España disparó su dependencia del diésel de Ormuz las semanas previas a la guerra de Irán
Arabia Saudí se convirtió en el principal exportador, con 136.000 y 160.000 toneladas entre enero y febrero

Un barco en Ormuz.
España disparó su dependencia del diésel de Arabia Saudí en enero y febrero de 2026, convirtiendo al país árabe en su principal suministrador de este hidrocarburo en lo que va de año, según las fuentes oficiales de Cores (Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos). En concreto, se importaron 136.000 toneladas en el primer mes del año y 160.000 toneladas en el segundo.
El ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, anunció el pasado viernes que las autoridades de la República Islámica habían decidido abrir «completamente» el estrecho de Ormuz a la navegación comercial mientras dure el alto el fuego pactado con Estados Unidos. «En línea con el alto el fuego en el Líbano, se declara totalmente abierto el paso de todos los buques mercantes por el estrecho de Ormuz durante el resto del periodo de alto el fuego». En las últimas horas se volvió a cerrar a la espera de que EEUU formalice la cancelación de su bloqueo del estrecho.
Arabia Saudí, cuyos petroleros tienen que atravesar el estrecho de Ormuz para vender crudo refinado por el mundo, no ha sido hasta este año un socio principal de España. En 2025 apenas se exportaron 253.000 toneladas frente a otros países, como Italia (1,3 millones de toneladas), Países Bajos (1,2 millones de toneladas), Bélgica (685.000 toneladas) y Estados Unidos (495.000 toneladas), entre otros.
El misterio de Singapur
Por otro lado, el segundo exportador en 2026, después de Arabia Saudí, es el misterioso nuevo socio de España: Singapur. Entre enero y febrero de este año se han importado 101.000 y 118.000 toneladas, respectivamente. El año anterior, la isla asiática envió más de un millón de toneladas a España, convirtiéndose así en su tercer proveedor de diésel.
Numerosas voces del sector han alertado de que Rusia usa terceros países para vender su petróleo crudo, señalando a Turquía, Marruecos y Singapur como territorios palanca para colar su producto en Europa, vetado tras las sanciones de la Unión Europea a Rusia por la guerra en Ucrania. Desde finales de 2022, tanto el petróleo como sus derivados rusos están prohibidos comercialmente, lo que no ocurre con otro producto clave como es el gas.
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), «se prevé que la demanda de petróleo se contraiga en 80.000 barriles diarios este año, debido a que la guerra con Irán trastoca las perspectivas mundiales. Esto representa 730.000 barriles diarios menos que en el informe del mes pasado, y una caída prevista de 1,5 millones de barriles diarios en el segundo trimestre de 2026; sería la más pronunciada desde que la covid redujo drásticamente el consumo de combustible. Inicialmente, los recortes más profundos en el consumo de petróleo se han producido en Oriente Medio y Asia-Pacífico, principalmente en nafta, GLP y combustible para aviones. Sin embargo, la disminución de la demanda se extenderá a medida que persistan la escasez y los precios elevados».
«La oferta mundial de petróleo se desplomó en 10,1 millones de barriles diarios (mb/d) hasta los 97 mb/d en marzo, debido a los continuos ataques a la infraestructura energética en Oriente Próximo y a las restricciones vigentes al tránsito de buques petroleros por el estrecho de Ormuz, lo que provocó la mayor interrupción de la historia», señaló la agencia.
Instituciones, bancos de inversión y diversos organismos han alertado de los efectos perversos de la guerra de Irán. Goldman Sachs aseguró que, aparte del petróleo, «una cuarta parte del comercio mundial de fertilizantes nitrogenados y aproximadamente una quinta parte del gas natural líquido —la materia prima clave para la producción de nitrógeno— transitan por el estrecho de Ormuz. Los precios de los cereales podrían subir, y no solo por el aumento de los costes de los fertilizantes. Las pérdidas de rendimiento derivadas del retraso en la aplicación de fertilizantes y el cambio en la superficie cultivada, alejándose de los cultivos que requieren muchos fertilizantes, también podrían provocar un aumento en los precios de los cereales».
