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Ciencia

'Relleno zombi': la inyección de grasa de muerto, último grito en cosmética

El tratamiento es accesible de momento a los más pudientes y solo en unos pocos países del mundo

‘Relleno zombi’: la inyección de grasa de muerto, último grito en cosmética

Paciente de una clínica de estética. | Freepik

Si creyeron haberlo visto todo con el semen de salmón como tratamiento rejuvenecedor para la piel —entre 125 y 420 euros en clínica, gratis si el salmón es suyo—, se sorprenderán al conocer la última tendencia entre ricos y famosos de todo el mundo: el llamado relleno zombi. La técnica combina grasa del propio paciente con tejidos humanos donados y procesados con matrices de piel de otras personas que se usan como soporte biológico en cirugía reconstructiva. En este caso, el donante deja de ser un salmón para ser un humano ya fallecido.

Esta «grasa de muerto» se usa ya en Estados Unidos, Japón y Emiratos Árabes para complementar este injerto autólogo —es decir, del propio paciente—. Los donantes que tanto llaman la atención son personas que en vida consintieron que pudieran usarse sus tejidos una vez fallecidos, por lo que se les puede extraer piel, grasa, huesos y tendones, entre otros. Esos tejidos se procesan en un laboratorio y allí se eliminan células, se esterilizan y se transforman en productos médicos. Por último, se pueden usar en cirugía reconstructiva o estética.

En Estados Unidos, los productos que utilizan esta tecnología, como Renuva, AlloClae y DermaClae, ya se están comercializando en clínicas del más alto nivel y en Japón y Emiratos Árabes empieza poco a poco a extenderse su uso. El llamado «zombie filler», en inglés, cuesta generalmente entre 10,000 y 100,000 dólares por tratamiento. Sin embargo, en la Unión Europea estas marcas todavía no se comercializan de forma abierta porque no disponen de autorización generalizada.

El injerto facial autoimplantado lleva décadas utilizándose, sin necesidad de recurrir a la donación de pacientes muertos. Una revisión científica reciente lo describe como un procedimiento con una «tasa global de complicaciones relativamente baja», aunque ya cuenta con incidencias graves documentadas: embolia arterial, ceguera, ictus, necrosis cutánea e infecciones, y es que la zona frontal y temporal es especialmente sensible.

La ciencia detrás de la cosmética

La expansión del fenómeno parece real, pero de momento es solo para unos pocos, según la prensa internacional. Business Insider ha informado de un primer grupo de pacientes tratados con AlloClae, primero en un grupo selecto de médicos y luego en unos pocos cientos de cirujanos. Allure dice que hay «varios cientos» de pacientes que han utilizado su producto en 2025, sobre todo en la cadera y las mamas. Renuva, por su parte, se vende como solución en manos de «élite de inyectores estéticos» y para indicaciones faciales bastante concretas, no para el repertorio habitual de labios, ojeras o pómulos muy esculpidos.

Lo que se está usando en algunos procedimientos estéticos de EEUU es grasa obtenida de donantes fallecidos, procesada y esterilizada, tratada para eliminar células y ADN, que deja una especie de andamio biológico que el cuerpo rellena con su propio tejido. Uno de los productos más mencionados en la prensa internacional es AlloClae, utilizado en glúteos, pecho, caderas y zonas hundidas tras pérdida de peso. Otras marcas continúan usando el método habitual de autodonación, los fillers faciales.

La ética de la cosmética

La utilización de tejido de muertos para la elaboración de productos cosméticos no está libre de polémica. La Organización Nacional de Trasplantes presenta la donación de tejidos como un acto altruista que puede ayudar a cerca de 100 personas. El diario británico The Guardian ha comprobado, por su parte, que los formularios de donación en EEUU no mencionan de forma específica la grasa y el tejido adiposo. Sin embargo, las empresas responden que su caso está consentido expresamente para uso estético.

Además de las dudas que plantean los consentimientos de los donantes, hay una polémica más: los productos que utilizan esta tecnología no han sido estudiados aún a largo plazo, por lo que muchos médicos creen que se están comercializando demasiado rápido.

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