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Teodoro León Gross

Olona-Yolanda, vías paralelas

«Sumar de Yolanda Díaz y los Hermanos de España de Macarena Olona irán a las elecciones generales sobre la necesidad de rearmar la ilusión en los extremos»

Opinión
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Olona-Yolanda, vías paralelas

Macarena Olona. | Europa Press

Macarena Olona aspira a ser la Yolanda Díaz de la derecha: si Sumar va a surgir de las cenizas de Podemos, Olona remite su oportunidad al fracaso de Vox en las municipales de mayo. Ella quiere seguir su Camino. Así, en mayúscula. Vox le ha bajado el pulgar dictando que es «el final del camino», en minúscula; pero ella, con algo entre Machado y Kavafis más el punto añadido de Escrivá, confía en hacer Camino al avanzar. A través de periodistas de confianza –sus «periodistas en B», con los que ha mantenido confidencias más allá del argumentario oficial–  envía mensajes a su exconmilitones: arrieritos somos y en las municipales nos encontraremos. Es un duelo en diferido, para primavera. Olona, como Yolanda Díaz, no va a ir a esas elecciones, con la certeza de que Vox fracasará y entonces será su momento. Yolanda Díaz también evitará una guerra, como recomendaba Sun Tzu, en la que no tiene nada que ganar, de modo que dejará a Podemos perseverar y rematar su proceso de autodestrucción, para pilotar la reconstrucción del espacio de la izquierda como apuntó ayer.

De algún modo lo de Olona y Yolanda van a ser vías paralelas. No confundir con vidas paralelas, al modo de Plutarco emparejando griegos y romanos, pero ambas, en la extrema izquierda y en la extrema derecha,  van a perseguir respuestas con similitudes en las dos orillas del bipartidismo cada vez más revitalizado.

Claro que Yolanda Díaz tiene asegurados los focos como vicepresidenta del Gobierno de coalición, donde sólo necesita dar un titular de alguna «cosa chulísima» y ya es primera plana; por el contrario, Macarena Olona carece de plataforma, pero de momento está manejando con talento la tensión mediática, tanto que Vox no logra competir con ella. Ahí se ha desatado, en definitiva, la guerra clave: el relato. Será fundamental qué versión se imponga: Olona en el papel de víctima, presentándose como una mujer enviada al Vietnam imposible de la campaña andaluza y después exilada al sur de Despeñaperros, como si fuese la isla de Santa Elena o el castillo de If,  para arrebatarle el inmenso capital político ganado por ella como portavoz implacable en el Congreso generando más minutos de Whastapps que nadie; o una Olona con el marchamo de oportunista con el que la ha pasaportado Vox tras abandonar su compromiso en Andalucía con una crisis médica de recuperación milagrosa y desestabilizar a la organización al exigir un regreso a la carta. ¿Qué relato ganará? Es muy difícil que Olona, aunque se beneficie del rol de David frente a Goliat, pueda sostener durante semanas este nivel de atención, y tanto más durante meses. Los golpes de efecto se agotan, y sobre todo si detrás sólo hay un Mario Conde crepuscular sin nada en la recámara.

«Nadie pierde una batalla que no se libra. En las municipales es previsible que Podemos se estrelle y también Vox»

Yolanda Díaz ha sabido posponer su momento evitando un fracaso sin vuelta atrás: nadie pierde una batalla que no libra. En Andalucía maniobró pero desde bambalinas, más por hacer caer a Podemos que para exponer su crédito. Todo su desgaste público fue un gesto isabelino con la candidata de IU frente al hombre de Iglesias y Belarra, pero sin ir más allá de bendecirla rodeándola por la espalda con el brazo. En las municipales, es previsible que Podemos se estrelle. Y también Vox, tanto que Macarena Olona puede permitirse proclamar cínicamente que ella desea que tengan éxito, a sabiendas de que el desastre en las municipales es su momentum. Ambas van a tratar de mantener del rol de espectadoras hasta entonces, incluso compungidas, mientras ven ambos espacios ideológicos arrasados, estos que ves, Fabio, ay dolor, campos de soledad, mustio collado, etcétera.

Sumar de Yolanda Díaz y el Hermanos de España de Olona –léase con carácter meramente gráfico– irán a las generales sobre la necesidad de rearmar la ilusión en los extremos. Serán cosas distintas. Podemos va a desmoronarse irreparablemente, y Yolanda Díaz tendrá la estructura de Izquierda Unida y el motor de los sindicatos;  en cambio, Vox sufrirá pero no se desmantelará, y Olona tendrá que apostar a una fórmula Meloni para generar un nicho sugestivo con esa ispirazione. Pero todo esto será difícil si cunde el desencanto de la nueva política y se regresa al bipartidismo con un PSOE ensanchado a la izquierda y el PP desde el centro con mucho recorrido. Ahí podrían estrellarse esas vías paralelas.

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