The Objective
España

Ucrania convirtió los drones en el arma que cambió la guerra contra Rusia

Indra señala que España sufrió años de retraso en el desarrollo de esta revolución tecnológica por falta de inversión

La guerra de Ucrania cambió para siempre la forma de entender los conflictos armados. Así lo aseguró este miércoles Manuel Rodríguez Cerezo, director de Indra Group y Senior Advisor de la división Weapon and Ammunition, explicando que el conflicto ha «redefinido completamente el escenario de batalla» y ha acelerado una revolución tecnológica en la que los drones, la inteligencia artificial (IA) y los sistemas autónomos se han convertido en protagonistas. «Si la supervivencia es imposible, lo que tiene que operar son los sistemas autónomos», afirmó durante la conversación Drones, Inteligencia Artificial y Combate Autónomo.

Rodríguez hizo estas declaraciones en el foro Defensa Futura, organizado por THE OBJECTIVE y patrocinado por Indra en la Fundación Ortega-Marañón, moderado por el periodista de la casa Marcos Sierra. Durante su intervención, el directivo analizó la evolución de los drones desde sus orígenes hasta los actuales conflictos y explicó cómo Ucrania se ha convertido en el laboratorio en el que se está perfilando la guerra del futuro.

Según explicó, uno de los grandes cambios vistos en Ucrania es la aparición de lo que algunos analistas denominan un «campo de batalla transparente», donde la proliferación de sensores, sistemas de vigilancia y armas de precisión ha convertido amplias zonas del frente en una «zona de muerte». «Cualquier cosa que está allí es susceptible de ser detectada, localizada y neutralizada». Esta situación ha provocado que las líneas tradicionales de combate hayan dejado de existir y que los sistemas no tripulados adquieran una importancia creciente. «La supervivencia en esa zona […] es de minutos».

El responsable de Indra destacó que el papel de los drones ha evolucionado rápidamente durante la guerra. Si al comienzo del conflicto se empleaban principalmente para tareas de observación e inteligencia, con el paso del tiempo se han convertido en herramientas de combate esenciales. Citó especialmente el auge de los drones FPV (siglas en inglés de «visión en primera persona»), pequeños aparatos pilotados a distancia mediante gafas de realidad virtual y que permiten actuar como si se tratara de un «soldado remoto». Ucrania llegó a producir el año pasado alrededor de 4,5 millones de drones de este tipo, muchos de ellos construidos a partir de tecnologías originalmente desarrolladas para usos recreativos o civiles.

Rodríguez llamó la atención sobre un fenómeno que considera especialmente preocupante: la «gamificación de la guerra». Según explicó, muchos de los mejores pilotos de drones proceden del mundo de los videojuegos y de las competiciones civiles de vuelo FPV. «Se está produciendo una cosa peligrosa o muy peligrosa desde mi punto de vista», afirmó. «La guerra no es un juego en absoluto, pero se hace a distancia, se hace con unas gafas y no te das cuenta». El directivo advirtió de que algunos jóvenes adquieren en el frente habilidades que desarrollaron previamente delante de una consola o pilotando drones recreativos.

Para Indra, el verdadero salto tecnológico no está en los drones individuales, sino en su capacidad para actuar de manera coordinada. «Lo de los enjambres de drones no es ninguna entelequia», aseguró. Rodríguez explicó que el futuro pasa por grupos de aparatos que operan conjuntamente, intercambian información y adaptan sus movimientos en tiempo real gracias a la IA. «La misión ya nunca más es de un solo aparato. La misión es de un colectivo planificado de manera global». Este concepto lo vinculó con la denominada «nube de combate», un entorno en el que drones aéreos, terrestres y navales colaboran entre sí y con sistemas tripulados.

La IA desempeñará un papel fundamental en este nuevo escenario. El directivo señaló que estas tecnologías permitirán planificar operaciones complejas, navegar en entornos en los que el enemigo bloquee el GPS y reorganizar automáticamente los enjambres cuando alguno de los aparatos sea destruido. Aunque defendió que las máquinas deberán tener cada vez más autonomía, insistió en que la supervisión humana seguirá siendo indispensable., porque la «doctrina no va a permitir nunca que haya nada que haga cosas cien por cien autónomas».

Rodríguez también hizo balance de la situación española y reconoció que durante la última década el sector tuvo importantes dificultades para despegar. «[Se sufrió] una cierta frustración porque se hicieron esfuerzos, pero no venían acompañados de presupuestos». A ello se sumaron obstáculos regulatorios que dificultaban el desarrollo y prueba de nuevas tecnologías. No obstante, consideró que la situación ha cambiado a raíz de las lecciones extraídas de Ucrania y destacó que tanto Indra como otras empresas están apostando por drones de ataque, sistemas antidrones y capacidades industriales que permitan fabricar estas tecnologías a gran escala.

Para el directivo, el proceso ya no tiene marcha atrás, puesto que «lo que está cambiando el panorama es la robotización completa y coordinada del campo de batalla». Una transformación que, a su juicio, acabará redefiniendo no solo el papel de los drones, sino la propia naturaleza de la guerra en las próximas décadas.

Publicidad