THE OBJECTIVE
Jorge Vilches

Censura para 'dummies'

«La política no es una subasta de zascas. Retirar la moción de censura para que nadie se distraiga de las torpezas del Gobierno es un bien mayor para la nación» 

Opinión
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Censura para ‘dummies’

Presentación de la moción de censura.

Queridos niños: una moción de censura no es un mitin ni una conferencia. No se trata tampoco de una figura constitucional para insultar a nadie. Menos aún consiste en premiar a un intelectual. Los espectáculos, por otro lado, deberían darse en otros sitios que no fuera donde está representada la soberanía nacional. Es más; cuando la crisis política es definida como insoportable la oposición debe mostrar un respeto exquisito a las formas. 

Es conveniente, además, que no nos traten como a tontos. Uno está cansado de que este Gobierno, desde cada una de sus partes mesiánicas, nos hable como si fuéramos memos. Esos vídeos de bodorrio protagonizados por Su Sanchidad unidos a la zafiedad ignorante de los podemitas, con esos argumentos de bochorno, nos demuestra que piensan que somos idiotas. 

El panorama es desolador si a esto unimos el esperpento de la moción de censura de Vox, anunciada el año pasado para ocultar sus fracasos. No es que no haya motivos para criticar a este Gobierno chapucero y mentiroso, es que la forma no es presentar a Tamames para que dé una conferencia sobre su pensamiento como si fuera el Ateneo, y luego Abascal censure sin límite. Son la coartada y el censor.  

«La desafección hacia la democracia liberal comienza cuando las formas no importan»

Está visto que también una parte de la oposición nos trata como si fuéramos dummies. Esta moción de Vox es muy similar a lo que hizo Ciudadanos en Cataluña cuando, tras ganar las elecciones en diciembre de 2017, sus dirigentes se piraron sin presentar su investidura. Quienes salieron ganando con la retirada de Cs fueron los nacionalistas. Un desprecio así a los electores y a las libertades que defendían fue el inicio del fin de aquella formación y abonó la situación que padecemos ahora. 

Los españoles merecemos un respeto. La desafección hacia la democracia liberal comienza cuando las formas no importan y la legitimidad está en las intenciones, no en el respeto escrupuloso a la ley y a su espíritu. Retorcer las normas y las instituciones, como ha hecho Sánchez con los indultos y la malversación, o Vox con esta moción de censura, cada uno en su grado, es un deterioro al respeto general hacia la democracia

Luego viene la sorpresa cuando las encuestas dicen que los jóvenes se muestran dispuestos a sacrificar sus derechos con tal de que el Estado les provea de lo material. No perdamos de vista que estamos en la era del igualitarismo, donde ya no se habla de combatir la pobreza, sino de repartir la riqueza. La consecuencia es que la libertad es un valor a la baja, al tiempo que se da carta blanca a los Estados para intervenir en la vida privada de los individuos.

«¿Para qué defender que existan frenos judiciales y parlamentarios a la acción del Gobierno si todo es una caricatura?»

Si los políticos, incluso los de la oposición, desvalorizan las normas y las instituciones es lógico que la gente también lo haga. ¿Para qué defender que existan frenos judiciales y parlamentarios a la acción del Gobierno si todo es una caricatura? Es así como una democracia liberal se va deteriorando, cuando a la falta de respeto de los dirigentes políticos se une la desafección general. 

La oposición tiene una misión política que va más allá de tener visibilidad, o de quedar bien frente a sus competidores. La política responsable no es una subasta de zascas e imposturas. En toda vida política hay un tiempo para el radicalismo y otro para la sensatez, sobre todo cuando las cosas van mal. A veces, dar un paso atrás como retirar la moción de censura para que nadie se distraiga de las torpezas del Gobierno es un bien mayor para la nación. 

De todas formas, siempre habrá quien quiera un día de insultos en el Congreso, ver las caras de sus enemigos cuando el otro suelte la gracia que escribió un asesor, los aplausos preparados, y las risas de los estómagos agradecidos. No se dan cuenta de que la España constitucional no está para chorradas, aunque como diría Raymond Aron, la propaganda se convierte en la acción política suprema cuando los hombres son tontos y crédulos.

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