Publicidad

LA OTRA CARA DEL DEPORTE

El talento futbolístico huye de La Liga

La supremacía de los clubes británicos en Europa y la mejora de los italianos coincide con una mayor capacidad salarial, reforzada por una fiscalidad propicia

El talento futbolístico huye de La Liga
El jugador del Sevilla FC Ivan Rakitic.|Marcelo del Pozo (Reuters)

Más rápido, más alto, más fuerte… y más rico. A estas alturas de la evolución humana, el salarial ocupa un lugar predominante en el mapa humano de incentivos. Quizá no sea lo mejor, pero podría ser peor: imagine un programa de dopaje obligatorio para que los deportistas den gloria al partido político en el poder; ahora recuerde el aspecto de las atletas (¿atletes?) de la antigua RDA. De vuelta a la actualidad más rabiosa (sobre todo para culés y sevillistas), los resultados de las competiciones europeas confirman dos tendencias: la supremacía de la Premier League británica y el paulatino regreso del Calcio italiano. El análisis del fenómeno incluye muchas causas, pero una de ellas brilla por la evidencia de datos objetivos: los mejores futbolistas tienden a jugar donde más cobran. Cosas del capitalismo.  

Datos objetivos. La web Capology.com se ha convertido en una referencia en la recopilación de los datos financieros del fútbol profesional. Entre ellos, suscitan especial apetito morboso los referentes a los sueldos. La demanda de transparencia de los inversores internacionales en un entorno hiperglobalizado y las posibilidades de internet facilita la acumulación de datos. Quedan fuera conceptos necesarios (¿?) para alimentar a ciertos agentes ávidos de márgenes poco claros (por decirlo suavemente), es decir, todo el abstruso universo de primas y comisiones del mundillo del fútbol. Pero la parte del león, el salario bruto de los jugadores, es accesible.  

Los datos aquí son demoledores. Centrémonos primero en los equipos españoles en competición europea. En Champions, Real Madrid y Barcelona, por supuesto, están en lo más alto, con acumulados de sueldos de 311,89 y 225,65 millones de euros (desplomados desde los 335,18 de hace un par de temporadas), respectivamente. Un poco por debajo se sitúa el Atlético de Madrid, con 181,53 millones, y… un tremendo escalón hasta Sevilla (89,43) y Villarreal (70,37). Más lejos aún, los participantes en Europa League: Real Sociedad (46,69) y Betis (47,80). Fuera de las lucrativas competiciones internacionales, los más pobres (perdón: menos ricos) son los jugadores del Cádiz (15,83), Elche (14,72) y Rayo Vallecano (10,70).

La comparación con la Premier League resulta casi obscena… Real Madrid y Barça aparte, obviamente. De hecho, los futbolistas que más cobran, los del Manchester United (295,60 millones de euros), están por debajo de los empleados de Florentino Pérez, pero a sus dueños norteamericanos les sobra como para, por ejemplo, pagarle 53,5 millones a Cristiano Ronaldo. Les sigue en poderío salarial el Chelsea, actual campeón de Champions gracias a los rublos de Abramovich, con 205,84 millones de euros, seguido de los petrodólares del Manchester City (175,52) y los dólares de los dueños norteamericanos del Liverpool (163,78). Los cuatro se han clasificado para las rondas finales de la Champions, of course. Todos líderes de sus grupos, menos el Chelsea, que dio la gran sorpresa al dejarse ir en la última jornada… ante la Juventus, de la que ya hablaremos. 

Cristiano Ronaldo. | Foto: Andrew Yates (Europa Press)

En la Europa League, el West Ham hizo valer su poderío (74,99), pero el Leicester (65,71), cayó vergonzosamente. Por la Conference League vaga el Tottenham: sus 93,26 millones no le bastaron el año pasado a Mourinho para llevarlo a otro sitio. Pero el caso más significativo de Inglaterra quizá sea el Arsenal. La compañía estadounidense Kroenke Sports & Entertainment, un potente holding especializada en deportes y entretenimiento, sabe que puede seguir gastándose un dineral (118,90 millones este año) apostando al prestigio de la marca, aunque lleve tiempo fuera de competiciones europeas; los gunners, por ejemplo, pudieron robarle al Atlético de Madrid un Thomas Party que ahora consuela su ausencia del escaparate europeo con 12,26 millones de euros al año, y los intentos del Betis, clasificado para la siguiente ronda de Europa League por repescar a su canterano Ceballos se topan con los 2,82 millones de su sueldo… como suplente en el Arsenal.

Lo más sangrante está en la parte baja de la tabla: el lumpenproletariado inglés lo componen, por ejemplo, Brentford (16,64), Leeds (21,13), Watford (33,27)… El actual colista, el Newcastle, se gasta 54,13 millones, cifra que la llegada de los saudíes promete elevar a la estratosfera; de momento, está a la altura salarial de un típico clase media como el Southampton, 51,43. En España, el último clasificado de la LaLiga al cierre de esta edición, el Levante, está en 18,27, mientras que un Espanyol, por ejemplo, no pasa de los 28,61. La supremacía británica en este apartado explica la emigración de talento español, pese a que los aficionados británicos suelen preferir a jugadores locales. Un Leicester, por ejemplo, le puede pagar a Ayoze Pérez 2,75 millones de euros sin despeinarse. 

Pero lo peor puede estar por llegar. Asumida la superioridad británica, y excepciones puntuales en otros países (PSG en Francia, Bayern en Alemania…), la gran amenaza acecha en Italia. Otrora líderes indiscutibles de Europa –aquellos años 90 que algunos insisten en ver como la era dorada del fútbol, incluso por encima de los 80, que de todo tiene que haber–, los clásicos italianos han transitado una travesía del desierto que puede estar llegando a su fin. Hace poco más de tres años, incluso intentaron robarle el presidente a LaLiga a golpe de talonario. Javier Tebas finalmente se ha quedado en España a cambio de 3,5 millones al año, pero el movimiento resultó harto significativo. También los resultados deportivos. La Juventus y el Inter se han clasificado para la siguiente ronda de Champions, pero el hasta ahora decadente Milan ha estado a punto de hacerlo en el grupo de la muerte (Liverpool, Oporto, Atlético) y el Atalanta cayó tras una sorprendente última derrota en casa. El Nápoles y la Lazio se han clasificado para los play-offs de la Europa League y la Roma ha hecho otro tanto en la Conference League. 

A nadie le sorprende lo de la Juve. Aunque atraviesa una crisis local, sus 168,40 millones en salarios le permiten contar con una poderosa escuadra. Y se podría decir que están de barbecho: tras desprenderse de Cristiano, gastan casi 50 millones menos. También estábamos ya acostumbrados a la largueza de la aristocracia de Milán, el Inter (141,68 millones), pero lo de sus vecinos del Milan AC es harina de otro costal: tradicionalmente los pobres de la ciudad, quieren volver a los tiempos excepcionales de Berlusconi, flor de un par de décadas, y llevan años bordeando los 100 millones en salarios (esta temporada se han quedado en 84,01, que tampoco está mal). Por no hablar de los 95,04 millones que le toca dilapidar esta temporada a Mourinho en la Roma, los 98,60 del Nápoles, los 75,22 de la Lazio o los más modestos 41,80 del Atalanta. En la parte baja de la escala salarial de la Serie A están el Udinese (15,84), la Salernitana (15,56) y el Spezia (15,25). En la clase media se sitúan, por ejemplo, Fiorentina (48,26), Genoa (34,68) o Empoli (33,30).

Comparadas con las españolas, estas cifras, de salarios brutos, ya parecen bastante amenazadoras. Pero el verdadero terror llega cuando pulsamos la opción de salarios netos. La web de Capology explica que trata los datos con expertos en derecho fiscal para llegar a sus conclusiones (curiosamente, ha renunciado a dar los salarios netos de la MLS porque la legislación estadounidense sobre la fiscalidad de los deportistas, reconocen, es para ellos un arcano inextricable). En esta opción de «netos», los 89,43 millones brutos del Sevilla se convierten mágicamente en 42,94; en cambio, los 75,22 de la Lazio solo bajan a 44,64. Menor esfuerzo, mayor rendimiento. El tercer jugador mejor pagado del equipo romano es, precisamente, un ex canterano del Sevilla, Luis Alberto: 4,63 millones de euros brutos (2,5 netos).

La fiscalidad es un arma de contratación masiva. El Calcio no pudo fichar a Tebas, pero tuvo más éxito en los salones del ministerio de Hacienda. Lo explica Félix Plaza, socio del Departamento de Derecho Tributario de Garrigues, en una entrevista publicada en la Revista Jurídica de LaLiga: «En la mayoría de los países de nuestro entorno, la regla general es que las personas físicas residentes en cada jurisdicción tributen por su renta mundial [toda la que obtengan independientemente del lugar en que se genere] de acuerdo con unas escalas progresivas de gravamen cuyos marginales suelen ser altos».

Ahí no hay grandes diferencias. Por ejemplo, todos «los tipos marginales de los países cuyas ligas compiten con la liga española» se mueven en «un rango muy similar»: 45% para Reino Unido, 47-4% para Italia, 49% para Alemania, 45% para Francia y 43-48% para España. El truco está en «la existencia de determinados regímenes especiales».

Para más inri, en realidad esto ya lo habíamos inventado nosotros. ¿Recuerdan la Ley Beckham? Oficialmente bautizada como «régimen de impatriados» (menos sexy que el marido de una Spice Girl, reconozcamos), y con «la finalidad de fomentar el crecimiento de la economía», se configuró como «un incentivo fiscal aplicable a las personas que adquirían su residencia en territorio español (y no habían sido residentes en España en los diez años anteriores) como consecuencia de su desplazamiento a nuestro país con motivo de un contrato de trabajo». Las personas físicas residentes fiscales en España podían optar por «tributar de manera muy similar a los no residentes», o sea, «con un tipo fijo de gravamen del 25% y posteriormente del 24% o 24,75% –dependiendo del periodo– en vez de al tipo derivado de la escala de gravamen cuyo marginal estaba en torno al 48%».

David Beckham habla con los medios de comunicación. | Foto: Al Diaz (Europa Press)

Teniendo en cuenta que «en el ámbito del fútbol, en el que en no pocas ocasiones los salarios se suelen pactar netos de tributación», podemos poner este ejemplo a partir de una media de los gravámenes generales de los países de las grandes ligas (muy parecidos, como ya vimos): dos clubes le ofrecen 10 millones a un jugador; el representante se apresura a decir que sí, pero que eso se tiene que traducir en billetes directos a la cuenta corriente de su chico, ya pasados por Hacienda, que últimamente, además, marca con más saña que el Sergio Ramos de antaño; el club de un país con algo parecido a la ley Beckham tendría que gastarse 13,2 millones, mientras que el de otro limitado al régimen general se iría a 19,2.  Pues eso.

En su artículo, Plaza mete el dedo en la llaga recordando que «aunque España fue, en cierta manera, pionera en este tipo de incentivos, no era el único país que contaba con esta clase de regímenes». Sin embargo, «mientras otros países de nuestro entorno tales como Reino Unido, Francia o Italia, optaron por mantener o redoblar su apuesta en cuanto a este tipo de incentivos, en España se optó por restringir paulatinamente la aplicación del régimen especial hasta que, de forma definitiva a partir del año 2015, se excluyó expresamente a los deportistas profesionales como potenciales beneficiarios». Según él, la decisión estuvo «muy condicionada por la situación de grave crisis económica que el país atravesó recientemente». Mantiene que había «razones macroeconómicas que pudieran justificar la aplicación del régimen de impatriados a los deportistas profesionales por los beneficios económicos globales que directa o indirectamente pudiera reportar para la industria del fútbol español y, en general, para toda nuestra economía», pero reconoce que «era muy difícil justificar socialmente ante la opinión pública una diferencia de trato fiscal en favor de deportistas con una elevada remuneración. El mensaje de ‘no es justo que un jugador de fútbol profesional tribute al 24% y un asalariado a un tipo marginal superior’ es difícil de rebatir sin un análisis muy profundo de política fiscal y económica».

Ahora, sostiene Plaza, «quizás convendría volver a elevar la mirada y analizar los datos que objetivamente puedan justificar la aplicación de este régimen especial por la mayor tributación que en términos globales se pueda derivar de ello en España y por la mayor generación directa e indirecta de riqueza, en términos de ingresos y de empleo, tanto para los clubes como para LaLiga, por la explotación de sus activos (íntimamente ligada a las estrellas que juegan en nuestra competición), así como para toda la industria que indirectamente está vinculada al fútbol español». A él se le ocurren dos en particular, entre «otras muchas» posibles: «La restauración del régimen de impatriados en términos similares» a la antigua Ley Beckham o «con unos límites de tributación reducida más elevados», y una «modificación de la normativa de modo que los derechos de imagen se consideraran rendimientos del capital mobiliario de la base del ahorro y no de la base general, aun cuando también se aplicara a ello un límite», lo que «dotaría al sistema actual de una mayor seguridad jurídica» y «reduciría significativamente los litigios».

La pelota está en el tejado de los políticos. Los italianos, por cierto, han fichado en la última ventana de mercado electoral a un tal Mario Draghi como capitán de su Gobierno. Viene de jugar como presidente en el Banco Central Europeo y de director ejecutivo en el Banco Mundial. En España, para la misma demarcación contamos con alguien que anotó su doctorado en Economía en claro fuera de juego.

Envía el primer comentario

También te puede interesar

Publicidad

MyTO

Crea tu cuenta en The Objective

Recupera tu contraseña

Ingresa el correo electrónico con el que te registraste en The Objective

L M M J V S D