El fenómeno Roberto Bolaño: dos aproximaciones complementarias
Coinciden ahora en las librerías una biografía y una antología de entrevistas con el autor de 'Los detectives salvajes'

Retrato de Roberto Bolaño. | Editorial Navona
Con toda probabilidad, Roberto Bolaño es lo más importante que ha sucedido en la narrativa latinoamericana desde el boom. Y eso es mucho decir, porque desde hace tiempo la mejor literatura en español se está escribiendo desde ese continente: Mariana Enríquez, Federico Jeanmaire, Álvaro Enrigue, Samantha Schweblin, Benjamín Labatut, Guadalupe Nettel, Valeria Luiselli, Martín Kohan, Ariana Harwicz, María Gainza, Alberto Fuguet… Siento ser poco patriótico, pero me cuesta encontrar escritores del mismo nivel en España. Nos queda, eso sí, el consuelo de que la carrera internacional de Roberto Bolaño arrancó en España: desde Blanes, un pueblo de la Costa Brava, pasando por el Premio Herralde en Barcelona, que lo lanzó al estrellato con Los detectives salvajes.
Bolaño es relevante por dos motivos. En primer lugar, por su producción literaria, en la que destacan las dos monumentales novelas —Los detectives salvajes y 2666—, pero también brillan juguetonas extravagancias como La literatura nazi en América y Estrella distante. Y por otro lado, porque desde los tiempos del boom no se veía a un escritor latinoamericano convertido en fenómeno internacional e idolatrado por la crítica de todo el planeta (hasta Patti Smith cayó rendida y visitó su casa en Blanes). El caso de Isabel Allende pertenece a otra liga, porque se trata de una autora que se mueve en el ámbito del bestseller y no deja de ser un epígono del realismo mágico del boom.
Fallecido en 2003, con solo 50 años, Bolaño siguió presente en la prensa por los líos relacionados con la gestión de su legado. Sus obras no han dejado de reeditarse y su influencia es detectable en más de un autor joven. Coinciden ahora en librerías dos obras que tratan de acercarnos al escritor y al personaje, que todavía circula entre la realidad y el mito que él mismo contribuyó a forjar. Son dos aproximaciones en cierta forma complementarias: una biografía, La sombra de los perros románticos (Navona) de José Serralvo, y una antología de entrevistas, Notas para una autobiografía (Alfaguara). Ambos volúmenes son interesantes, aunque presentan algunas deficiencias.
El libro de Serralvo es la obra de un entusiasta. La faja lo anuncia como «La biografía definitiva sobre Roberto Bolaño», lo cual es una majadería. Biografía definitiva se puede aplicar a la de Reiner Stach sobre Kafka (2.368 páginas, divididas en dos tomos en papel biblia, escritas con una meticulosidad detectivesca digna de Sherlock Holmes), pero no a esta aproximación a Roberto Bolaño. Con todo, es una aportación relevante, porque lo que teníamos hasta ahora eran aproximaciones más modestas, como El hijo de Mister Playa: una semblanza de Roberto Bolaño de Mónica Maristain, o los varios textos breves de Jorge Herralde recopilados en Para Roberto Bolaño.
El libro de Serralvo funciona bien en sus primeras 300 páginas, que recorren de forma competente los primeros años en Chile, la partida de la familia a México y los cruciales años vividos allí, además los primeros tiempos de bohemia sin un duro en Barcelona. La etapa mexicana es de especial relevancia, porque Bolaño convirtió sus andanzas como iconoclasta poeta infrarrealista, con un grupito de excéntricos, en el material literario de Los detectives salvajes.
Resultado irregular
Sin embargo, cuando llega el momento del despegue de la carrera literaria de Bolaño —al que el autor, de forma muy cansina, se empeña en denominar «nuestro protagonista» o, todavía peor, «nuestro héroe»—, Serralvo se ventila este periodo en apenas 50 páginas, sin aportar apenas nada a lo ya archisabido. Aquí la biografía falla, porque no consigue explicar en detalle cómo se fabricó editorialmente el fenómeno Bolaño, cuya dimensión fue internacional. Cómo un autor que vivía en Blanes sin calefacción ni teléfono acabó representado tras su muerte por el estadounidense Andrew Wylie, el agente más poderoso del planeta.
El biógrafo incluso se permite decir que «antes de despedirnos, se nos antoja casi obligatorio esbozar, siquiera fugazmente, los tres últimos misterios en la vida de Roberto Bolaño, uno vinculado a la salud, el otro al dinero, el último al amor». ¿Cómo que esbozar? ¿Esto es una biografía o un panegírico? Y queda sin explicar todo lo referente a las trifulcas del legado —juicios incluidos—, que debería figurar en una biografía que se pretende «definitiva».
Como lectura complementaria, Notas para una autobiografía da la palabra al propio Bolaño para contar su vida —o fabular sobre ella- y exponer sus planteamientos literarios. Existía una antología de entrevistas previa —Bolaño por sí mismo de Andrés Braithwaite—, pero mucho más breve. La recién publicada reúne una sesentena, con criterios un poco difusos, porque no figura por ningún lado el nombre del antólogo y solo aparece una anónima «Nota de los editores» que no aclara gran cosa.
El resultado es irregular. Conviven entrevistas enjundiosas —como la del programa Off the Record del Canal 13 chileno, la de Cuadernos hispanoamericanos o una conversación entre Bolaño y Rodrigo Fresán— con otras más circunstanciales y apresuradas, fruto de giras promocionales. Y hay también algunas tontísimas, como la realizada por la revista femenina chilena Paula. En cambio, sorprende que no se incluya la relevante entrevista que le hizo Mónica Maristain la misma semana de su fallecimiento, publicada en su día por la edición mexicana de Playboy y después en forma de libro, con el título de La última entrevista. Al final del volumen, hay un breve apartado dedicado al Bolaño entrevistador en sus años juveniles.
Siento tener que terminar con un tirón de orejas a ambas editoriales. He sido editor y sé lo que son las prisas, los presupuestos ajustados y la precariedad de medios, pero el lector se merece un respeto. En lo que se refiere a La sombra de los perros románticos, no es de recibo publicar una biografía sin índice onomástico. Y en cuanto a Notas para una autobiografía, el sufrido lector tiene que navegar a ciegas porque ¡directamente no hay ni un simple índice!
