La falta de helio por Ormuz pone en jaque la IA y las resonancias magnéticas
Este gas es un subproducto del gas natural y debe transportarse con premura

Ilustración generada por la IA.
El helio se acaba. Aunque es el segundo elemento más abundante en el universo, en la Tierra es escaso y se agota. Esta realidad, aunque desconocida para la mayoría, afecta a la economía mundial directamente, ya que este gas es imprescindible para sectores como la medicina, la fabricación de semiconductores y la infraestructura de la inteligencia artificial por sus propiedades únicas de enfriamiento y estabilidad. Sin él, los equipos médicos que se usan en las resonancias magnéticas no podrían funcionar y la industria de los chips dejaría de producir. Y el cierre del estrecho de Ormuz, tan ligado al petróleo, también ha agravado esta crisis.
Las máquinas de resonancias de los hospitales dependen del helio líquido para mantener temperaturas extremadamente bajas, ya que este gas puede enfriarse hasta unos -269 ºC, lo que lo deja cerca del cero absoluto, que se sitúa en -273,15 °C; temperatura a la que ciertos materiales se vuelven superconductores, lo que permite que la corriente eléctrica fluya sin resistencia. Estas son condiciones necesarias para generar el campo magnético requerido de forma estable y sin perder energía, lo que permite que los protones del cuerpo humano se alineen para que la máquina detecte cómo responden a ondas de radio. Otros refrigerantes no alcanzan esas temperaturas o no son tan estables, y por eso no valen para hacer funcionar la máquina en cuestión.
En la industria tecnológica se usa por otros motivos en el campo de la inteligencia artificial y la producción de chips. En la industria de los semiconductores, empresas como TSMC o Intel emplean helio porque es un gas inerte, es decir, no reacciona químicamente con otros materiales, ya que una mínima contaminación puede provocar fallos. Además, el helio se usa para detectar fugas en equipos de alta precisión, ya que sus átomos son muy pequeños y escapan fácilmente. También es fundamental en la litografía avanzada que permite fabricar chips de última generación utilizados en sistemas de IA. En estos equipos, el helio ayuda a mantener condiciones térmicas y de limpieza extremadamente estrictas. Además, en algunos sistemas de computación avanzada, el helio se utiliza para refrigeración.
Ormuz y el precio del helio
Ormuz es un cuello de botella geopolítico. Es el pequeño punto que conecta el golfo con el resto del mundo por barco. Por eso no tiene sustituto. El cálculo es que por allí pasa el 20% del comercio mundial de GNL y unos 20 millones de barriles diarios de petróleo y derivados. Esta crisis ha provocado una interrupción que puede alterar semanas de entregas y rehacer primas de riesgo en energía y materias críticas, como destacan todos los especialistas.
En los gases industriales, como es el caso del helio, el daño es aún más delicado porque no basta con navegar, sino que deben conservarse. Es por esto que el helio suele viajar licuado en contenedores criogénicos superaislados y, aun así, una parte se evapora inevitablemente. Según la agencia de noticias Reuters, hay un margen de 45 días para llegar al cliente final; por eso, los barcos que no han salido y se han retrasado desde que se inició la guerra tienen a sus lomos un gas que, poco a poco, se está perdiendo en la atmósfera.
Según los datos de la US Geological Survey, 2024 tuvo una producción mundial de helio de 180 millones de metros cúbicos y de 190 millones en 2025. Catar aportó 64 millones en 2024 y 63 en 2025, alrededor de un tercio del total. Estados Unidos siguió siendo el mayor productor y exportó 42 millones de metros cúbicos en 2024 y 38 millones estimados en 2025. Argelia, Canadá y Rusia completan el núcleo de oferta, pero la alternativa llegaba ya tensionada: la Unión Europea y Estados Unidos mantenían sanciones al helio ruso, y Moscú añadió en abril controles temporales a la exportación hasta 2027.
La factura se traslada enseguida a sanidad, investigación, semiconductores, criogenia y aeroespacio. El USGS reparte el uso estadounidense de 2025 entre laboratorios y gases especiales, semiconductores y fibra óptica, resonancia magnética, aeronáutica, soldadura, buceo y detección de fugas. Si se toma como referencia un consumo aparente de 51 millones de metros cúbicos y una subida del 25% al 50% sobre el precio base de 2025, el sobrecoste anual directo del gas rondaría entre los 153 y 306 millones de dólares (entre 130 y 260 millones de euros al cambio). Solo para laboratorios y gases especiales, el extra sería de 33,7 a 67,3 millones (28,7 y 57,2 en euros); para semiconductores y fibra óptica, de 26 a 52 millones (22,1 y 44,18); y para resonancia magnética, de 23 a 45,9 millones (19,5 y 39), sin contar primas de transporte, penalizaciones ni paradas. Reuters calculó además que el mercado estaba perdiendo 5,2 millones de metros cúbicos al mes si la disrupción catarí persistía.
Incluso con la reapertura del estrecho durante la tregua, la situación sigue tensionada. Air Liquide ya ha advertido de escasez a corto plazo y está reasignando volúmenes desde otras regiones, mientras Corea del Sur afirma tener inventarios hasta junio. Todo apuntaría a una probabilidad de entre un 60% o 70% de tensión en los próximos tres meses, y a entre un 40% o 50% de normalización parcial a 6-12 meses si Ormuz permanece abierto. Mitigar exige diversificar orígenes, ampliar cavernas y stocks privados, recuperar helio en circuito cerrado y sustituir con argón, nitrógeno o hidrógeno donde sea viable. En criogenia profunda, sin embargo, no hay sustituto.
