Irán encarece la cesta de la compra más de lo que temían las peores previsiones iniciales
Los datos confirman los peores temores sobre el impacto de la guerra, aunque sin superar el de la invasión de Ucrania

Un petrolero dañado tras sufrir un ataque, este martes cerca de la costa de Irak. | Reuters
Los datos de inflación publicados este martes por el Instituto Nacional de Estadística (INE) han confirmado las estimaciones pesimistas con respecto al impacto de la guerra de Irán en los precios, llegando a superar los peores escenarios que se plantearon en las primeras previsiones. Sin embargo, el ritmo de encarecimiento de los productos y servicios se sitúa por ahora en el entorno de la mitad del que se vivió tras la invasión de Ucrania.
El 24 de febrero de 2022, Rusia invadió Ucrania. En marzo, el IPC —que ya arrastraba cierto componente alcista previamente por la recuperación más rápida de la demanda que de la oferta tras la pandemia de coronavirus— se disparó hasta el 9,8% interanual. Esto son 2,2 puntos más que en el mes anterior, mientras que el indicador subyacente —sin energía ni alimentos— sufrió una presión al alza de cuatro décimas.
El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel iniciaron los ataques iniciales contra Irán que han desencadenado la actual guerra en el golfo Pérsico. En marzo, la inflación interanual se ha visto empujada 1,1 puntos hacia arriba y la subyacente, dos décimas, es decir, exactamente la mitad de lo observado cuando la guerra de Ucrania se encontraba en un horizonte temporal comparable.
Estas cifras empeoran lo que esperaban para el mes de marzo organismos económicos como Funcas, que preveía una inflación subyacente del 2,7% en su escenario más pesimista, que se ha quedado corto por dos décimas, que puede deberse a que el efecto contagio ha sido más rápido de lo anticipado en sectores ajenos a la energía o a que algún factor previo ya ha ido cocinando este encarecimiento. María Jesús Fernández, economista senior de la fundación, se decanta por la segunda hipótesis y aprecia «un comportamiento muy preocupante en la inflación subyacente».
«Ha sido mucho más alto de lo que esperábamos», aunque cree que «por ahora» no cabe achacar estas subidas al impacto de la guerra, sino a «la existencia de fuertes presiones inflacionistas que ya arrastraba nuestra economía desde antes de esta guerra». Además, augura que la tasa de inflación «continuará aumentando hasta acercarse al 4% en los próximos meses», aunque el incremento estará «muy condicionado por lo que ocurra con la guerra, el precio del petróleo y el calendario de retirada de las medidas adoptadas por el Gobierno».
Daniel Fernández, doctor en Economía y profesor de la Universidad de las Hespérides, apunta que esta ola inflacionaria va a tener consecuencias a lo largo de todo este año y que, aunque el impacto en las infraestructuras energéticas ha sido menor del temido inicialmente, la economía se va a resentir como mínimo dos o tres meses tras el fin del conflicto militar. «El grave problema es lo que pasó con la guerra de Ucrania; los efectos de segunda ronda existen y sabemos que van a venir en algún momento», señala. Ante el encarecimiento de los transportes, los posibles ajustes de algunos salarios y la revalorización —blindada por ley— de las pensiones van a suponer «una presión en la demanda considerable», que a su vez puede desencadenar una nueva espiral de precios.
Por su parte, el sindicato USO indica que el encarecimiento de marzo se debe «sobre todo» al aumento «del precio de la energía por la guerra en Irán» y, destaca el impacto en el transporte y la energía del hogar. USO reclama una rebaja en el IVA de los alimentos básicos. «Ha pasado tan solo mes y medio desde el ataque militar de EEUU e Israel en Irán y el impacto en los precios ya es considerable», ha coincidido CCOO de Cataluña, que ha subrayado la repercusión «muy directa en la inflación» que está teniendo el conflicto y ha alertado del riesgo de que esta se extienda, más allá de la energía, al conjunto del tejido productivo.
