The Objective
Fernando Savater

El triunfo de regresar

«Sin duda, Ulises se porta como un héroe cuando hace falta y en ocasiones demuestra una dureza inflexible de carácter que nos estremece un tanto»

Despierta y lee
El triunfo de regresar

Ilustración generada mediante IA.

Borges nos aseguró que sólo hay media docena de argumentos de grandes aventuras y el resto son variantes o combinaciones: la conquista de la ciudad inexpugnable, la batalla contra el dragón, el hijo menor que triunfa allí donde sus mayores fracasaron, la invención de la joya mágica y, sobre todo, el regreso al hogar, la única aventura realmente imposible porque sin duda no queremos volver.

A esta peripecia radical dedica su último artículo, que suponemos insuperable hasta la semana que viene, nuestro bardo trasoceánico Ricardo Cayuela: El viaje comienza ahora. Trata del retorno de los cuatro viajeros espaciales de la Artemis II (cuando le preguntaron a Borges qué pensaba de los viajes espaciales, comentó: «Eeeh… Este… Buenoooooo… todo viaje es espacial, ¿no?»). A Cayuela, hombre piadoso de nuestro tiempo, es decir, persona sensata, se le hace imposible que esos cuatro viajeros cuerdos de una travesía fantástica, corteses, racionales y coherentes, representen a lo mejor de una civilización que conocemos sobre todo por sus rebuznos oligofrénicos. Claro que con Pizarro o Cortés viajó probablemente la misma paradoja. En su revelador artículo, Cayuela menciona un libro en el que colaboran diversos astronautas, pero sobre todo para contar ese momento de la máxima dificultad, el regreso a lo cotidiano, la reinvención de cómo volver a ser lo que siempre seguimos siendo.

Sin duda, la gran epopeya aventurera del regreso es La Odisea. Su protagonista es un héroe especial, un héroe que no busca conseguir, sino recobrar. El verdadero certificado de heroísmo nos lo dan a la vuelta, no al partir. Ulises hace cosas que ningún otro héroe haría: se disfraza, miente, incluso roba las armas de Aquiles, aunque en realidad sabe que no le corresponden. En el mundo resplandeciente y bastante rectilíneo de la mitología, Ulises resulta demasiado moderno, ambiguo, desconcertante… Se gana con facilidad la admiración o la envidia de quienes compiten con él, pero no su afecto. Al contrario, su apelativo más característico, «Odiseo», significa «aquel que es odiado por muchos». Es odiado porque consigue finalmente lo que quiere, pero nunca lo declara; se lo guarda dentro. Esa actitud antiépica de relativizar la importancia del honor y preferir priorizar el éxito por cualquier medio es una posición abiertamente burguesa.

Sin duda, Ulises se porta como un héroe cuando hace falta y en ocasiones demuestra una dureza inflexible de carácter que nos estremece un tanto. Atención, entre los lectores de los clásicos cuenta con fervientes partidarios (entre los que me declaro) y adversarios imposibles de persuadir (Dante le declaró enemistad). Ulises es un héroe que lucha contra los invasores de su hogar, contra quienes dilapidan su fortuna y pretenden dejar a su hijo Telémaco sin herencia. A lo largo de su viaje de regreso al hogar, Odiseo debe enfrentarse con ogros y monstruos de la peor especie, pero sus peores enemigos son los okupas que han invadido su casa. Es como si los expedicionarios del Artemis II, al regresar a Cabo Cañaveral, lo hubiesen encontrado lleno de lunáticos. Aunque, bien mirado…

La Odisea funciona admirablemente como argumento de película. La versión protagonizada por Kirk Douglas (1954, Mario Comencini), que no debe hacer demasiados esfuerzos por presentarse como héroe griego, tiene todas las ventajas del colorido hollywoodiense y unos pocos defectos fáciles de corregir (basta con ver la película a los 12 años, como hice yo). Pero en 2024, un buen puñado de décadas después, he visto otra versión de La Odisea completamente diferente, pero que me ha reinventado el placer de redescubrir. Se trata de El regreso de Ulises (The Return, 2024), protagonizada por el gran actor de nuestra época, Ralph Fiennes, cuya presencia justifica el interés de una película. Y si Penélope es aquí Juliette Binoche, ¿qué más se puede pedir? El Ulises de Fiennes es más viejo y oscuro que el de Douglas, más «natural», diríamos, pero desde luego no menos heroico.

Al volver consigue recuperar todo lo que fue suyo, pero ya sin la alegría de la primera vez: no ha viajado en vano, ninguno lo hacemos. Tal como yo le deseo desde que pisa Ítaca, encuentra a Argos, su gran perro de caza, que le reconoce sin dudar porque le ha estado esperando para morir junto a él, otra forma de regreso. The Return ha sido dirigida por Uberto Pasolini, sin parentesco alguno con Pier Paolo, pero que en cambio es sobrino de Luchino Visconti, y está sobria pero excelentemente ambientada. Si no me equivoco, volver a la isla que fue nuestro reino debió ser así. En la última escena, el matrimonio que tanto ha penado —cada cual por su lado— por reunirse vuelve a su antiguo lecho matrimonial, intacto desde entonces. ¿A dónde iban a retornar, si no? Y yo me quedo pensando en Argos, que siempre supo quién es su amo. Argos, ven: defiéndeme.

Publicidad