The Objective
Félix de Azúa

Thalasa, thalasa

«Lo más duro es que quienes se bajen del buque llegarán a un país gobernado por ineptos. Lo que la ineficacia de este Gobierno pueda hacer con el virus, da pavor»

Opinión
Thalasa, thalasa

Ilustración generada mediante IA.

Aunque el mundo está cubierto por un 30% de tierra y un 70% de agua, la proporción de narraciones vividas en uno u otro elemento es totalmente inaceptable. Casi toda la literatura de aventuras tiene lugar en los continentes y solo una pequeña parte en los océanos. No es justo.

En este momento, el crucero MV Hondius se encuentra navegando por el Atlántico y sujeto a una maldición que le dificulta llegar a puerto con una carga que puede estallar en cualquier momento. Cuando esto escribo, navega ya rumbo a las Canarias, con la intención de liberar su potencial explosión. Como ha sucedido una y otra vez, los habitantes del puerto elegido se niegan a que el barco entre en su zona. Es una vieja historia, la de la nave fantasma que surca los mares durante años sin que nadie pueda hacer nada para salvar a la tripulación.

El buque actual pertenece a una compañía holandesa especializada en viajes a los polos y lleva el casco reforzado para partir el hielo. Viajan a bordo 14 españoles entre los 150 del total y (que sepamos) ninguno de ellos ha sido atacado aún por ese virus que transmiten las ratas y ha provocado ya tres muertos. La enfermedad del hantavirus tiene una alta cifra de mortalidad y es contagiosa. En la Patagonia, donde recaló el crucero, la enfermedad es endémica. El mayor obstáculo para acabar con la condena del buque holandés es que, cuando una embarcación cae enferma, debe guardar cuarentena antes de desembarcar. Y nadie quiere correr el riesgo de expandir una epidemia.

Todo acabará bien, espero, pero la similitud con el buque fantasma de El Holandés Errante salta a los ojos. He aquí la que quizás sea la leyenda marítima más conocida, una de cuyas primeras crónicas data del siglo XVII y en ella el velero maldito, ocupado por fantasmas y cadáveres, se aparece en el cabo de Buena Esperanza. La versión más conocida del buque penado es la de Frederick Marryat y en ella el hijo del capitán maldecido es quien deberá, obedeciendo a la plegaria de su madre agonizante, llevar hasta el padre una reliquia de la Santa Cruz para romper el hechizo y permitirle obtener el descanso eterno.

La célebre ópera de Wagner dedicada a la diabólica leyenda marina traiciona el fondo mítico y lo convierte en una historia de amor trágico, un aburguesamiento típico del compositor. Mucho mejor fue la película de Albert Lewin (que se puede rescatar por internet) titulada Pandora y el holandés errante, en la que una poco probable Ava Gardner trata de salvar a James Mason (el errante), nada menos que en la Costa Brava de 1951. La aparición de Mario Cabré le añade una sustancial píldora de cotilleo.

«La presencia entre nieblas y relámpagos del buque maldito que navega convicto por toda la eternidad es frecuente en la literatura»

La presencia entre nieblas y relámpagos del buque maldito que navega convicto por toda la eternidad es frecuente en la literatura y sólo ha desaparecido cuando los modernos buques a vapor, con una tecnología abrumadora, han enterrado a los viejos veleros. Ese fue el asunto de una fabulosa novela de Richard Hughes, In Hazard, gracias a la cual su autor ganó una apuesta sustanciosa. Así sucedió: en el curso de un festejo alguien afirmó en su presencia que los actuales buques tecnificados no podían transmitir el horror de una tempestad marina con la pasión de los antiguos veleros. Hughes aceptó el reto y escribió una novela en la que un buque dotado de los mejores adelantos técnicos sufre el embate del mar tempestuoso de un modo terrorífico y con un dramatismo sensacional. Es casi tan buena como su obra maestra, Huracán en Jamaica.

Porque el miedo lo transmite el narrador, no lo narrado, el escritor, no el argumento. Y ahora sólo confío en que el MV Hondius, el holandés errante de nuestros días, consiga que algún puerto le permita fondear con su carga amenazante y puedan descansar los 150 pasajeros de un crucero de placer que se convirtió en una pesadilla. Otro tema eterno de la aventura marítima. Lo más duro es que, si los canarios tragan, quienes se bajen del buque llegarán a un país ineficaz y gobernado por ineptos. Dos ministras se contradicen sobre las víctimas, por ejemplo. Lo que la ineficacia de este Gobierno pueda hacer con el virus da pavor.

La historia del holandés errante y cien más se pueden leer en el excelente ensayo de Alexander Pechmann La biblioteca de los siete mares (Acantilado), escrito con una portentosa erudición y en muy buena versión de Alejandro Pantoja.

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