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¿Qué será de Europa si Rusia gana la guerra? Viaje a un futuro no tan improbable

El politólogo alemán Carlos Masala publica 'Si Rusia ganara' como un llamamiento urgente a una acción presente

¿Qué será de Europa si Rusia gana la guerra? Viaje a un futuro no tan improbable

Detalle de la portada de 'Si Rusia ganara' de Carlos Masala. | Ed. Península

Año 2028. Tras el triunfo en Ucrania, Rusia avanza, desafiando a la OTAN, y ocupa la ciudad estonia de Narva y la isla de Hiiumaa, enclave central para el control del mar Báltico. La excusa es la de siempre: las autoridades locales son cómplices, por acción u omisión, de la persecución a minorías rusófonas que habitan esos territorios. ¿Qué haría la OTAN? ¿Activaría el Artículo 5 en defensa de uno de sus miembros? A la luz de los eventos del ataque a Irán, ¿podemos imaginar que Estados Unidos y Europa actuarían en conjunto ante esta amenaza?

En su último libro, Si Rusia ganara. Un escenario más que probable (Península), Carlo Masala, alemán, politólogo y experto en temas de seguridad y relaciones internacionales, recurre a una suerte de modelo de historia contrafáctica y nos traslada al futuro cercano como un llamado urgente a una acción presente.

Sin ambigüedades, el autor entiende que dejar que Rusia gane la guerra en Ucrania supondría abrir la puerta al gran sueño putinista de recuperar todo territorio que hubiera estado bajo influencia rusa. Eso no solo incluye avanzar hacia Asia Central, el Cáucaso Sur y los países bálticos, sino amenazar a Europa.

Para ello, imagina un escenario en el que Ucrania finalmente capitula y entrega el 20% de su territorio con China y Estados Unidos como mediadores. Esto hace que, triunfante, Putin decida dar un paso al costado y gobernar desde las sombras, poniendo al frente a una suerte de títere que, en esta ficción, se llamará Oleg Obmanshchikov, apellido que supondría un juego de palabras en idioma ruso equivalente a «engañador». Es que, efectivamente, se trataría de un joven tecnócrata que se presenta como un nuevo Gorbachov frente al mundo occidental pero que, al fin de cuentas, respetará el sendero prefijado y controlado por Putin.

Tras la derrota, Zelenski decide disolver el parlamento, pero, ante la resistencia, llama a elecciones y acaba siendo derrotado. Mientras tanto, en los países de la OTAN que lo apoyaron, crece el descontento de la población contra sus Gobiernos y las variantes populistas, por derecha e izquierda, obtienen amplios apoyos electorales.

Asimismo, en un movimiento estratégico, China avanza en su conflicto con Filipinas, distrayendo la atención de la OTAN y favoreciendo indirectamente a Rusia, que utilizaría los años venideros para rearmarse y planificar la provocación del avance sobre Estonia.

Sin dar nombres propios, allí Masala expone el escenario actual y cómo las desavenencias entre los miembros de la OTAN acabarían siendo un suicidio civilizacional frente a la amenaza rusa.

En particular, Masala carga contra Estados Unidos, cuyo Gobierno decidiría no participar en un eventual ataque contra Rusia en defensa de un Estado miembro de tan poca relevancia como Estonia. Aunque los alemanes advierten del peligro y llaman a la acción, Hungría, Eslovenia, Francia y Estados del sur de Europa apoyan la mirada estadounidense, lo cual obliga a Estonia a retirar su moción de utilización de la cláusula de defensa colectiva, el ya mencionado Artículo 5 del Tratado de Washington.

Mientras la OTAN cede, el nuevo presidente ruso, rodeado de Putin y Lukashenko, celebra la recuperación de Narva e Hiiumaa, al tiempo que anuncia que, desde el 1 de junio de 2030, Bielorrusia y Rusia volverán a pertenecer a un único Estado. En el discurso le agradece a los presidentes chino e indio, dándoles la bienvenida al mundo multipolar.

El escenario imaginario planteado por Masala culmina con una comunicación privada entre el presidente ruso y Xi Jinping en la que este último afirma que el mundo está a su alcance y que el destino del mismo dependerá exclusivamente de China.

Un final simple, por no decir infantil, donde los protagonistas no tienen ningún matiz y donde los malos son muy malos y los buenos muy buenos.

En el apartado de las conclusiones, Masala expone lo que ya se dejaba ver en la construcción de su escenario contrafáctico: Putin es un dictador y la idea de «Ucrania no debe perder, pero Rusia no debe ganar», de quien fuera canciller alemán, Olaf Scholz, ha fracasado, de modo que, mientras se esté a tiempo, hay que hacer lo imposible para que Rusia no venza en Ucrania.

Pero la urgencia tiene que ver con que, para Masala, además del riesgo sobre Europa, la aventura rusa en Ucrania va incluso más allá y debe leerse como un conflicto destinado a reestructurar el orden mundial. A la luz de lo ocurrido posteriormente, especialmente a partir de la segunda Administración Trump, se trata de una hipótesis que no puede descartarse.

A propósito del líder republicano, según Masala, Trump retirará el apoyo a Ucrania, romperá la OTAN y se concentrará en Asia, lo cual dejaría a Europa en una situación de enorme debilidad, obligada a recuperar su potencia militar frente a lo que sería una amenaza inminente.

En la medida en que Europa no pueda disuadir a Rusia mostrando una capacidad militar al menos equivalente, con un Estados Unidos cuya política exterior es impredecible, el riesgo permanecerá latente. Especialmente si, como Masala observa, los ciudadanos europeos continúan reticentes al aumento del gasto militar sin tomar en cuenta que está en juego, según el autor, la democracia y el estilo de vida occidental.

El tiempo dirá si este experimento mental tenía fundamentos sólidos, no tanto en los detalles, claro está, sino en los grandes trazos. Como dejamos entrever a lo largo de estas líneas, aun cuando muchas de estas predicciones sean plausibles, interpretado como ficción, se trata de un texto sin matices, con personajes lineales, sin sorpresas y con una trama sin complejidades; las mismas dificultades que encontramos si interpretáramos el texto como lo que pretende ser: un intento de describir un escenario posible y un llamamiento a la acción desde el recurso de la ficción.

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