Lawrence de Arabia: mitos, sueños y realidades
«Lawrence no se entregó a cavilosas reflexiones y fomentó con entusiasmo la causa de la independencia árabe»

Lawrence en Aqaba, en 1917. | Cuadernos FAES
¿Es «Los siete pilares de la sabiduría» un clásico de la estrategia militar? En efecto, es la crónica de las andanzas de un ejército irregular dedicado, en bastantes ocasiones, a tareas de demolición con la voladura de ferrocarriles y puentes, si bien en otros momentos conquista algún enclave estratégico como el de Aqaba, junto al mar Rojo.
En 1926 se publicó la versión definitiva de Los siete pilares de la sabiduría de Thomas Edward Lawrence, una especie de memorias de guerra del coronel británico que pocos años antes había sido elevado a la categoría de mito popular por el periodista norteamericano Lowell Thomas. Este reportero fue enviado en 1918 por el Chicago Daily Newpara cubrir la campaña del general Allenby contra los otomanos en Palestina, y allí conoció al futuro Lawrence de Arabia. Contribuyó a forjar al personaje al retratarlo y filmarlo con indumentaria árabe. Le aplicó enseguida una técnica hoy muy extendida: el storytelling. La consagración del mito se hizo sobre todo en la Royal Opera House de Londres en 1919 con imágenes y música. Fue un espectáculo al que Thomas dio un tono épico y teatral que contribuyó a su éxito. Se consiguió transmitir así la percepción de un genio estratégico, un líder con carisma, aunque de temperamento solitario.
El sueño de una nación árabe
Los siete pilares de la sabiduría puede interpretarse como la reacción de Lawrence ante la puesta en circulación de su propio mito. Con todo, el autor publicó en 1927 Rebelión en el desierto, una versión abreviada de su obra. Se dio así la paradoja de que este segundo libro fomentaba la imagen de Lawrence como héroe de leyenda. Sin embargo, el primer libro pretendía acercarse más a la verdad de los hechos por medio de la introspección psicológica, acompañada de reflexiones en las que la geopolítica del Reino Unido en Oriente Medio no salía bien parada. Un siglo después, Los siete pilares de la sabiduría debería constituir una llamada de atención para todos aquellos que pretenden cambiar a su antojo la geopolítica de Oriente Medio y que no tienen en cuenta los dilemas morales presentes en la política exterior, lo que les lleva a contradicciones y comportamientos erráticos.

Estamos ante un libro recomendado por estudiosos de la estrategia, aunque su redacción resulte ambigua y oscura. Para empezar, lo es su título, tomado de Proverbios 9,1: «La sabiduría se ha edificado una casa y ha levantado sus siete columnas». A esto se añade el desconcertante subtítulo de la edición de 1926: Un triunfo. Si entendemos por casa la construcción de la nación árabe, tal y como se deduce del conjunto de la obra, no puede concebirse que esto constituyera un triunfo. Lo fue en el aspecto militar, pero no así en lo político. El acuerdo secreto Sykes-Picot de 1916, entre británicos y franceses, que estableció las respectivas zonas de influencia en la región al finalizar la Primera Guerra Mundial, frustró las promesas de estados independientes para los árabes. Por eso, ese subtítulo expresa la amarga ironía de Lawrence ante las expectativas no cumplidas: las propias y las de los árabes.
«Este libro de Lawrence es una lograda obra literaria. Abundan en ella las descripciones de la vida de los nómadas del desierto, en reproducciones casi cinematográficas, y de su lucha para liberarse de la secular dominación otomana»
Además, este libro de Lawrence es una lograda obra literaria. Abundan en ella las descripciones de la vida de los nómadas del desierto, en reproducciones casi cinematográficas, y de su lucha para liberarse de la secular dominación otomana. Contra lo que pudiera creerse, nunca se planteó como una guerra santa, aunque los rebeldes fueran musulmanes, pues el Califato otomano siguió existiendo hasta 1924. Antes bien, fue un conflicto en el que los turcos y los árabes eran los respectivos aliados de Imperios cristianos como el alemán y el británico. Cabe subrayar también que el capitán Thomas Edward Lawrence, destinado en El Cairo en el Arab Bureau, era un oficial de enlace con el jerife de La Meca, Hussein ibn Alí, y sus hijos para apoyar una rebelión contra los otomanos. La singularidad del caso radica, sin embargo, en que Lawrence no quiso limitarse a ser un simple consejero militar. Lucharía por hacer prevalecer sus puntos de vista personales, dada su formación histórica en Oxford y sus años como arqueólogo en la región. Lawrence quería fomentar entre los árabes, pese a su carácter de sociedades tribales, una especie de sentimiento de nación, por no decir de independencia. Con todo, no podía dejar de ser consciente de que el Reino Unido podía tener otros planes para la región una vez finalizada la contienda.
Lo cierto es que Lawrence no se entregó a cavilosas reflexiones y fomentó con entusiasmo la causa de la independencia árabe. Lo podemos apreciar en una de las citas más difundidas de Los siete pilares de la sabiduría: «Todos los hombres sueñan, pero no lo hacen del mismo modo. Aquellos que sueñan de noche en los polvorientos recovecos de sus mentes se despiertan de día para darse cuenta de que todo es vanidad, pero los soñadores despiertos son peligrosos ya que realizan sus sueños con los ojos abiertos para hacerlos posibles». En efecto, Lawrence tenía en mente el sueño de una nación árabe de unos 20 millones de personas, pero la política colonial de Francia y Reino Unido, revestida de los mandatos de la Sociedad de Naciones, y los intereses petrolíferos hicieron imposible el sueño.
«Un siglo después, Los siete pilares de la sabiduría debería constituir una llamada de atención para todos aquellos que pretenden cambiar a su antojo la geopolítica de Oriente Medio sin tener en cuenta los dilemas morales en política exterior»
El drama de Lawrence, reflejado en su obra, es el ser consciente de esa contradicción, aunque a la vez no pretendía desilusionar a sus amigos árabes y aprovecharía sus aspiraciones de independencia para llevarlos a la victoria. Se sentía muy unido a sus compañeros de lucha en una camaradería alimentada por el desierto que nunca hasta entonces había experimentado. Lo cierto es que en el prólogo del libro reconoce haber desempeñado «el exitoso papel de engañador», pero lo antepuso todo al objetivo de ganar la guerra.
El frustrado reino de Feisal
¿Es Los siete pilares de la sabiduría un clásico de la estrategia militar? En efecto, es la crónica de las andanzas de un ejército irregular dedicado, en bastantes ocasiones, a tareas de demolición con la voladura de ferrocarriles y puentes, si bien en otros momentos conquista algún enclave estratégico como el de Aqaba, junto al mar Rojo. Lawrence reconoce el alcance de estas operaciones en la lucha de los árabes por su independencia, pero a la vez pretende contar con un liderazgo influyente representado por Alí, Abdulá, Feisal y Zeid, hijos del jerife de La Meca. Todos ellos son hachemitas descendientes del Profeta por medio de su hija Fátima. Pese a todo, Lawrence no ignora que esa influencia es mayor entre las tribus nómadas de la península de Arabia que entre las poblaciones agrarias de Siria y Mesopotamia. Todavía hay una guarnición otomana en la ciudad santa de Medina, aunque al oficial británico no parece importarle demasiado, pues más al norte se encuentra un mundo de ciudades de resonancias históricas: Jerusalén, Damasco, Beirut, Homs, Alepo…
«Lawrence tenía en mente el sueño de una nación árabe de unos 20 millones de personas, pero la política colonial de Francia y Reino Unido, revestida de los mandatos de la Sociedad de Naciones, y los intereses petrolíferos hicieron imposible el sueño»
Es llamativo que en su primera entrevista con Feisal, Lawrence se gane la simpatía del príncipe al darle una opinión positiva sobre su campamento sin dejar de añadir que su principal inconveniente es que está muy lejos de Damasco. En efecto, el sueño de Lawrence pasa por convertir a Feisal en un soberano de un estado árabe independiente con capital en Damasco. Se trata de una aspiración que el tiempo demostrará que no era realista, y no solo porque el acuerdo Sykes-Picot había adjudicado a Francia los actuales territorios de Siria y Líbano. Un inconveniente no menor es la diversidad poblacional existente en la zona, de la que el Líbano de hoy sigue siendo el ejemplo más destacado. Esas poblaciones no podían demostrar demasiado entusiasmo en aceptar a un soberano llegado de Arabia por el simple hecho de ser descendiente del Profeta. Feisal no puede aspirar a ser un Califa y su guerra no tiene la categoría de santa. No es una especie de retorno de los Omeyas, sino que representa una rebelión suní de corte nacionalista con ambiciones de dominio en unas Siria y Mesopotamia en las que la población chií tiene un peso destacado, sin olvidar la presencia en la zona, entre otras, de las minorías drusa, kurda o cristiana. De ahí que el reino de Feisal, establecido en Damasco en 1918, solo controlará algunas franjas interiores de Siria. Dos años después, tropas francesas expulsarán a Feisal y ocuparán el territorio. A continuación, los británicos, que ya crearon para su hermano Abdalá el reino de Transjordania, acogerán a Feisal en Mesopotamia como soberano del nuevo reino de Irak tutelado por Londres. Sin embargo, la dinastía hachemita será siempre vista como extranjera en un país mayoritariamente chií y en 1958 sucumbirá en una sangrienta revolución que instauró una república de corte nasserista y aliada de la URSS.

Gabinete de Guerra en noviembre de 1918. De los Archivos Nacionales
Británicos.
Los acontecimientos próximos y remotos demostraron que los sueños de Lawrence se darían de bruces con la realidad. No se ajusta a ella esta cita de Los siete pilares de la sabiduría: «La conjunción de grupos suníes con una idea y un profeta armado constituían un ilimitado número de posibilidades que, bajo la dirección adecuada, no habría sido Damasco sino Constantinopla a dónde se habría llegado en 1918». El único inconveniente de este sueño es que el hombre que lo expresaba era tan solo un militar británico que vestía una blanca túnica árabe.
Una exitosa estrategia y el choque con la realidad
Lawrence se había interesado en sus años de estudiante en Oxford por los grandes estrategas como Napoleón, Clausewitz, Jomini o Mauricio de Sajonia. Entre todos prefería a Carl von Clausewitz, quien en su tratado De la guerra (libro VI, cap. 26) subrayó la importancia de los grupos armados irregulares que hacen que el enemigo se sienta inseguro en todas partes. Debió de inspirarle, entre otras cosas, la guerra de los españoles contra Napoleón. Con todo, Clausewitz reducía a estos grupos a un papel secundario. En cambio, Lawrence les otorgaba un papel más decisivo. Para empezar, el oficial británico no estaba conforme con la estrategia del mariscal Foch en Francia, capaz de sacrificar muchas vidas en su obsesión por romper un frente estabilizado en trincheras. Representaba lo opuesto a un Lawrence que prefiere tener aislada a la guarnición otomana en Medina gracias al control de las líneas férreas por la guerrilla árabe. Desprecia el valor simbólico de la toma de una ciudad importante porque su control le obligaría a mantenerse a la defensiva. Por eso, Los siete pilares de la sabiduría es un libro que ensalza el valor de una rebelión armada a la que no es fácil hacer la guerra. De hecho, en esta obra el autor emplea una expresión para definir la acción de la guerrilla. Lawrence también hizo uso de ella en un artículo de 24 de agosto de 1920 para The Sunday Times sobre la rebelión árabe en Mesopotamia contra los británicos. Se refería a que someter a la rebelión «es algo así como tomar la sopa con un cuchillo». Por lo demás, en el artículo citado el ya coronel Lawrence consideraba que la ocupación de Mesopotamia era un desastre moral y estratégico. Retirado del servicio activo, se atrevía a cuestionar públicamente la política de su país en Oriente Medio y afirmaba que «no es una rebelión aislada, sino el resultado natural de una política que ha ignorado las promesas hechas a los árabes durante la guerra y que ha impuesto sobre ellos un sistema extranjero y gravoso (…). Ahora descubren que, en lugar de autogobierno, reciben una administración extranjera, funcionarios importados y decisiones tomadas sin su consentimiento». No es extraño que ocho décadas después, durante la ocupación norteamericana de Irak, este artículo de Lawrence fuera nuevamente difundido.
«Los siete pilares de la sabiduría es un libro que ensalza el valor de una rebelión armada a la que no es fácil hacer la guerra. De hecho, en esta obra el autor emplea una expresión para definir la acción de someter a la guerrilla: «es algo así como tomar la sopa con un cuchillo»»
La estrategia bélica de Lawrence en Los siete pilares de la sabiduría es calificada por su autor como «una dimensión individualista de la guerra, no disciplinada ni jerárquica». Sin embargo, en el libro no se puede ocultar una realidad en la que los rebeldes se entregan a una sucesión de masacres y saqueos, y los otomanos actúan a su vez de modo implacable.
El relato épico culmina con la entrada de las fuerzas árabes de Feisal en Damasco, que izan su bandera en el ayuntamiento de la ciudad. Pero ahora comienza lo más difícil, pues, como señala nuestro autor, «los rebeldes victoriosos suelen ser malos súbditos y peores gobernantes». Una vez más, lo complejo, después de una victoria, son las tareas de gobierno y administración. Ha pasado el tiempo de los relatos legendarios y ahora empieza el de la vida ordinaria. Precisamente por eso, la angustia invade a Lawrence, aunque en realidad siempre le ha acompañado, como él mismo reconoce en su libro, desde la audaz toma de Aqaba. En esos momentos, el militar es plenamente consciente de que el Reino Unido ha hecho demasiadas promesas al mismo tiempo: al jerife de la Meca, al aliado francés, al liderazgo de la rebelión árabe y a lord Rostchild en su proyecto de establecer un «hogar judío» en Palestina.
«El militar es plenamente consciente de que el Reino Unido ha hecho demasiadas promesas al mismo tiempo: al jerife de la Meca, al aliado francés, al liderazgo de la rebelión árabe y a lord Rostchild en su proyecto de establecer un «hogar judío» en Palestina»
Los sueños de Lawrence se han estrellado con la hostil realidad. Por eso, tras la conquista de Damasco, el militar solicitará al general Allenby que le permita volver a Inglaterra, y escribe al respecto: «Creo que debió de sentirlo, pero finalmente accedió».

