The Objective
El podcast de El Liberal

Álvaro del Castaño: «España va bien a pesar de Sánchez. No hay cuentas ni gestión, solo relato»

«El valor agregado de la economía crece por la inmigración. En renta per cápita, la brecha con la eurozona se agranda»

Álvaro del Castaño (Madrid, 1968) es licenciado en Ciencias Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid y tiene, digámoslo así, dos facetas profesionales. La primera es la de financiero. En 1993, se incorporó al banco de inversión Goldman Sachs, del que ha sido codirector para España y Portugal hasta octubre pasado.

La otra faceta de Álvaro es la de escritor. Ha publicado tres libros de ficción (Cipreses bajo la luna, Muerte en Manila, Monkey Business) y un cuarto de prosa poética (Atalaya) y, en la reseña biográfica que acompaña sus artículos de THE OBJECTIVE, donde también colabora, hace una interesante aclaración. «Soy novelista —escribe—, pero mis novelas no nacen de una vocación literaria, sino de una necesidad vital. Intento observar la realidad con distanciamiento, con la convicción de que escribir es la mejor forma de pensar cuando el pensamiento ya no basta».

Este siempre me ha parecido a mí que es el propósito de la ficción. Recuerdo una entrevista en la que Manuel Puig, el autor de El beso de la mujer araña, justificaba su pasión por el cine. Decía: «En aquel pueblo de la pampa donde vivía la realidad era incomprensible y, sin embargo, las películas eran algo que se entendía muy bien. Yo en el cine entendía el mundo, en el pueblo, no. En el cine, en la sala, era donde yo me había sentido cómodo en mi vida. Todo en el cine era una realidad muy clara».

La ficción, lo mismo da que sea una película que una novela, nos muestra la realidad ordenada, le pone un arriba y un abajo, un antes y un después. Sin la ficción, las personas probablemente nos sentiríamos mucho más desamparadas ante el caos que nos circunda. Ahora bien, a veces no basta con mostrar la realidad. A veces hay que ir un paso más allá y analizarla, argumentar, incluso tomar partido, y por eso Álvaro ha optado por el ensayo para abordar su más reciente inquietud.

El libro se titula ¿El mejor de los tiempos? y el planteamiento no puede ser más desasosegante. «Nunca antes —escribe— la humanidad se había asomado a un abismo tan vasto», en cuyo fondo bullente se agitan como dragones la crisis de la globalización, el auge del populismo antiliberal y la inteligencia artificial (IA). No confundan a Del Castaño, sin embargo, con un tecnófobo más. El problema, para él, no es la IA. El problema es el vacío de sentido, y por ahí comienza esta conversación, que puede contemplarse íntegra en la web de THE OBJECTIVE y de la que sigue una versión extractada y editada.

«El dinero es un gran sirviente y un pésimo propósito vital»

PREGUNTA.- Has tenido una exitosa carrera como banquero de inversión. ¿El dinero no lo es todo?

RESPUESTA.- El dinero es un gran sirviente y un pésimo propósito vital. Se han hecho multitud de estudios y la mayoría muestra que su relación con la felicidad está sujeta a rendimientos decrecientes: cuando alcanzas el nivel de lo que es la clase media, que en Estados Unidos ronda los 70.000 dólares y en España bastante menos, cualquier aumento adicional de ingresos aporta cada vez menos satisfacción.

Luego hay otra cosa muy interesante y es que cuando un país aumenta su PIB, la felicidad colectiva no mejora. ¿Por qué? Porque lo relevante es la posición relativa. El salario es un indicador de estatus y, si todos mejoramos a la vez, nadie experimenta la satisfacción de adelantar a otros [ni la humillación de ser adelantado por otros].

Finalmente, los humanos estamos diseñados para adaptarnos a un entorno cambiante. Eso nos ayuda a encajar los malos tragos, pero también nos habitúa a los buenos. Yo siempre digo que la generación de nuestros padres tuvo una existencia más humilde y no por ello más desgraciada. Eran familias de ocho hijos, iban todos metidos en un Simca 1.000, muertos de calor, y estaban encantados.

«La generación de nuestros padres tuvo una existencia más humilde y no por ello más desgraciada. Eran familias de ocho hijos e iban todos encantados en su Simca 1.000»

P.- A comienzos de este siglo, la economía mundial iba bien. El Nobel Robert Lucas decía que el problema de la recesión estaba resuelto a efectos prácticos. ¿Cómo pudo irse todo al garete tan deprisa?

R.- Nos creíamos invulnerables y hemos encadenado tres graves crisis en muy poco tiempo. La primera fue el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001. Yo estaba en Manhattan, trabajando para Goldman Sachs en un edificio vecino a las Torres Gemelas, y vi cómo los dos aviones impactaban. Mientras nos evacuaban, nos caía encima el polvo… Para los estadounidenses fue como un segundo Pearl Harbor. Sabían que en el mundo había guerras, pero eran siempre en otro sitio y de pronto se dieron cuenta de que podían alcanzarlos en su propio territorio.

A continuación vino el colapso de 2008. Los bancos centrales tenían la inflación dominada y existía la convicción de que también lo estaba el ciclo económico [como decía Lucas]. Olvidamos el factor humano y sus excesos: la deuda galopante, la burbuja inmobiliaria y la combinación de soberbia y codicia que, bajo la forma de una ingeniería financiera [que se suponía que diseminaba y minimizaba el riesgo], acabó precipitando la caída de los mercados. 

La pandemia de 2020, finalmente, nos ha terminado de certificar lo poquita cosa que somos. En la antigua Roma, tras una campaña exitosa, los generales celebraban un desfile apoteósico, encaramados a un carro y con un esclavo a la espalda que les susurraba al oído: «Recuerda que eres mortal». Eso es lo que habíamos olvidado.

«Nos creíamos invulnerables y hemos encadenado tres graves crisis en muy poco tiempo: el 11-S, la quiebra de Lehman Brothers y la pandemia»

P.- La crisis financiera levantó una ola de indignación universal, pero el balance de la globalización ha sido positivo.

R.- Extraordinariamente positivo. Bajo el liderazgo de Estados Unidos, ha supuesto el triunfo absoluto del capitalismo y ha sacado a miles de millones de personas de la pobreza extrema, sobre todo en Asia. También ha venido acompañado por un auge de la democracia liberal, pero en el mundo desarrollado ha creado enormes desigualdades y, sobre todo, un sentimiento de desarraigo entre las víctimas de la deslocalización, como los habitantes del Rust Belt [el Cinturón del Óxido, la región industrial del nordeste y medio oeste estadounidense]. Ese ha sido el viento de cola que ha llevado a Donald Trump a la Casa Blanca y que alimenta el populismo en todas partes.

«El balance de la globalización es extraordinariamente positivo: ha sacado a miles de millones de personas de la pobreza extrema»

P.- Veo a la gente muy negativa. Una protagonista de The White Lotus, una serie de televisión, dice que no va a tener hijos porque no quiere que sufran. Y no es una perdedora de la globalización, precisamente. Está de vacaciones en un lujoso hotel de Sicilia.

R.- Yo atribuyo ese fenómeno al desconcierto existencial, a la pérdida de valores. La cultura occidental, cuyos cimientos son la tradición judeocristiana y el derecho romano, se ha ido debilitando. Pocos se preguntan ya: «¿De dónde vengo, a dónde voy, quién soy?», y esa pérdida de espiritualidad deja un vacío. Parafraseando a [Gilbert K.] Chesterton, cuando dejas de creer en Dios, crees en cualquier cosa. Es lo que estamos viendo: una constelación de religiones laicas entre las que muchos deambulan perdidos.

«…pero en el mundo desarrollado ha creado enormes desigualdades y, sobre todo, un sentimiento de desarraigo entre las víctimas de la deslocalización»

El economista de Harvard Arthur Brooks sostiene que la felicidad se apoya en cuatro pilares: familia, amigos verdaderos, un trabajo con propósito y fe. Advierte de que, desde los años 80, se han visto desplazados por dinero, poder, placer y fama. Y añade un dato inquietante: cada vez hay más suicidios entre las mujeres de 15 a 30 años.

P.- ¿Y a qué atribuye Brooks ese aumento?

R.- Cuando a alguien se le mueve el suelo que pisa, se asoma al abismo. Esa sensación de vacío, de no saber qué sentido tiene tu existencia es la semilla de muchos desarreglos mentales. Las personas necesitamos un propósito. 

P.- ¿Nos vacía la sociedad moderna de sentido?

R.- Estamos intoxicados por ideas que torpedean las estructuras que han sostenido la civilización occidental. Pienso, por ejemplo, en el filósofo Micahel Sandel y su crítica de la meritocracia. He seguido su curso en línea y lo encuentro interesantísimo, pero si desincentivas el esfuerzo y el afán de superación, ¿qué te queda? Mira lo que sucedió en la Unión Soviética: atraso, nepotismo, hastío…

«La felicidad se apoya en cuatro pilares: familia, amigos verdaderos, un trabajo con propósito y fe. Desde los años 80, se han visto desplazados por dinero, poder, placer y fama»

P.- ¿En qué momento comprendiste que el problema actual de la humanidad es el agotamiento espiritual?

R.- Mi vida ha sido la de un privilegiado. Nací en un hogar estructurado y feliz, pude estudiar y no tuve problemas para encontrar trabajo. Todo iba hacia arriba, pero no por ello dejé de reparar en la fragilidad de la persona, en su vulnerabilidad y su mortalidad, ni de plantearme las grandes cuestiones: quién soy, dónde voy, por qué estoy aquí… Finalmente, he experimentado auténticas wake up calls [llamadas de atención]. Perdí un hijo, el cuarto, recién nacido. Fue entonces cuando empecé a escribir en serio, para buscar respuestas. Por eso digo que escribo para saber lo que pienso y, una vez que te metes ahí, compruebas que se puede llegar a lo espiritual no solo mediante la fe, sino a través de la razón y el esfuerzo intelectual.

Álvaro del Castaño. Víctor Ubiña

P.- ¿Y qué te parece la inteligencia artificial (IA)? ¿Eres de los pesimistas, de los que piensan que vamos a acabar como en Terminator, o de los que creen que los robots trabajarán para nosotros y viviremos en un crucero permanente, como en Wall-E?

R.- Nadie sabe qué va a pasar. Podemos entretenernos especulando, pero son tantas las variables que ignoramos… Lo que la historia enseña es que, en el largo plazo, los grandes avances tecnológicos crean más empleos de los que destruyen, pero, en el corto, se produce un desajuste que da lugar a fuertes tensiones. ¿Qué hace especial el momento actual? La velocidad del cambio. A diferencia del vapor o la electricidad, la IA no va a implantarse a lo largo de décadas, sino de años. La transición podría ser muy dura, y no solo desde el punto de vista económico, porque se suma al desprestigio de la democracia. Algunos regímenes ya están aprovechando la IA para consolidar su represión [como denuncia la ONG Freedom House]. Y luego están los transhumanistas, cuya idea de alumbrar un híbrido mitad máquina, mitad humano, como los replicantes de Blade Runner, puede acabar en una pesadilla en la que una minoría cibernéticamente mejorada pastorea a la mayoría.

«Perdí un hijo, el cuarto, recién nacido. Fue entonces cuando empecé a escribir en serio, para buscar respuestas»

P.- ¿Qué podemos hacer para defendernos?

R.- En el prólogo de mi libro, [el físico] Nicolás Franco explica que en un mundo «donde la tecnología amenaza con colonizar cada rincón de nuestra existencia, la espiritualidad no es un lujo», porque sin esa dimensión «que nos recuerda que somos más que cuerpos y mentes, que somos portadores de significado, corremos el riesgo de convertirnos en la propia máquina que hemos creado». Seríamos, quizás, más perfectos e incluso inmortales, pero ya no seríamos humanos.

P.- Vivir eternamente ha sido la ilusión de nuestra especie desde tiempos inmemoriales.

R.- La certeza de la muerte nos humaniza. Es lo que da valor a la vida y nos insta a aprovecharla y progresar, a tirar hacia adelante, a vencer las adversidades. El resto de los animales se levantan, comen y funcionan por instinto. Nosotros tenemos algo superior: sentido, buen juicio, imaginación, creatividad.

P.- Me imagino que conoces El inmortal, el cuento de Jorge Luis Borges cuyo protagonista bebe del río que purifica de la muerte y, después de haber sido de todo [poeta, tribuno, guerrero medieval, anticuario], acaba metido en un agujero del desierto, andrajoso y apático, sin ninguna ilusión.

R.- Estoy totalmente de acuerdo. Lo que hace de la vida algo único es su brevedad.

P.- Pues nos ha tocado una sociedad que vive de espaldas a la muerte.

R.- Sí, se mueve por el placer inmediato, pero yo soy optimista. No he querido dibujar un escenario apocalíptico e insisto en que lo que necesitamos es, simplemente, pararnos y plantearnos por dónde tenemos que ir y qué debemos evitar.

«En el largo plazo, los grandes avances tecnológicos crean más empleos de los que destruyen, pero, en el corto, se produce un desajuste que da lugar a fuertes tensiones»

P.- La siguiente pregunta la he sacado de ChatGPT, porque mi vida consiste, desde que me levanto hasta que me acuesto, en preguntarle cosas, y la verdad es que es alucinante. Siempre le pido que me prepare un cuestionario para este pódcast y, aunque generalmente no lo uso, sí selecciono alguna pregunta. Esta es la que la IA me ha sugerido que te haga: en ¿El mejor de los tiempos? propones una «brújula interior» basada en la espiritualidad y el amor. ¿Cómo se traduce eso para un banquero, un regulador o un político?

R.- Es una muy buena pregunta, hay que felicitar a ChatGPT, que es un gran consejero… La brújula interior consiste en algo tan sencillo como los valores que cada uno llevamos dentro y por los que debemos dejarnos guiar. En terminología católica es lo que se conoce como conciencia. 

«Algunos regímenes ya están aprovechando la IA para consolidar su represión. Y la idea transhumanista de alumbrar replicantes, como en ‘Blade Runner’, puede acabar en pesadilla»

P.- O el «espectador imparcial» del que habla Adam Smith [en La teoría de los sentimientos morales y que juzga constantemente nuestras acciones].

R.- Exactamente. Una formulación más actual es la que teníamos en Goldman Sachs. «¿Qué pasaría —nos decíamos— si ese correo que estás escribiendo o ese comentario que vas a hacer apareciera en el Financial Times?».

Álvaro del Castaño. Víctor Ubiña

P.- La prensa es la conciencia de nuestro tiempo.

R.- Y si actúas de conformidad con este sencillo principio, quizás te equivoques, pero no tendrás que arrepentirte y dormirás tranquilo.

P.- El famoso sueño de los justos, aunque Miguel Delibes decía que los que duermen a pierna suelta no son precisamente los justos, sino los que carecen de escrúpulos.

R.- Jajajajá.

«En Goldman Sachs nos decíamos: ¿Qué pasaría si apareciera en el ‘Financial Times’ ese correo que estás escribiendo o ese comentario que vas a hacer?»

P.- Hay ahora en España un debate sobre las redes sociales. Te leo una frase de un editorial de la revista estadounidense Editor & Publisher, la biblia de la industria periodística. «La nación se enfrenta a la amenaza de una información incompleta y mal asimilada que distribuye un medio que todavía tiene que demostrar su capacidad para desempeñar semejante tarea». ¿A qué medio crees que se refiere?

R.- Yo diría que a uno de esos pseudomedios de los que se habla tanto…

P.- Pues la frase la he sacado de un editorial de 1938 y el medio al que se refiere no es X, ni Instagram, ni TikTok, sino la radio. En aquella época le estaba quitando todo el negocio publicitario a la prensa escrita y esta aprovechó el pánico desatado por la dramatización de Orson Welles de La guerra de los mundos para echarle encima a las autoridades y que le cortaran las alas. Por fortuna, no lo hicieron. ¿No te parece que algo parecido sucede ahora con las redes sociales? 

R.- Las redes sociales han desintermediado la información. Sus contenidos llegan directamente al público, sin que ningún profesional los verifique. Eso crea un caldo de cultivo ideal para el populismo y las fake news y nos obliga a extremar las cautelas.Yo, cuando hoy recibo algo que me llama la atención, lo primero que hago es contrastarlo.

Pero, como tú apuntas, no estamos ante un fenómeno desconocido. A todos los inventos se les puede dar un uso bueno o un uso malo. La radio la aprovecharon inicialmente [Adolf] Hitler y [Benito] Mussolini, pero luego demócratas como [Franklin Delano] Roosevelt recurrieron a ella para defender la libertad y en España fue clave para desactivar el intento de golpe de estado del 23‑F [de 1981].

La misma evolución espero que sigan las redes sociales, aunque de momento hay que mantenerse alerta. A mis hijos les insisto en que si solo leen lo que el algoritmo les sirve, acabarán encerrados en una cámara de eco. Para enterarse de lo que pasa, hay que leer editoriales de derechas, de izquierdas y de centro.

«Las redes sociales han desintermediado la información. Sus contenidos llegan directamente al público, sin que ningún profesional los verifique»

P.- Pedro Sánchez dice que las redes sociales son el Salvaje Oeste y ha anunciado un paquete de medidas para meterlas en cintura.

R.- No creo que ningún Gobierno deba determinar qué es verdad y qué es mentira. De eso se encarga la pluralidad informativa, donde los distintos medios defienden su criterio particular. Lo fundamental es que haya libertad de elección. El Estado debe suministrar aquellos bienes y servicios que el mercado no produce en las cantidades deseables, como la defensa, la justicia o las infraestructuras. Pero la verdad no es uno de ellos.

«Ningún Gobierno puede determinar qué es verdad y qué es mentira. De eso se encarga la pluralidad informativa»

P.- No eres tú un gran fan de nuestro presidente, pero España va bien.

R.- El titular completo sería: «España va bien… a pesar del Gobierno». Crecemos más que el resto de las grandes economías de la eurozona porque, para empezar, fuimos también los que más caímos: aproximadamente el 11%. Ahora estamos rebotando desde esa situación tan destructiva.

En segundo lugar, nos estamos beneficiando de unas ayudas brutales de la Unión Europea, en forma de transferencias y créditos, y de una recaudación récord por parte del Gobierno.

Finalmente, lo que aumenta es el valor agregado de nuestra economía, y lo hace gracias al turismo y, sobre todo, la avalancha de inmigrantes (que bienvenidos sean, por cierto): en 2024 España sumó 600.000 personas más y, en 2025, otras 500.000. Toda esa gente consume y gasta, y eso impulsa el PIB. Ahora bien, cuando divides ese PIB entre todos los habitantes y obtienes la renta per cápita, lo que observas es que la brecha con la eurozona se agranda.

En resumidas cuentas, esa triple inercia explica por qué España va bien, a pesar de que no tenemos presupuestos ni apenas gestión. Lo único que hay es comunicación y relato.

«Del Ejecutivo actual no sé si puede decirse que lo hayamos elegido. Lo que ha hecho, más bien, es aglomerar apoyos y comprar lealtades con cargo al contribuyente»

P.- ¿Cuánto puede durar una empresa sin presupuestos?

R.- Eso no existe. Si en una compañía privada pasara lo que pasa ahora mismo en España, es decir, que no hay presupuestos, que la deuda crece [en términos reales] año tras año y que apenas hay gestión [porque tus iniciativas de ley están bloqueadas en el Congreso], al consejero delegado se le cesaría fulminantemente. En una empresa pública, en cambio, ocurre pocas veces. Y en el Gobierno de Sánchez ya estamos viendo que nunca. 

P.- En uno de tus artículos para THE OBJECTIVE [Sergio, Carlos, Diego y Álvaro] estableces un contraste entre deporte y política: si a la selección nacional le exigimos que vayan los mejores, ¿por qué dejamos que nuestros gobernantes sean oportunistas mediocres?

R.- La teoría es que nosotros los votamos y, por tanto, la responsabilidad es nuestra, pero del Ejecutivo actual no sé si puede decirse que lo hayamos elegido. Lo que ha hecho, más bien, es aglomerar apoyos y, sobre todo, comprar lealtades con cargo al contribuyente a través de dos canales. El primero es el control de los medios: RTVE y determinados grupos mediáticos son una fuerza arrolladora que Sánchez manipula a su antojo.

El segundo canal son las subvenciones. No creo que haya muchos Gobiernos europeos que celebren como un gran logro tener a 2,5 millones de personas percibiendo el ingreso mínimo vital. Algo parecido ocurre con las pensiones, a las que se aplican subidas muy generosas para comprar lealtades. Eso es peronismo y es uno de los grandes peligros en los que estamos instalados.

«No creo que haya muchos Gobiernos europeos que celebren como un gran logro tener a 2,5 millones de personas percibiendo el ingreso mínimo vital. Eso es peronismo»

P.- A pesar de la expansión, el Gobierno cerró 2025 con un déficit del 2,2%. ¿Qué pasará cuando la economía se desacelere?

R.- Las grandes reformas hay que hacerlas cuando las cosas van muy bien, cuando sobra el dinero, no cuando uno se ve obligado por las circunstancias, como le pasó a [Mariano] Rajoy [en 2011], que tuvo que aplicar recortes brutales en el peor momento. Cuando el ciclo se da la vuelta, es más difícil reducir la deuda, porque eso agrava la recesión. 

En cualquier caso, el margen de maniobra en caso de crisis no es muy amplio, y esto no es solo un problema español, afecta a casi toda Europa.

«No sabemos si Trump será un exabrupto populista o pasará a la historia como alguien trasformador. El mundo es de los osados, y él lo es»

P.- ¿Qué te parece Donald Trump?

R.- Cuando en 1972 Richard Nixon visitó China, le preguntó a Zhou Enlai qué opinaba de la Revolución Francesa y el jefe de Gobierno de la República Popular le contestó: «It’s too soon to tell» (es demasiado pronto para saberlo). Con Trump sucede algo parecido: tiene que pasar un tiempo antes de que podamos valorar su presidencia.

Lo que sí te puedo asegurar es que el responsable de su llegada al poder es el Partido Demócrata y sus políticas radicales, que promueven derechos muchas veces disparatados y que han dado la espalda a las clases medias y trabajadoras. Estas vieron cómo la izquierda se volcaba en determinadas minorías y votaron a Trump.

Lo que no sabemos todavía es si Trump será un exabrupto populista o pasará a la historia como alguien que transformó el panorama político del siglo XXI. Si de verdad contribuye a recuperar a Venezuela para la democracia, eso podría arrastrar a Cuba y quizás a Irán.

Mi abuelo decía que el mundo es de los osados, y Trump lo es, incluso hasta lo disparatado. Cuando uno apuesta fuerte y gana, pasa a la posteridad. No estoy diciendo con esto que apoye sus políticas, ni sus modales, que son muy criticables. Pero ha lanzado un órdago de tal calibre que, si le sale bien, será extraordinario.

P.- Un liberal como tú no puede estar de acuerdo con los aranceles. 

R.- En absoluto. Son medidas perversas que acaban perjudicando a tus empresas y a tu electorado. Puro populismo.

P.- ¿Y crees que China aprovechará para dar el sorpaso a Estados Unidos? 

R.- China ha sido uno de los grandes éxitos del siglo XX. Tiene escala, planes ordenados que se cumplen (si hay que hacer una autopista recta, se hace una autopista recta) y un mercado que funciona razonablemente. Pero podría haber tocado techo. Tiene una deuda enorme [que supera el 300% del PIB cuando se suman administraciones públicas, hogares y empresas] y, sobre todo, un reto demográfico descomunal. Sigue instalada en la mentalidad del hijo único y, si no rectifica, para 2100 su población podría contraerse a la mitad.

Mientras tanto, Estados Unidos, y a pesar de Trump, conserva enormes ventajas: grandes universidades, mercados de capitales amplios y profundos, una fuerza de trabajo más joven y, sobre todo, un enfoque centrado en el mérito y el respeto del individuo, frente al énfasis chino en la disciplina y la colectividad.

Al final, volvemos a lo mismo: el afán de superación, la capacidad de lucha, el espíritu emprendedor. Eso es lo decisivo y florece más en un régimen liberal que en uno autoritario.

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