De los Mozos fía su continuidad en Indra a su amistad con Óscar López y Óscar Puente
Ángel Simón está decidido a la fusión con Escribano, lo que deja al CEO en posición de debilidad

Óscar Puente y De los Mozos.
Bienvenidos a esta nueva columna de economía en THE OBJECTIVE, donde desgranaremos semanalmente las historias empresariales que marcan la agenda con información, análisis y un poco de humor. Por eso, su título es la célebre frase que soltó Rodrigo Rato en la comisión de la crisis financiera del Congreso: «¡Es el mercado, amigo!».
Al lío. Vaya semanita —otra más— ha vivido Indra. Como saben, los hermanos Ángel y Javier Escribano han vendido el 14,3% que habían llegado a controlar en la empresa tecnológica y de defensa, saliendo completamente de su capital y consejo. Ahora bien, volverán, como un terminator: como adelantó este medio, el movimiento forma parte de un pacto con Moncloa por el que se retoma la fusión de Indra con la empresa de los Escribano, EM&E.
¿Por qué se retoma la fusión si Ángel Escribano ha tenido que dejar la presidencia y salir del capital de Indra? Pues, precisamente, porque esta venta era necesaria para que, una vez completada la fusión, el canje de acciones entre las dos empresas no diera una mayoría en el capital a los Escribano más su aliado Joseph Oughourlian —presidente del fondo Amber y de Prisa—, superando a la SEPI que, de pasar, arrebataría al Gobierno el control de Indra.
Por eso llegó la trifulca que acabó con la salida de Escribano de la presidencia, por mucho que lo disfracen de conflicto de interés (evidente, por otra parte), ya que Ángel presidía el comprador y era dueño del vendedor. Si fuera por eso, Moncloa no habría autorizado la operación el año pasado. Llegados a este punto, Escribano tenía que vender; es cierto que no le hacía falta deshacerse de toda la participación, pero ¿para qué andarse con medias tintas y correr riesgos? Se vende entera y asunto arreglado.
De los Mozos, en la cuerda floja
Este pacto tiene un claro damnificado: José Vicente de los Mozos, el consejero delegado. El sustituto de Escribano en la presidencia, Ángel Simón, comenzó como no ejecutivo, pero todo el mundo sabe que él va a ser el único que mande en Indra. Ya se ha hecho con las comisiones ejecutiva y de estrategia, las que cortan el bacalao en las compañías. De los Mozos ya tuvo que conformarse con ser número dos de Escribano, pero siempre mantuvo una agenda propia con dos objetivos: primero, conservar el puesto y, segundo, acceder a la presidencia, a más tardar, cuando cambie el Gobierno —si es que lo hace—.
Esa agenda propia parece mucho más difícil de cumplir con un hombre impuesto por Moncloa en la presidencia (aunque el Gobierno también designó a Escribano para sustituir a Marc Murtra… pero les salió rana, igual que Oughourlian). Y si encima vuelve el anterior presidente al capital y al consejo con la fusión, para qué hablar. De los Mozos dice a quien le quiere escuchar que no va a haber fusión, pero que no les engañen: Moncloa y Simón están decididos a hacerla (salvo que Pedro Sánchez cambie de opinión, que nunca se sabe con él).
Por eso, el consejero delegado se encuentra en la cuerda floja con elevadas posibilidades de salir de la compañía. De hecho, hasta Escribano tanteó la posibilidad de volver como CEO después de la fusión, pero perdida la confianza de Moncloa, eso ya no era factible. De los Mozos es de los que pone una vela a Dios y otra al diablo, así que no solo tiene agarraderas en el PP —principalmente a través de la CEOE (fue presidente de Anfac cuando lideraba Renault) y de la feria de Madrid, Ifema, de la que es presidente—, sino que también las tiene en el PSOE a través del clan de Valladolid: los dos Óscar del Gobierno, López y Puente.
El ‘clan de Valladolid’
De los Mozos es vallisoletano (fue ascendiendo en la antigua FASA hasta llegar a presidirla), al igual que el ministro de Transportes, que fue alcalde de la capital castellana. López —el ministro que juntó Transformación Digital y Función Pública tras la salida de Nadia Calviño— es madrileño, pero desarrolló buena parte de su carrera en las Cortes de Castilla y León.
Fuentes con buen conocimiento del percal explican que el CEO de Indra tiene muy buena relación con ambos y que está trabajándoselos para contar con su apoyo y así poder salvar el puesto. Una vez salvado el match ball actual, podrá esperar su gran momento si se cumplen las expectativas de cambio de Gobierno en las próximas elecciones.
La cuestión es si ambos le harán la gracia a su paisano y, más importante aún, si sus buenos oficios serán suficientes para convencer a Pedro Sánchez (sí, Manolo de la Rocha es quien pone la cara, pero solo ejecuta órdenes del aprendiz de autócrata). Como en casi todo lo que pasa en el mundo empresarial español, el presidente tendrá la última palabra.
