The Objective
Sociedad

Una periodista demuestra el descontrol trans al reservar sin diagnóstico una cirugía para su hija

La irlandesa Róisín Michaux llama la atención internacional sobre la situación de España solicitando una mastectomía

Una periodista demuestra el descontrol trans al reservar sin diagnóstico una cirugía para su hija

Una madre con su hijo trans.

La periodista irlandesa Róisín Michaux, conocida por su activismo feminista, no se podía creer lo que le contaban. Cuando escuchó que España no tiene apenas restricciones en materia de cirugías de cambio de sexo a menores de edad, una cuestión que el Gobierno lleva a gala, quiso hacer la prueba por sí misma. A modo de prueba, y de manera ficticia, reservó una mastectomía para su hija trans de 15 años, supuestamente autista y deprimida, en una clínica privada de Madrid. Sin diagnóstico, sin derivación y sin psiquiatra, Michaux consiguió una reserva, generando todo un revuelo en redes sociales cuando compartió el hallazgo con los usuarios.

El mensaje respondía al anuncio oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores de España celebrando el liderazgo del país en el ranking europeo de derechos LGTBI, en el llamado Rainbow Map, que evidencia cómo el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha propinado la agenda queer sobre la agenda feminista. La publicación de la reconocida periodista ha acumulado más de 2.800 «me gusta», 100.000 visualizaciones y decenas de réplicas. Entre ellas, la de la extenista Martina Navratilova, quien respondió con asombro.

No es para menos. España es uno de los países más permisivos del mundo en materia de transición desde la ley trans impulsada por Irene Montero, que fue aprobada en 2022, que contempla la libre «autodeterminación de género», y que elimina la necesidad de diagnósticos médicos: a partir de los 16 años, el cambio es completamente libre y se realiza por la mera voluntad de la persona, pero de 14 a 15 años basta con el consentimiento de los padres o tutores legales, nunca de un experto. Así lo ha comprobado Michaux en primera persona.

Pero el agravante al caso es que, según el testimonio de la periodista irlandesa, explicitó en todo momento que su hija era autista. Esto cobra especial relevancia teniendo en cuenta que este es uno de los factores que normalmente se confunden con la transexualidad. Según una macroencuesta confeccionada por la agrupación Amanda, el 77% de los menores que se declaran trans sufren en realidad de traumas por abusos, bullying, separación, divorcio, muerte o enfermedad de un familiar. Del total, el 67% sufre de problemas de socialización y el 65% de neurodivergencia o trastorno psicológico, principalmente TEA (trastorno del espectro autista), AACC (altas capacidades) o TDAH (trastorno de atención con hiperactividad). La terapia afirmativa conduce a estos menores a una salida a sus problemas: el cambio de sexo.

Amanda ha reaccionado al experimento señalando que «mientras Europa restringe, España celebra», en el sentido de que «otros países revisan protocolos. España presume de ellos», ya que nuestro país mantiene una legislación de autodeterminación de género mientras que otras naciones europeas han endurecido las restricciones. Así se extrae que la mujer contactó con una clínica privada en Madrid y que, pese a advertir de las comorbilidades mentales de la menor y la negativa del psiquiatra, la cita para la cirugía (una top surgery) se confirmó con solo el consentimiento de un progenitor.

Las feministas españolas han exigido investigación a la Fiscalía de Menores, recordando que realizar cirugías de este tipo a menores sin los requisitos legales puede constituir un delito penado con entre 6 y 12 años de cárcel. Y es que el caso llega en un momento de máxima sensibilidad: mientras ILGA-Europe y el Gobierno español presentan el primer puesto como un éxito de «coraje político» y protección de derechos, críticos como Michaux argumentan que esa puntuación premia precisamente la facilidad de acceso a tratamientos médicos irreversibles en adolescentes sin salvaguardas suficientes.

Hasta el momento, ni el Ministerio de Sanidad ni ILGA-Europe han emitido respuesta oficial al tuit, que continúa circulando ampliamente entre cuentas feministas y de protección de la infancia en toda Europa. La polémica pone de manifiesto la profunda división en el continente sobre cómo equilibrar los derechos de las personas trans con la protección de menores con comorbilidades mentales, especialmente en países que han apostado por modelos de autodeterminación y «despatologización».

También sobre el equilibrio entre la defensa de las mujeres y del colectivo trans. No en vano, el Gobierno de Pedro Sánchez parece haber priorizado al segundo. Desde 2018, España ha caído 20 puestos en el Índice de Mujeres, Paz y Seguridad de la Universidad de Georgetown (del 5 al 25), pero, por otro lado, se ha logrado colocar este martes, por primera vez, en el primer puesto del Rainbow Map, en donde se hallaba en el undécimo puesto hace ocho años. De aquellos polvos, estos lodos.

Publicidad