Crece la desigualdad en España: 1,7 millones de pobres más y 35.000 millonarios desde 2018
El número de personas que viven en los extremos adinerado y humilde de la sociedad ha aumentado a doble dígito

Una mujer en situación de pobreza.
La sociedad española se ha polarizado en los últimos años, con un crecimiento tanto en el extremo más rico como en el más pobre a un ritmo muy superior al crecimiento poblacional. Según las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2025 un 17,5% de las mujeres españolas y un 17% de hombres se encontraban en situación de carencia material —el indicador que mide la incapacidad para afrontar ciertos gastos básicos—. Teniendo en cuenta la población, esta proporción equivale a unos 8,5 millones de personas, es decir, 1,7 millones más que en 2018 o un incremento del 26%. De estas, cuatro millones vivían en situación de carencia material severa.
En paralelo, España ha creado 35.500 millonarios. Si en 2018 existían 224.200 grandes fortunas en el país, en 2025 este número se elevó a 259.700, según el Informe de Riqueza Mundial 2026 de Capgemini. El patrimonio de estos individuos con al menos un millón de dólares en activos invertibles, es decir, sin contar su residencia principal, objetos de colección, bienes de consumo y bienes duraderos, sumó unos 16.270 millones de euros. Algunos de los expertos consultados atribuyen esta creciente desigualdad a factores como la vivienda, que facilita la acumulación de capital entre aquellos que poseen un inmueble residencial, mientras que para explicar el auge de la pobreza apuntan a aspectos como la inmigración o la precariedad del empleo.
«La carencia material es un indicador que mide muy bien el malestar de las personas y, al contrario que en otras fases de expansión económica, en los primeros años la pobreza material continuó aumentando, aunque en los últimos dos años se ha reducido muy ligeramente», señala María Miyar, directora de Estudios Sociales de Funcas, añadiendo que «[España está] todavía peor que en 2007. No [ha] conseguido [recuperarse] respecto a hace casi 20 años». «Parece que la expansión económica no ha ayudado lo suficiente a mejorar la calidad de vida de un grupo poblacional que se está quedando al margen», alerta la también profesora de Sociología de la UNED.
Según Miyar, «la pobreza y la vulnerabilidad son mayores en inmigrantes, y que la inmigración haya aumentado mucho puede contribuir a que las tasas de pobreza no se recuperen». De hecho, «las tasas de pobreza en inmigrantes son superiores a otros países europeos y eso también sucede en hogares con niños, que tienen tasas más altas que sin niños». La pobreza «es tradicionalmente alta en familias monoparentales, pero cuando hay dos adultos, también son altas en España y eso es más excepcional», apunta. La realidad de buena parte de las familias con hijos es que «no llegan bien a final de mes y acusan las subidas de impuestos».
Fermín Ojeda, decano del Colegio Oficial de Graduados Sociales, añade que, más allá de los trabajadores precarios, también existe una parte de la población que «no está trabajando», puesto que España tiene una «sociedad bastante subsidiaria» donde «cada vez menos gente quiere trabajar y prefiere vivir subsidiada». Subraya que muchas empresas siguen sin encontrar trabajadores a pesar de que el salario mínimo ha subido mucho más rápido que en el resto de Europa en los últimos seis años. Otro aspecto es la pobreza en la inmigración, a la que considera que «hay que darle una solución», ya que hay «gente que ha venido que no tenía opción de legalizarse y vivía en condiciones no aceptables para ningún ser humano».
Ignacio Hidalgo, socio de la consultora laboral RSM, recuerda que «la contratación fija discontinua se ha incrementado», aunque «ha sustituido a la temporal». Sin embargo, cree que «[hay] mucha contratación a tiempo parcial». Según explica a THE OBJECTIVE, en Europa se trabaja más que en España a tiempo parcial, algo a lo que «aquí no estamos habituados». Algunas personas combinan muchos trabajos pequeños, mientras que otras tienen «un solo contrato y puede ser muy poco dinero, el 50% del salario mínimo interprofesional». «[Con] un contrato parcial, [los] niveles de ingresos [son] muy bajitos y puede haber también de menos horas», destaca el socio, añadiendo que esta situación suele afectar a estudiantes que trabajan en bares o cines, pero «también a mucha gente con contratos precarios que querrían tenerlos más altos».
