The Objective
Félix de Azúa

Aquel cornúpeta

«Lo que la imputación de ZP desata es un hartazgo monumental de la población, asqueada por un Gobierno que no sabe dar un solo paso que no sea delictivo»

Opinión
Aquel cornúpeta

Ilustración de Alejandra Svriz.

Lo siento de verdad, pero me veo obligado a hablar hoy del asunto de la semana: la imputación de Zapatero. Y lo siento porque, como todos ustedes, estoy harto de comentar continuamente los atropellos del sanchismo que se repiten más que el ajo. En cualquier país civilizado, hace años que habría caído ya la red mafiosa de Sánchez, pero no estamos viviendo en un país civilizado, sino en uno en trance de civilización.

También lo he dicho demasiadas veces: la población de España está domesticada, ya no es la muchedumbre brutal de la Guerra Civil, pero aún no está civilizada, ni mucho menos culturizada. Una vez más, demostramos no pertenecer a las naciones europeas, sino a las repúblicas sudamericanas en las que es posible tener Gobiernos dominados por el narcotráfico, como México, por las guerrillas, como Colombia, o directamente por las bandas criminales, como Venezuela o Nicaragua.

Aún recuerdo cuando Alfonso Guerra, que tenía talento para el insulto, llamaba a Zapatero «nuestro Bambi, ese bobo solemne». Desde el centro mismo del socialismo había ya una sospecha sobre este personaje que ahora empieza a destaparse como un cervatillo, sí, pero venenoso. Un cervatillo venenoso viene a ser como una virgen de burdel, y eso es lo que siempre ha sido el padre de sus hijas también investigadas.

Se lo he comentado a ustedes alguna vez, para mí el cervato mostró sus colmillos venenosos cuando despreció de un modo teatral a la bandera de los EEUU en un desfile militar, muy al comienzo de su carrera hacia el abismo. Uno puede insultar a un político americano, pero no a la totalidad del pueblo americano. En ese momento mereció, como Sánchez, lucir su efigie en los misiles de Hamás. Porque una cosa es odiar a un representante político, y otra odiar a un pueblo entero, como hizo Zapatero. Su antiamericanismo es el de la extrema izquierda española, tan desnuda de ideas como abundante en fanatismos violentos. Porque Zapatero es, como los socios de Sánchez, un comunista vergonzante disfrazado de demócrata.

«Los lacayos de Sánchez se han manifestado, a la manera de un coro monjil, en defensa de su expresidente»

Los lacayos de Sánchez se han manifestado, a la manera de un coro monjil, en defensa de su expresidente. Algunos usando mentiras indecentes, como la ministra que dijo que una vez más se trataba de la inquina de la ultraderecha. La pobre ignoraba (o no) que la denuncia llegaba desde la banca suiza y la fiscalía francesa. Porque la acusación, o una de ellas, es la de blanqueo de capitales, actividad criminal que en nuestro país parece gozar de cierta permisividad, y no sólo en la izquierda.

Lo que la imputación de Zapatero desata es un hartazgo monumental de la población, totalmente asqueada por un gobierno que no sabe dar un solo paso que no sea delictivo. Durante los últimos cinco años no ha habido semana que no trajera consigo uno de aquellos conos que la Inquisición imponía a los sacrílegos y blasfemos. Solo que en su actualización los capirotados son ladrones, estafadores, chantajistas, blanqueadores, puteros y en algún caso asesinos, como los miembros de uno de los partidos que apoyan al Gobierno sanchista, los asesinos nacionalistas vascos que este Gobierno está liberando de la cárcel. Dan náuseas.

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