a la India en un lugar muy, muy desagradable, porque le aplicó aranceles del 50% por comprar petróleo procedente de Rusia. La negociación no ha sido fácil y todavía quedan por redactar algunos capítulos y anexos, pero el acuerdo va a suponer que ambas partes tengan una zona de libre cambio, que será más generosa con la India que con Europa. Este es un acuerdo muy bueno para nosotros y para ellos, porque la India en estos momentos es la cuarta potencia mundial en Producto Interno Bruto y va en camino de convertirse en la tercera, por lo que para la Unión Europea es un mercado muy interesante.
P.- ¿Cómo le va a beneficiar a España?
R.- A España le va a beneficiar cualquier cosa que se liberalice, eso se está demostrando en todas las zonas de libre cambio de la Unión Europea. Nuestro país promovió la liberalización en América Latina, primero con México el año 1997, después con Chile en 2002, Colombia y Perú en 2010, con América Central en 2013 y con Mercosur hace dos años y ahora estamos en proceso de negociación, porque el Parlamento Europeo ha remitido el acuerdo al Tribunal de Justicia para que haga un informe. Pero España ha contribuido a liberalizar el comercio con América Latina y también en el Mediterráneo. Hay que recordar en este sentido a Manuel Marín con la Conferencia de Barcelona y al Gobierno de Felipe González.
P.- En los últimos meses, las relaciones entre España y Estados Unidos han empeorado. ¿Podría convertirse la India en un sustituto para Estados Unidos?
R.- No, la respuesta es no. El mercado indio no es alternativo al norteamericano ni mucho menos. No solamente por su lejanía, sino porque es un país muy competitivo en producciones industriales, donde el coste de la mano de obra es el factor determinante. Es un mercado más importante, pero no es alternativo.
P.- En su libro habla de la mentalidad cerrada de los indios. ¿Desde su estancia, en 2010,cuánto ha variado esto?
R.- Más que una mentalidad cerrada, que no lo son, los indios tienen un alto concepto de sí mismos. Es una altivez con todo lo extranjero, porque ellos se consideran un poco como China, el ombligo del mundo. Europa no es para ellos algo de inmediata importancia, ni mucho menos. Ellos están obsesionados con China y Pakistán, países con los que han tenido conflictos militares y en los cuales todavía no hay acuerdos de paz, ni en el Himalaya, ni en Cachemira. También están los países del Golfo Pérsico, con los que han firmado importantes acuerdos y de los que obtienen grandes beneficios gracias a los millones de emigrantes indios que trabajan ahí, y que hacen que India sea el primer receptor de remesas del mundo, con 125.000 millones al año, una suma muy importante. Ellos practican lo que se llama la autonomía estratégica, no la de Emmanuel Macron, sino la suya, que fue la primera. Esta consiste en hacer acuerdos comerciales o económicos con cualquiera, independientemente de su ideología o régimen político: por pragmatismo.
P.- ¿Cómo es la vida para un diplomático?
R.- A lo largo de mi carrera cambié de casa 26 veces en total. He estado en Marruecos, en Bruselas, en la India, en Italia, en Rusia y luego por toda África. En mi caso, coleccionaba objetos transportables, como por ejemplo, una concha de un ermitaño que me acompañaba. Cuando te cambias de casa, te llevas las cosas que has ido comprando, que son frágiles, inútiles y que son simplemente un entretenimiento. Porque el hogar, como tal, no existe. El concepto de mi casa, mi vecindario, es un concepto inexistente en la vida de un diplomático.
P.- En su libro narra diferentes reuniones que no salieron bien. ¿En algún momento sintió que se le faltó al respeto como embajador durante su etapa en la India?
R.- No, los indios no son descorteses, ni maleducados. Lo que pasa es que para ellos, tu país y tu continente, no tienen demasiado interés. Para ellos los ingleses y casi todos los europeos son defensores del colonialismo, o al menos durante mucho tiempo lo han sido, que es el pecado mayor para un indio. Estamos lejos y tenemos una concepción de la vida que no es la suya. No tiene nada que ver nuestro mundo cristiano con el mundo hindú, donde hay cientos de miles de dioses. Sus costumbres sociales y económicas son muy distintas. No es que tú seas desagradable, es que no cuentas demasiado para ellos y no te tienen en consideración.
P.- En sus reflexiones sobre India, señala que para convertirse en una superpotencia, el país necesitaría, entre otras cosas, superar la polarización y diversificar su economía. ¿Cree usted que podrá lograrlo?
R.- Bueno, es un reto porque India tiene rémoras históricas importantes. En primer lugar, es un país donde existe hambre y el Estado ayuda a más de la mitad de la población con subvenciones oficiales. En segundo lugar, es un país muy asimétrico: el oeste está más poblado y desarrollado que el norte. Además, hay conflictos internos; todavía persiste el terrorismo en la zona central y en el este, hacia Birmania. India cuenta con infraestructuras deficientes y una gran carencia de logística. Tiene la red de ferrocarril más extensa del mundo, pero no se encuentra en buenas condiciones: los trenes circulan a 30 o 40 km/h, y muchas personas viajan colgadas de las ventanas para no pagar el billete. Por último, India tiene una organización política compleja. Aproximadamente el 15% de su población, unos 210 millones de personas, son musulmanes. Por todo esto, no es un país fácil de gobernar ni de desarrollar.
