Marlaska no fue al funeral
«Habría que poner en cuarentena el Ministerio del Interior porque su tóxica gestión se salda con guardias civiles muertos»

Imagen generada con IA.
No puede ser que vuelva a suceder. Que el país esté totalmente consternado por volver a vivir algo que ya habíamos vivido. Dos guardias civiles muertos de noche en el mar persiguiendo a una narcolancha. Esta vez los fallecidos en acto de servicio han sido Jerónimo y Germán. Dos miembros con larga trayectoria en el Benemérito Cuerpo que, como todos sus compañeros, tenían muy presente, aunque cada día prefieran no recordarlo, que cada vez que salen de servicio saben que pueden no volver. Todo un sacrificio por España y los españoles.
Los españoles sí están con su Guardia Civil, a la que aplauden con gran intensidad y vitorean en los desfiles porque hay un reconocimiento colectivo a su entrega y servicio. Por eso, los féretros de los dos agentes fueron recibidos en la Iglesia de la Concepción de Huelva con aplausos de los ciudadanos y con el himno nacional. A sus funerales asistieron, para darles el último adiós, emocionados compañeros, ciudadanos, algunas autoridades del Estado y de la Junta de Andalucía, así como candidatos a las próximas elecciones autonómicas.
Todo el acompañamiento y presencia no sirvió para tapar la clamorosa ausencia del Ministro del Interior, Fernando G punto Marlaska. Nadie en su sano juicio puede llamar grande a ese personaje. No es posible que el responsable máximo de la valiente Guardia Civil sea un cobarde, mezquino y miserable incapaz de asistir al funeral de sus agentes caídos en acto de servicio. Marlaska no tiene nada de grande. Todo lo contrario. Es tan poca cosa, es tan insignificante en valor y gallardía, que se escondió detrás de algo tan microscópico como el hantavirus.
Para intentar disimular su mezquindad y cobardía, no fue a Huelva para comparecer con la ministra de Sanidad, en una rueda de prensa sobre algo que no era inmediato. El miserable pudo haber celebrado la rueda de prensa en Huelva, antes o después de haber acudido a los funerales por Jerónimo y Germán. Pero es tan cobarde que adopta posiciones de liderazgo porque el riesgo estaba a más de 2.000 kilómetros de donde estaba él. En Madrid. Su ego y vanidad quedaron tan mancillados cuando fue abucheado en Barbate que, como una Escarlata O’Hara, a su orgullo puso por testigo de que jamás volvería a ser abucheado.
Ha resultado repugnante escucharle, con los cadáveres todavía calientes, justificar su buena gestión. Es, en versión sin fuelle, una especie de Óscar Puente. Afirma que, desde que llegó al Gobierno en 2018, se han puesto «más medios de los que se han puesto nunca» para combatir el narcotráfico, destacando que «actualmente» se han incrementado un 20 % los efectivos y se han comprado 20 embarcaciones. Y con eso se queda tan tranquilo, mientras sus hombres mueren en accidentes o los matan por luchar con embarcaciones de juguete contra el narco.
Marlaska compra sus barquitos y que se apañen los guardias civiles. Los que están en el mar dicen que esas embarcaciones no sirven. Que los dejan vendidos ante el equipamiento de los narcotraficantes, cuyas embarcaciones son mejores y más potentes. Y cuando se le critica y exigen responsabilidades por su gestión, arremete contra el Partido Popular. Marlaska es el ministro cobarde que jamás asume sus responsabilidades.
El resultado de su gestión es muy negativo. Después de que su presidente se humillase ante el rey de Marruecos, disolvió, en verano de 2022, el Organismo de Coordinación de Operaciones contra el Narcotráfico (OCON-Sur) de la Guardia Civil, una unidad de élite que había logrado grandes éxitos en el Campo de Gibraltar. Todas las justificaciones al respecto no fueron creíbles. Al disolver esa unidad de élite, Marlaska facilitó el crecimiento del tráfico de drogas en el estrecho. Con Marlaska al frente, los narcos han convertido el Guadalquivir en una autopista de la droga, donde se estima que entre 30 y 40 narcolanchas operan cada semana, con capacidad para transportar hasta 3.000 kg cada una. Marlaska es el único ministro del Interior que enfrentó en Barbate a los guardias civiles contra los narcos en lanchas de juguete. Con el humillante agravante de que grabaran en video cómo les pasaban por encima asesinándolos.
«Marlaska es el único ministro del Interior que enfrentó en Barbate a los guardias civiles contra los narcos en lanchas de juguete»
Marlaska tiene mucho que asumir y demasiado que callar. Según tomó posesión, acercó a presos etarras, apartó a la Guardia Civil de las carreteras en Navarra, metió a Bildu y ERC en la Comisión de secretos oficiales, cesó a Pérez de los Cobos por no ser su «chivato», purgó a la Guardia Civil en Cataluña y ha actuado de encubridor de las agresiones sexuales del DAO a su subordinada. Hace años que tenía que haber sido cesado. A saber cuál es el vínculo con el presidente para que todavía no lo haya cesado.
Marlaska es el ministro que deja a sus hombres solos en los funerales, no los condecora y no les reconoce la profesión de riesgo a la que dedican su vida. Habría que poner en cuarentena el Ministerio del Interior porque su tóxica gestión se salda con guardias civiles muertos. Marlaska, dimisión o cese ya. Viva la Guardia Civil.