El negocio de alquilar tu piscina: hasta 6.000 euros por verano en Madrid y Barcelona
Más de 35.000 personas utilizaron este servicio en 2025, provocado por la falta de espacios en las grandes ciudades

Uno de los anuncios de vivienda con piscina.
Durante años, tener piscina privada en España ha sido sinónimo de gasto. Entre mantenimiento, limpieza, agua y productos químicos, conservarla en buen estado supone un desembolso anual de entre 2.000 y 3.000 euros. Pero lo que hasta hace poco era un lujo costoso se está convirtiendo en una inesperada fuente de ingresos para miles de propietarios. El alquiler de piscinas privadas por horas vive su mayor boom desde que comenzó a despegar tras la pandemia. Plataformas como Cocopool, especializada en conectar a propietarios de jardines y piscinas con usuarios que buscan espacios para celebraciones, han disparado su crecimiento en los últimos dos años al calor de las altas temperaturas, la falta de espacios en las grandes ciudades y el auge de la economía colaborativa.
«Antes era algo anecdótico. Ahora se está convirtiendo en un hábito de consumo vinculado al ocio de proximidad y a una nueva forma de disfrutar del verano», explica Gerard Xalabardé, fundador y CEO de la compañía, en conversación con THE OBJECTIVE. España cuenta con más de 1,3 millones de piscinas privadas, siendo el cuarto país del mundo con más instalaciones de este tipo. Cada año se construyen cerca de 30.000 nuevas piscinas, aunque gran parte de ellas permanecen vacías o infrautilizadas durante buena parte del verano. Ahí es donde ha encontrado hueco este nuevo negocio. La empresa, nacida en Barcelona en 2022, supera ya las 1.000 piscinas disponibles en toda España y asegura que más de 35.000 personas utilizaron sus espacios durante 2025. La previsión para este verano es superar ampliamente esa cifra.
Del jardín vacío a un ingreso recurrente
El fenómeno no solo está creciendo por el lado de la demanda. También por la rentabilidad que empieza a generar para los anfitriones. Según los datos de Cocopool, el ingreso medio por alquilar una piscina ronda entre 5.000 y 6.000 euros por temporada en ciudades como Madrid y Barcelona, aunque algunos propietarios superan ya los 20.000 euros anuales. «Muchos propietarios empezaron alquilando para cubrir gastos de mantenimiento, después usaron esos ingresos para reformar el jardín o financiar vacaciones y ahora, para una parte creciente, se ha convertido en un ingreso recurrente que incluso ayuda a pagar la hipoteca», sostiene Xalabardé.
La compañía asegura que el cambio de mentalidad ha sido clave para el despegue del sector. «La propiedad está cada vez más inaccesible y compartir está de moda. Antes la gente tenía estos espacios cerrados todo el año. Ahora el que tiene un activo y no lo rentabiliza parece tonto», resume el empresario. El perfil de usuario suele repetirse: familias, grupos de amigos o empresas que viven en grandes ciudades y buscan un espacio privado para celebrar cumpleaños, barbacoas, aniversarios o encuentros corporativos sin necesidad de desplazarse lejos.
«La necesidad que resolvemos es la de gente que vive en un piso y no tiene espacio para reunirse o celebrar algo especial», explica el fundador de Cocopool. «En ciudades como Madrid cada vez hay más demanda porque la gente quiere privacidad y exclusividad, aunque sea solo durante unas horas». La estancia media ronda entre seis y siete horas y cada reserva reúne aproximadamente a 12 personas.
Expansión por España
El crecimiento ha sido tan rápido que la compañía asegura que el verano pasado comenzaron a quedarse sin oferta disponible en determinadas zonas. «Faltaban piscinas en agosto», reconoce Xalabardé, cuando vieron que «ya no era algo puntual». La empresa nació operando únicamente en Barcelona, donde pasó los primeros años validando el modelo. El gran salto llegó después con Madrid y Valencia, mercados donde la demanda se disparó en 2024 y 2025.
Solo el año pasado se incorporaron entre 600 y 700 nuevas piscinas a la plataforma. «Cuantos más espacios tienes, más fácil es generar encaje entre lo que busca el usuario y la oferta disponible», explica el CEO. «Al final puedes celebrar simultáneamente muchísimos eventos y ofrecer experiencias muy distintas». La compañía acaba de cerrar además una ronda de financiación de 435.000 euros para acelerar su expansión en nuevas provincias como Málaga, Sevilla, Murcia, Alicante, Girona o Tarragona.
Un modelo distinto a Airbnb
Aunque el modelo recuerda al alquiler vacacional, la compañía insiste en que se trata de un concepto diferente. Las reservas son exclusivamente diurnas y no se permite pernoctar en los espacios. «Si permitiéramos dormir, entraríamos en el negocio turístico, que tiene otra regulación y otras licencias. No es el mercado donde queremos competir», aclara Xalabardé. Los anfitriones fijan sus propias condiciones, horarios y normas de uso, mientras que la plataforma ofrece sistemas de pago seguros, contratos y asistencia.
La compañía ya prepara además su siguiente paso: la expansión internacional, tal y como cuentan a este diario. Francia, Portugal e Italia figuran en la hoja de ruta para los próximos años. Mientras tanto, el mercado español continúa creciendo impulsado por el calor y por un cambio cada vez más evidente en los hábitos de consumo. Lo que hace apenas unos años parecía una idea curiosa se está consolidando como uno de los negocios más inesperados —y rentables— del verano.
