ContexTO | Educación e IA: cómo cambia la forma de aprender sin sustituir al ser humano
THE OBJECTIVE aborda el debate de la integración de la inteligencia artificial en el aprendizaje y las empresas
La inteligencia artificial (IA) ha llegado para quedarse. Vivir al margen de ella, tanto en las labores corporativas como personales, conlleva una pérdida de competitividad directa. Una línea vertical que comienza en la propia corporación y desciende hasta el último de los empleados. Es una oportunidad que no se puede dejar pasar. La tecnología es hoy el eje vertebrador de todo.
Este nuevo avance abre muchos frentes, como la seguridad, el desconocimiento sobre lo que implica y la sustitución del ser humano en lo que es en esencia: creatividad. Sin embargo, las conclusiones de la mesa Educación e IA: cómo cambia la forma de aprender sin sustituir al ser humano, moderada por el periodista de THE OBJECTIVE Marcos Sierra, especializado en inteligencia artificial, son esclarecedoras. Lejos de ser un enemigo, la IA es un aliado, siempre que se sepa utilizar de manera adecuada.
En la mesa participaron Emiliano Blasco, vicerrector de Planificación Estratégica y Cultura Digital de la Universidad CEU San Pablo; Paloma Suárez, directora Creativa y de Marca de Paloma Suárez; y Javier López, fundador de Outbounders y cofundador de varias empresas de IA.
El melón se abrió con una pregunta directa: «¿Cómo está cambiando la inteligencia artificial la forma en que aprendemos?». Blasco fue el primero en dar su punto de vista, enfocado en la disrupción del cambio y la necesidad de, lejos de reducir el profesorado —el riesgo en la pérdida de empleos es una realidad—, la necesidad de que este esté formado.
«Están cambiando las dinámicas dentro del aprendizaje entre el alumnado, entre lo que es un estudiante, cómo utiliza estas herramientas para su mejora y su adquisición de conocimientos y competencias. Por otro lado, está la necesidad de adquirir otras competencias nuevas y también la renovación del profesorado, que es fundamental. Lo que vamos a ver es un cambio y mejora en las capacidades o en los resultados de ciertas disciplinas y un viraje en cómo se abordan», afirmó.
Paloma Suárez dio su punto de vista a renglón seguido, para dar cuenta de lo que ha supuesto la integración de la inteligencia artificial en el sector de la moda, donde el trabajo manual y el factor artesanal juegan un papel fundamental tanto en los propios creadores como en los consumidores.
Suárez no duda en poner en valor lo que la IA ha supuesto para el desarrollo actual de su proyecto empresarial, algo que aprendió durante su formación en estos sistemas. «Cada día impartía clase un profesor de un área diferente de empresa y de negocio que nos daba un speech muy intensivo sobre un área. Para optimizar los tiempos y que nos diera tiempo a aprender todo y hacer ejercicios prácticos, todo se hizo literalmente con inteligencia artificial. Fue como un antes y un después en el sistema de estudio que yo conocía, sobre todo para aprovechar el tiempo».
El emprendedor Javier López puso el punto de equilibrio y bajó las expectativas a la tierra. «Lo que hay es mucho ruido. Se habla mucho de la IA y de que todo el mundo está aplicándola, pero mi experiencia dice que no es así». El fundador de Outbounders hizo hincapié en algo de lo que se habla mucho, pero se tiene poco en cuenta. ¿Hacemos correctamente las preguntas —prompts— a la IA para obtener respuestas claras y precisas? Por extraño que pueda parecer, las bases para realizar una buena formulación se encuentran en humanos muy relevantes en la historia de la humanidad.
«La clave es ser capaz de hacer buenas preguntas. Eso ya está inventado desde la época de Aristóteles. Yo partiría de lo que son los clásicos, de quienes han recibido premios Nobel y están relacionados con las áreas de sesgo». López tampoco pasa por alto cómo está desarrollada cada plataforma de IA, y cómo las preguntas no deben ser las mismas en cada caso si se desea tener concreción en las respuestas. «Cada desarrollador lleva su plataforma a un terreno muy específico, por lo que hay que pensar bien cómo estructurar las preguntas. Y es que de base, si no sabemos qué preguntar, lo tenemos muy complicado».

Una mesa centrada en la IA en la que, sin embargo, el humano estuvo en el centro de todo. Volviendo al sector de la moda, surgió una pregunta muy pertinente: ¿Cómo cuadra la búsqueda del cliente de una prenda única y artesanal con la integración de flujos de IA en su elaboración? La respuesta la dio Paloma Suárez: «No utilizándola en los procesos creativos, pero sí en todo lo que supone esfuerzos que limitan la dedicación a esta área. Labores burocráticas, complejos ficheros de Excel e incluso el uso de Photoshop se han derivado a estos sistemas en mi empresa». A Paloma se lo enseñaron los becarios de su empresa.
«No, Paloma, eso en Photoshop no lo hagas, mételo en la inteligencia artificial», le dijeron al verla trabajar. Se dio cuenta de que el uso automatizado no afectaba al proceso creativo en las tareas rutinarias y repetitivas antes de iniciar los diseños. «La IA está muy por detrás del ser humano en el campo de la creatividad. A mí me ayuda en tareas más administrativas como contestar un email, redactar un dosier o pensar en un título, pero en ningún caso en lo que es la creatividad. No está en la creación de la prenda en ningún momento, literalmente cero».
¿Llegará la IA a sustituir al profesor?
Otro de los sectores sobre el que se cierne la sombra de la IA está en los profesores. ¿Llegará el día en el que los alumnos asistan a una clase en la que el docente sea una pantalla controlada por la inteligencia artificial?

Blasco es concluyente. «El reto es saber cómo aplicar la IA en ciertas áreas. En el CEU impulsamos su uso, pero de forma responsable, citando fuentes y estimulando el pensamiento crítico». En este último aspecto, Marcos Sierra repreguntó a Blasco acerca de cómo conseguir ese pensamiento crítico en el alumnado si las diferentes plataformas, como se ha demostrado, ofrecen sesgos en sus respuestas. De nuevo, el ser humano se hizo grande.
«Para eso está el profesor, que debe tutorizar y mentorizar al alumno, saber a qué fuentes acude para el desarrollo de actividades y acompañarle en el proceso comparativo de herramientas y resultados obtenidos con cada una de ellas. El profesorado tiene que hacer esa labor de tutela con el alumno para desarrollar las capacidades o competencias nuevas que se requieren para el futuro». Además, aseguró que el uso de la IA ha llegado para quedarse, que no se le pueden poner puertas al campo. «Decirle a un alumno que no use la IA es una tontería, porque es una tecnología que está en sus móviles y tablets, en su universo. La van a usar».
En cuanto a la dimensión de la inteligencia artificial y su lugar en la historia de la humanidad respecto a otras revoluciones como la de internet o la industrial, Javier López nos emplaza a hacernos esa pregunta dentro de siete u ocho años. «En ese tiempo, la IA va a ser la bomba. Yo personalmente creo que sí [que estará a la altura de las grandes revoluciones]. Ya se nota en términos laborales. El número de becarios, por ejemplo, se ha reducido drásticamente, pero drásticamente. Conozco muchas empresas grandes en las que en estas fechas se estaban integrando treinta o cuarenta becarios, y ahora con tres sobra». Sin embargo, destaca el papel de lo artesanal, lo creativo, lo que se hace con las manos. «Profesiones como los diseñadores de moda, pero también los fontaneros o electricistas, van a seguir siendo imprescindibles, van a seguir aumentando». La conclusión es que, como ya pasó con otras revoluciones, habrá un trasvase laboral: se crearán nuevos puestos de trabajo en áreas de actividad que ahora no existen.
Suárez no evitó recoger el guante que le lanzó López y cerró la mesa volviendo a los orígenes. «En un momento en el que la tecnología está en auge y todos estamos hablando de inteligencia artificial, hay otro movimiento paralelo en auge que es la artesanía. Cada vez escuchamos más hablar de artesanía, de artesanos, de volver al origen, a los oficios, al saber hacer, a la mano, al tacto, ¿no? Eso no nos lo pueden quitar. Se puede hablar con el ordenador y que nos dé respuestas, pero en cuanto a lo tangible… El valor real está en la artesanía, en la manualidad. Es insustituible y previsiblemente será insustituible».
