El encarecimiento de la energía pasa factura a la industria española mientras la europea resiste
El resto de las grandes economías de la UE logran mantener o incluso aumentar su producción pese a las dificultades

Una fábrica de coches en Barcelona en una imagen de archivo. | EP
La industria española es la que más ha contraído su actividad tras la guerra de Irán entre las grandes economías europeas. Según los últimos datos publicados por Eurostat, la producción de las fábricas del país descendió un 0,5% en abril con respecto al mes anterior, lo que refleja un impacto mayor en comparación con países como Alemania y Francia, que no sufrieron variaciones, o Italia y Países Bajos, que consiguieron incluso incrementar lo producido un 0,5% y un 1,6%, respectivamente, según la estadística comparable que corrige los efectos estacionales y de calendario.
Entre las economías menores que también han logrado elevar su producción industrial en este periodo, se encuentran Chequia (1,4%), Estonia (1,1%), Irlanda (1,2%), Italia (0,5%), Chipre (0,1%), Letonia (0,1%), Luxemburgo (0,5%), Malta (5,2%), Austria (0,3%), Rumanía (1,5%), Eslovenia (0,3%) y Suecia (3,4%). En cambio, este indicador se ha contraído en Bulgaria (-4,6%), Dinamarca (-1%), Grecia (-3,5%), Croacia (-0,6%), Lituania (-1,6%), Hungría (-1%), Polonia (-3,4%), Portugal (-2,5%) y Finlandia (-2,5%), mientras que se mantuvo estable en Eslovaquia. La media para el conjunto de la Unión Europea fue un ligerísimo avance del 0,1%.
Estas cifras son coherentes con las advertencias lanzadas por economistas y analistas en los últimos meses, que apuntaban que las consecuencias de la guerra del Golfo Pérsico en la economía global pueden ser de largo recorrido e ir más allá del encarecimiento de la energía, ya que la escasez de crudo implica que países que, como España, carecen de reservas propias, sufran cierto impacto en sectores como el turismo o la industria, que dependen del uso intensivo de combustible. Sin embargo, más allá de los efectos puntuales de la inestabilidad en Oriente Medio, la producción industrial en España parece estar viviendo una recuperación desde los años posteriores a la pandemia de coronavirus.
Así, se ha registrado un incremento del 3,2% con respecto a 2021, superior al rendimiento medio de la Unión Europea, que se queda en un exiguo 0,4%, o al de Alemania, que se sitúa hoy solo en un 90,9% de sus niveles de hace cinco años tras experimentar un claro retroceso, según los datos con los efectos estacionales corregidos. Sin embargo, economías como Polonia, Grecia, Chequia, Dinamarca, Países Bajos, Irlanda, Francia, Chipre, Lituania, Malta, Finlandia y Suecia han logrado una mejor evolución que la española con respecto a la industria.
Si nos detenemos en la variación en el último año, la industria española ha logrado duplicar la media de la UE de crecimiento en la producción industrial, con un 1,8% frente a un 0,9%. Mejora de este modo el dato de países como Bulgaria, Chequia, Alemania, Estonia, Irlanda, Croacia, Italia, Chipre, Luxemburgo, Hungría, Austria, Portugal, Rumanía y Eslovaquia. Aun así, no es ni de lejos el mejor dato del bloque comunitario, quedando por detrás de socios como Dinamarca, Grecia, Francia, Lituania, Letonia, Malta, Países Bajos, Polonia, Eslovenia, Finlandia y Suecia.
Los datos armonizados y desestacionalizados con los que trabaja Eurostat difieren de los que publicó el pasado jueves el Instituto Nacional de Estadística (INE), que informó de una subida del 4,2% en el Índice General de Producción Industrial (IPI) de abril en relación al mismo mes de 2025, ampliando en dos puntos el avance que experimentó en marzo. Se trata del crecimiento más pronunciado desde el pasado mes de septiembre, con el que la producción industrial encadena dos meses consecutivos de ascensos, según los métodos del organismo público. El aumento de la producción industrial en abril se debió a los avances registrados en la producción de bienes de equipo (+6,8%), bienes intermedios (+4,4%), energía (+3,7%) y bienes de consumo no duradero (+2,5%). Por contra, los bienes de consumo duradero recortaron su producción un 3,5% interanual.
Por ramas de actividad, los mayores ascensos interanuales de la producción se dieron en las coquerías y el refino de petróleo (+18,4%), la fabricación de material y equipo eléctrico (+17,2%) e industrias extractivas (+14,5%). Por contra, los mayores descensos interanuales de la producción en abril se produjeron en la industria del cuero y del calzado (-20,9%), otras industrias manufactureras (-8,3%) y artes gráficas (-3,3%). Corregida de efectos estacionales y de calendario, según estos datos, la producción industrial subió un 2% interanual en abril, una décima más que en el mes previo.
La producción industrial aumentó en abril en tasa interanual en 14 comunidades autónomas y bajó en tres: Extremadura (+10,9%), Baleares (-8,1%) y Asturias (-2,9%). Por su parte, entre las 14 regiones que registraron ascensos en la producción, los más pronunciados fueron los de Murcia (+9,3%), Castilla-La Mancha (+8,1%), Andalucía (+8%) y Madrid (+6,6%), mientras que Cataluña se situó cerca de un punto por encima de la media. En términos mensuales (abril sobre marzo) y dentro de la serie corregida de estacionalidad y calendario, la producción industrial bajó un 0,4%, en contraste con el fuerte incremento del 2,4% registrado en marzo. Por sectores, los bienes de equipo presentaron el único aumento mensual de la producción, del 0,1%, en tanto que los bienes de consumo no duradero registraron el mayor descenso (-2%).
Por su parte, Estados Unidos notificó este lunes que su producción industrial creció el 0,1 % en mayo, después de un aumento del 0,9 % en abril, mientras que la manufacturera se mantuvo sin cambios y el sector minero subió un 1,3%. En términos interanuales, la producción industrial de la primera economía mundial se situó en un 1,7% por encima del nivel de hace un año, según la Reserva Federal. La producción de equipos de defensa y aeroespaciales creció un 0,9%, al tiempo que el índice de los materiales de construcción aumentó un 1,1%. En paralelo, Europa se enfrenta a desafíos como el lento avance de la productividad y la innovación tecnológica en comparación con China y EEUU, y a ello se suma la escasez de mano de obra, motivo por el cual numerosas compañías están apostando por la robotización de algunos de los procesos que se llevan a cabo en sus fábricas en el continente.
