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Literatura

Lionel Shriver, azote satírico de biempensantes

La novelista vuelve a la carga con dos sátiras feroces contra los excesos del progresismo contemporáneo

Lionel Shriver, azote satírico de biempensantes

La periodista y escritora Lionel Shriver. | Anagrama

Lionel Shriver causó estruendo en 2005 con Tenemos que hablar de Kevin, convertida en bestseller internacional y adaptada al cine con Tilda Swinton. Para entonces llevaba casi dos décadas de carrera literaria y siete novelas previas, que habían pasado sin pena ni gloria. El libro con el que triunfó tuvo que soportar el rechazo de una veintena de editoriales, e incluso de su agente literaria, que se negó a representarla con una obra tan controvertida. Con esa novela brillante, incómoda y provocadora, la autora demostró que no se amilanaba ante asuntos peliagudos. Y la jugada le salió redonda. 

Contaba la historia de una madre que vivía la maternidad como conflicto. Y tensionaba al máximo el tema del amor materno, porque el hijo —el Kevin del título— le salía rarito y al llegar a la adolescencia cometía una masacre en su escuela. Hay que tener agallas para escribir una novela así. Además de narradora, Shriver es periodista y tiene olfato para detectar temas candentes y polémicos. Con el paso de los años se ha aficionado a la sátira y tira con bala. Su especialidad más reciente: hurgar en los desaguisados que provoca el idealismo progresista más alelado. Buena muestra de ello son sus dos últimas novelas hasta la fecha: Manía, que ha publicado en España Anagrama, y A Better Life, que acaba de aparecer en inglés, con controversia y revuelo mediático. Y que de momento no tiene editor en España, porque Anagrama no ha comprado los derechos de traducción. 

Quizá resulte útil, para entender la incomodidad que generan sus libros en ciertos sectores de la crítica, apuntar la evolución ideológica de esta autora estadounidense, que vivió muchos años en Londres. Pasó de colaborar en faros del progresismo como el New York Times y The Guardian a ser columnista de The Spectator, una de las más estimulantes cabeceras conservadoras británicas. ¿Se ha vuelto Shriver de derechas con la edad? ¿O es una de esas personas progresistas que no ha tragado con las derivas más memas de la izquierda woke? Lo indiscutible es que se ha convertido en el azote del progresismo biempensante y buenista mediante la sátira más feroz. 

Tanto Manía como A Better Life son distopías ambientadas en un presente alternativo, muy parecido al nuestro, pero en el que han sucedido algunas cosas que en la realidad no se han producido. O al menos no hasta esos límites. Distorsionar la realidad exagerándola es un instrumento de la sátira. En Manía —que se desarrolla en unos Estados Unidos alternativos a los reales entre 2011 y 2027—, nos presenta una sociedad que ha decidido eliminar a los tontos. No, no se asusten, no estamos ante una novela eugenésica, sobre una América que aplica idearios nazis. Estamos ante una América woke que pretende cambiar la realidad manipulando el lenguaje. 

Esto ha conducido a la llamada Paridad Mental, un constructo ideológico que proclama la igualdad intelectual absoluta, aunque para ello haya que redefinir el concepto de inteligencia, prohibir las comparaciones y convertir palabras como «tonto» y «listo» en tabú. Los defensores de esta ideología aseguran que «la última batalla por los derechos civiles es la no discriminación de los tontos». Lo cual acaba, claro, en una persecución inquisitorial de todo lo que cuestione esta nueva verdad revelada. 

La autora se lo pasa en grande imaginando las consecuencias de tamaño desatino: se prohíben películas que exaltan la inteligencia como El indomable Will Hunting y dibujos animados como El correcaminos y Los Simpson porque «apelan a la polaridad cognitiva». Se cancela a Benedict Cumberbatch, porque ha interpretado a un Sherlock de una «inteligencia excluyente», y se censuran libros de título sospechoso, como El idiota de Dostoievski. Y añade la autora, con refinada maldad: «Naturalmente, Cincuenta sombras de Grey se siguió vendiendo porque, esta sí, era una estupidez». 

¿Posee Shriver una imaginación desbocada? ¿Plantea algo exageradísimo e inconcebible? Bueno, basta con contemplar el nivel de tontería al que llegaron hace unos años las universidades estadounidenses bajo el wokismo, o echar un vistazo a los criterios pedagógicos de nuestras escuelas, en las que se aprueba a todo el mundo y se desaconseja el uso del boli rojo en las correcciones para no traumatizar a los alumnos… 

En cuanto a A Better Life, parte de una idea que lanzó el ayuntamiento de Nueva York en 2023, durante el mandato del inepto Eric Adams, aunque no se llegó a poner en práctica. Se trataba de incentivar que los neoyorquinos dedicaran las habitaciones libres que pudieran tener en sus casas a acoger a inmigrantes. Lo que hace Shriver en su distopía es imaginar que esa medida sí se llegó a aplicar. ¿Qué podría salir mal con esa idea buenista de bombero? 

Que se lo pregunten a la protagonista, Gloria Bonaventura, una mujer liberal de 62, residente en Ditmas Park, una zona elegante de Brooklyn, donde posee un brownstone campanudo en el que le sobran unas cuantas habitaciones. Porque está divorciada y solo vive con ella su hijo de 26, un zángano que hace tres que acabó la carrera, pero ni trabaja ni tiene ninguna prisa por abandonar el nido materno. 

Entusiasmada con la idea municipal, Gloria decide acoger a un inmigrante desvalido. Como meter a un hombre desconocido en su casa le da un poco de miedo, opta por una chica. La agraciada es Martine Salgado, una inmigrante hondureña en busca de asilo. Nico, el hijo vago de Gloria, empieza a olerse que la intrusa oculta algo, y también muestran recelo sus dos hermanas emancipadas: Vanessa, casada, y Palermo, que vive con su perrito Kumquat, que tendrá un papel estelar en la tragedia que se avecina. Martine empieza a traer a compatriotas a la casa. Primero a Domingo, que no está muy claro si es su marido o su hermano, y después a varios hombres que trabajan para él, en actividades no necesariamente lícitas. Hasta que una serie de malentendidos desatan los infiernos.

Shriver escribió la novela antes de que Trump desplegase a la tropa de incapaces reclutados por el ICE y los estadounidenses asistieran atónitos a la muerte en directo de dos conciudadanos acribillados por el gatillo fácil de los agentes y vieran cómo se detenía a un niño de cinco años. El libro ha salido a la venta después de estos sucesos, lo cual lo ha situado en el centro del huracán de la polémica, con acusaciones de xenofobia incluidas. 

Lionel Shiver lleva años narrando los sinsentidos de la sociedad contemporánea. En Todo esto para qué cuestionaba el sistema sanitario estadounidense; en Big Brother contaba la epidemia de obesidad, a través de una historia personal, la de su hermano que falleció de un ataque al corazón por sobrepeso; en Los Mandible. Una familia 2029-2047 «su novela más ambiciosa» retrataba las consecuencias de la crisis económica; en El movimiento del cuerpo a través del espacio abordaba la obsesión por el ejercicio y la buena forma física, y en Should We Stay or Should We Go (no traducida al español) ironizaba sobre el miedo a envejecer y el empeño en prolongar la vida. 

En Manía y A Better Life, sus dos novelas más recientes, opta sin ambages por la sátira política más incisiva. Aunque en ocasiones puede pecar de cierta brocha gorda y cae en algunos altibajos narrativos al poner a sus personajes al servicio de una tesis preestablecida, consigue lanzar perspicaces avisos sobre los peligros de las derivas más melifluas y algodonosas de la progresía occidental. 

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