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Los costes ocultos de la Fórmula 1 o el día en el que a todos les hubiera encantado perder

FIA no solo pide dinero a los carreristas, sino también una serie de requisitos de orden técnico

Los costes ocultos de la Fórmula 1 o el día en el que a todos les hubiera encantado perder

Coche de Fórmula 1. | Wikimedia Commons

No por esperado, deja de ser una sorpresa desagradable, para pilotos y equipos. A Max Verstappen, tres veces campeón mundial de la Fórmula 1, tuvo que sentarle como un trago de nitroglicerina cuando le dijeron que la licencia de conducir bólidos para 2024 le costaría 1.217.900 euros. Es uno de los récords que ha batido el neerlandés este año, y sin duda alguna, el carnet de conducir más caro de la historia.

Es uno de los gastos ocultos de la élite mundial en esto de la velocidad, y ningún piloto que quiera subirse la temporada venidera en un F1 puede eludir su pago. La Federación Internacional de Automovilismo (FIA) pasa una factura a cada uno de los participantes en concepto de canon de inscripción. A menos que el corredor haya negociado con su escudería, el abono suele salir de su propio bolsillo. FIA aduce que con este dinero cubre sus gastos como árbitro de las contiendas. 

Con un coste base de 10.400 euros, para recibir la llamada Superlicencia se añaden 2.100 euros por punto logrado en la temporada previa, y de ahí sale la cifra final; a más puntos logrados, más alto es el recibo que se pasa por el banco. El tricampeón de Red Bull es el más damnificado a cuenta del oneroso canon, pero no el único. En orden descendente y de acuerdo a su posición en la tabla final, Checo Pérez —como segundo clasificado— se verá obligado a abonar 608.900 euros si desea correr el año venidero, y Lewis Hamilton 501.800. Los españoles Fernando Alonso y Carlos Sainz, con 206 y 200 puntos en su casillero, aligerarán sus bolsillos por valor de 443.000 y 430.400 euros respectivamente. Esta es la única razón por la que el piloto Logan Sargeant, que repetirá con el equipo Williams en 2024, se alegra por haber cerrado la tabla y recaudar un solitario punto. La factura a pagar será de solo 12.500 euros. La suma de las dos decenas de candidatos al título harán entrar en las arcas federativas 4.924.700 euros.

… y unos requerimientos mínimos

FIA no solo pide dinero a los carreristas, sino también una serie de requisitos de orden técnico. Para competir en su primera carrera de Fórmula 1, un piloto debe tener al menos 18 años el día de su estreno, poseer un carnet de conducir en vigor, y una licencia de competición Internacional de Grado A (Max Verstappen debutó en la F1 con 17 años y sin carnet de conducir; FIA cambió esta regulación en 2016). Añadido a esto, ha de aprobar el examen sobre el Código Deportivo de la F1 y sus regulaciones (‘El Teórico’), haber completado al menos el 80 % de dos temporadas en una competición de monoplazas, y haberse asegurado un mínimo de 40 puntos durante los tres años precedentes.

Estos puntos se obtienen de acuerdo con un escalado en los resultados deportivos logrados en las categorías previas, como son la Formula 3, Formula 2, Indycar, u otras que FIA supervisa. A toda esta cascada de condiciones, hay que sumar el haber rodado durante al menos 300 kilómetros durante dos jornadas en un coche de F1 representativo, ya sea en una sesión oficial de F1 o en una prueba aprobada por FIA («El Práctico»).

Regalo impositivo

Para añadir algo de salsa a los sábados, la Fórmula 1 puso en práctica una suerte de minicarreras a modo clasificatorio para la del domingo, pero que incluye su propio reparto de puntos. Fue ese caladero de galardones en la cita de Qatar el que concedió a Verstappen el título mundial; le sobraron seis pruebas, incluida la de ese mismo fin de semana. FIA reparte 36 puntos cada uno de los seis sábados en los que existe esta controvertida prueba, que gusta y disgusta a partes iguales, pero hay truco financiero. Con apenas los mismos gastos deportivos, FIA distribuye 216 puntos en esas citas, y obtiene de los bolsillos de los pilotos 453.600 euros en forma de paga extra. 

Aunque los números son de los que quitan el hipo, el descalabro en los bolsillos de los que se suben al podium tampoco será grave. La revista Forbes calcula que Verstappen se va a embolsar este año, patrocinios aparte, unos 65 millones de euros. Red Bull suele pagar una nómina ‘discreta’, y la mitad de los emolumentos suelen llegar en base a bonus, premios por puntos logrados; una fórmula habitual en muchas formaciones. Por eso se sospecha que la mayor parte de sus beneficios anuales llegan a Max gracias a los superlativos logros deportivos de este año. A Hamilton, con unos ingresos estimados por nómina de unos 51 millones, tampoco le va a quitar el sueño. Lo mismo podrán decir los españoles. La Biblia del dinero dice que solo de sus equipos, Alonso y Sainz recibirán unos 31 y 13 millones de euros. Con sueldos así, lo de la Superlicencia duele algo menos. 

El mundial del dinero

Pero claro, eso es a los que conducen, porque los equipos también pringan. Si los pilotos pagan por correr, a las escuderías les toca hacer algo similar y por el mismo concepto: derechos de inscripción, aunque las facturas son mucho más apabullantes. Las escuderías reciben mucho dinero procedente de la organización comercial de la F1, pero restan de manera proporcional un enorme pellizco a sus cuentas de un dinero que va destinado a los reguladores. 

Igual que los pilotos, los equipos tienen su propio mundial, el de constructores, al que se denomina de manera popular «el del dinero». Si los corredores solo se llevan diplomas y trofeos de parte del organizador, las escuderías se reparten un botín multimillonario procedente de la facturación total del negocio. Alineado con su posición en la tabla, los ganadores —Red Bull— van a ver entrar en sus arcas unos 129,31 millones de euros de una cantidad que se calcula de manera habitual en dólares, de ahí que las cifras en euros sean imprecisas, y ligeramente cambiantes debido al equilibrio cambiario. 

El siguiente, Mercedes recaudará unos 8,35 millones menos en una escala descendente; Ferrari, terceros, 8,35 millones menos que Mercedes; McLaren, cuartos, 8,35 millones menos que Ferrari y así de manera descendente hasta Haas F1, el farolillo rojo, que percibirá 55,31 millones. Estas cantidades no son sus presupuestos, sino lo que reciben del organizador. A ellas, cada uno tendrá que sumar lo que sean capaces de sacar a sus patrocinadores, anunciantes, socios y accionistas para cerrar el presupuesto.

Agujero presupuestario

De igual forma que los pilotos, y conforme a los puntos acumulados, los equipos han de pasar por la caja registradora de FIA y abonar los derechos de inscripción en el Mundial de Constructores. En función de sus resultados, Red Bull tendrá que visitar el cajero más cercano y extraer con su tarjeta unos 6,87 millones de euros si quiere correr en 2024. La cifra deriva de los 806 puntos sumados por Verstappen y Checo Pérez. Mercedes, segundos en la tabla, logró acumular 409 y Ferrari 406, de ahí la escasa diferencia entre sus facturas: 3,09 y 3,07 millones de euros. 

El equipo de Alonso reunió un total de 280 puntos y se verán obligados a abonar 2,3 millones. Cierra la tabla Haas F1, que con doce puntos en su casillero, verá aligerada su alcancía en «solo» 680.000 euros. Va a ser la primera y única ocasión en que celebren haber sido el farolillo rojo del mundial 2023; tienen 680.000 razones para alegrarse. Bueno, tenían, ahora esas razones se encuentran en las cuentas bancarias de FIA.

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