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Economía

La bala de plata que guarda Escribano para doblegar a Sánchez tras su salida de Indra

La empresa que fundó junto a su hermano —EM&M— está estrechamente ligada a proyectos de defensa

La bala de plata que guarda Escribano para doblegar a Sánchez tras su salida de Indra

Ángel Escribano.

Pedro Sánchez ha encontrado la horma de su zapato en Ángel Escribano. Quienes conocen al empresario le consideran obstinado, resiliente y con mucho colmillo. Un hombre hecho a sí mismo. Alcalá de Henares —sede de su empresa— es el centro de operaciones desde el que consiguió cerrar contratos en Indra, entrar en el accionariado de la compañía y finalmente ocupar el sillón más elevado de la corporación pública.

Lo hizo a través de su criatura, Escribano Mechanical & Engeneering (EM&E), una compañía fundada desde cero junto a su hermano Javier que ya se puede calificar como multinacional —ha firmado jugosos contratos fuera de España—, dedicada a la tecnología militar. Su software y hardware está en el ADN de proyectos de Indra como el Programa VCR 8×8 Dragón o la torreta no tripulada Tizona, por citar dos de los más representativos.

En total, está presente en alianzas con Indra que suman un total en inversiones de más de 20.000 millones de euros, pero lo importante en este caso no es el cuánto, sino el cómo. Escribano aporta tanto hardware y equipamiento físico como software. Es decir, tiene control sobre el cerebro y el músculo. Esto le otorga una posición de privilegio.

Es cierto que los contratos que se cierran en el ámbito de la defensa obligan al proveedor o empresa colaboradora a ceder una parte o el total del control de la tecnología —no se hacen públicos—, pero el hecho de ser los conocedores de todos los secretos de la innovación dota a Escribano de una llave con la que puede acelerar o ralentizar proyectos en marcha, aún en desarrollo, críticos para el país.

Sánchez es consciente de ello, y quizá por eso pasó durante meses por el aro —raro en él—. Escribano quería comprar su propia compañía en calidad de presidente de Indra, altar al que llegó con el plácet del presidente, el mismo que forzó su salida pasado un tiempo, tras considerar que había conflicto de intereses en la operación. Algo evidente desde hacía meses, pero Sánchez se cansó tiempo después. «Escribano iba demasiado por libre, sobre todo últimamente, y Moncloa decidió mover ficha», explican a THE OBJECTIVE fuentes al corriente de lo sucedido.

Escribano se plegó a sus exigencias y dejó la presidencia con esta bala de plata en la recámara que supone la posesión de la tecnología y el desarrollo de los programas. El círculo se cerró al completo tras la salida del accionariado con la venta de su participación del 14,3%. El valor del paquete ronda los 1.320 millones de euros según el precio de mercado, y por él han obtenido unas plusvalías de 875 millones de euros. Una operación que busca allanar la fusión.

Crear el «campéon de la defensa»

Sánchez tiene entre ceja y ceja la creación de un «campéon de la defensa» con Indra al frente del timón, pero por sí sola esta no tiene tecnología ni mimbres para conseguirlo. Todo pasa por la alianza con Escribano. Los hermanos no se lo van a poner fácil —ya se habla de más de 2.000 millones de precio—, saben de su poder en la negociación, y también del que tienen actualmente y el que tendrán. De igual forma, son conscientes de que el crecimiento de Escribano será mayor de la mano de Indra. Es el abrelatas de nuevos contratos internacionales, con una Europa impelida a llenar el polvorín para poder decir «esta boca es mía» en el complejo tablero geopolítico internacional.

La llave tecnológica es la mejor de las garantías que poseen los Escribano. Que se lo digan a los Google, Amazon y X, y su relación de amor-odio con Donald Trump. Es quizá la misma película con distintos actores, trama similar y futuro desenlace. Están condenados a entenderse. Todos dependen de todos. Indra de EM&E y Sánchez de los Escribano. Una relación simbiótica —o parasitaria, según se mire— que se mantendrá en el tiempo. Sánchez debe manejar las cosas con sumo cuidado. Esta vez no tiene todo el control. O parece no tenerlo, aunque siempre guarda un as en la manga.

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