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Ignacio Vidal-Folch

La señora Ayuso busca piso, pero no le alcanza el sueldo

«Desde el principio vi clarísimo que Ayuso es un recipiente vacío y un constructo populista de manual»

Opinión
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La señora Ayuso busca piso, pero no le alcanza el sueldo

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. | Europa Press

Desde el principio supe que la señora Ayuso, Isabel Díaz Ayuso, «IDA», me iba a deparar horas de muy honesta diversión. Ahora la pobre dice que busca piso en Madrid (en realidad, según algunas fuentes malintencionadas, ya tiene uno), y que está frustrada porque los precios están muy caros. Fíjate tú. Que siendo ella la presidente de la Comunidad, y cobrando un sueldo muy sustancioso, por encima de los cien mil al año, no pueda pagar una hipoteca, habla muy elocuentemente del problema de la vivienda en la capital. ¡Será eso lo que quería ella denunciar! 

Claro que a lo mejor podría IDA, quiero decir la Comunidad, financiar un barrio de pisos dignos y asequibles, construir unos cuantos bloques baratos de «vivienda social» en algún barrio periférico, y luego adquirir ella misma uno de esos pisos benéficos. Siempre y cuando no haga lo mismo que en su día Ana Botella. La cual, siendo alcaldesa de la capital y encontrándose corta de fondos para gastarse en sus cositas se vendió 1800 viviendas sociales a un fondo buitre norteamericano: ¿Blackstone? ¿Blackrock?… Lo cual no fue bonito, pero salió de rositas de los tribunales, y desde luego en la prensa de derechas nadie se lo reprochó. Solo le pareció feo a los vecinos de esos pisos, que vieron inmediatamente multiplicado el alquiler, y a cuatro amargados izquierdistas.  

O, si le da pereza eso de edificar pisos de protección oficial, para poder ella comprarse uno, IDA podría pedir que le eche una manita su hermano; el cual, aprovechando la pandemia del coronavirus, hizo una pequeña fortuna vendiendo mascarillas a la Comunidad a un precio de escándalo, saliendo también de rositas, como todos los listillos que se lucraron con la angustia y la muerte del pueblo español y sin que IDA, claro está, supiera nada de tales «trapis». 

Pero no voy a seguir por ahí, que denunciar esto le costó muy caro a su jefe y amigo, el señor Casado, que estaba empeñado en limpiar la reputación del PP. Mejor decir que, adonde no llega el Estado, puede y debe llegar la iniciativa privada. ¡Se llama liberalismo!  

Como decía, baqueteado como estoy en el populismo nacionalista catalán, donde asistí a todas las cucamonas del victimismo que ahora ella repite, solo que poniendo en vez de a «Cataluña» a «Madrid» como víctima de la hostilidad del Estado (tiene guasa, de verdad), supe desde el principio que Ayuso me haría salivar con cierta frecuencia y que me reiría mucho a su costa.

Y enseguida me lo confirmaron aquellas fotos obscenas, tomadas en la Almudena y reproducidas por su prensa, en las que fungía de Mater Dolorosa y lloraba lágrimas de rimmel por los miles de ancianos muertos en las residencias de la Comunidad de Madrid que ella gestionaba, pero sin que ella tuviera responsabilidad alguna. La culpa era del comunismo. Ella sólo tenía la pena y las fotos.  

«Es especialmente gracioso que incluso algunos intelectuales de izquierdas hayan caído en la trampa de tomársela en serio como adalid de la libertad y paradigma del sentido común»

Desde el principio vi clarísimo que Ayuso es un recipiente vacío, y un constructo populista de manual, un producto de marketing publicitario del que sabemos, además, quién es el copy. Por eso es especialmente gracioso que incluso algunos intelectuales de izquierdas hayan caído en la trampa de tomársela en serio como adalid de la libertad y paradigma del sentido común. Mientras ella lo coloniza todo, y si hay unas carreras de motocicletas se enfunda un mono rojo y un casco, y si el Real Madrid gana la Champions posa alzando una Copa de pegolete, y si llega San Isidro, pues disfraz de chulapona. No se puede negar que tiene un fondo de armario interminable, ni que Miguel Ángel Rodríguez se lo curra, porque tiene que suministrar, cada día, una foto llamativa de Ayuso a la prensa amiga. Trabajazo. 

Pero ni siquiera MAR acierta siempre, o quizá es que IDA, negándose a ser una mera marioneta de sus maquiavélicos designios y discursos, dice también sus cosas, y entonces patina un poco, como cuando organiza becas para ayudar a las familias adineradas o cuando publica el «programa» de su viaje a Nueva York –para compararlo, ventajosamente según ella, con el de la ministra de Igualdad, tan denostado por una estampida de comentaristas ansiosos de pillar cacho-.

El viaje a Nueva York de Ayuso, su copy y sus jefes de prensa (tal era la naturaleza del modesto séquito: sólo publicistas; propaganda, all is phony) arrojó unas fotos igual de alegres y en el mismo escenario que el viaje, meses después, de la ministra, aunque con machotes en vez de hembras, lo cual siempre saca de quicio al facherío nacional; y consistió –en fin, según ella dice: a un político nunca es obligado creerle— en una serie de tonterías, citas y «reuniones» con medios de comunicación y ONG, casi todas de naturaleza y actividad latinoamericanas (quizá porque Ayuso habla correctamente el español), y con una serie de fondos de inversión más o menos depredadores a los que se supone que se trata de invitar a «invertir en», o sea, a zamparse, la Comunidad. Fondos, por cierto, como Blackrock, que tiene sede en… Madrid, en la torre Picasso.

Como también tienen sede en Madrid los medios de comunicación a los que Ayuso concedió en NY numerosas entrevistas: la COPE, Esradio, El Mundo, Telecinco…etc…

Además de unas declaraciones para un reportajito paseísta pero bastante ecuánime de The Wall Street Journal, que debe de ser el que firma en Madrid, el 2 de diciembre pasado, Adam O’Neal, y que comienza así: «Isabel Díaz Ayuso se convirtió a principios de este año en algo así como una sensación culinaria. Por lo menos un restaurante bautizó una pizza con su nombre«.

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