THE OBJECTIVE
Luis Antonio de Villena

Sánchez en el enfermo límite de sí mismo

«En este momento Sánchez no tiene otra ideología que su yo al cubo. Sánchez destruye al PSOE de siempre para crear el PSS, Partido Sanchista Socialista»

Opinión
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Sánchez en el enfermo límite de sí mismo

Carles Puigdemont y Pedro Sánchez. | Alejandra Svriz

Estos últimos días hemos oído hablar mucho a favor o en contra (más en contra) de la amnistía a Puigdemont y los suyos por siete votos. Y yo me digo que no es tan importante la amnistía en sí -estando en contra- sino lo que eso significa obviando a la mayoría de los españoles y en el camino de lo único que importa a Junts, a Esquerra, a Bildu o al PNV: la independencia. Sánchez les da igual, será -está siendo- el tonto útil (que decían los marxistas) alguien que, por apego y desmedida ambición de poder, lo cede todo. Presidente de una nación que él mismo hace por fragmentar y rebajar. Bochorno. Y no es una operación de agrupación de la izquierda, pues Sánchez pacta ahora mismo con la derecha independentista. ¿O es que el PNV es marxista, leninista y romano? 

Unos recuerdos: En 1976 (iniciándose la Transición, que Sánchez desmantela) el independentismo apenas existía. Esa gran, multitudinaria Díada de septiembre del 76, por supuesto no pedía independencia, sino -asómbrese alguno- Estatuto de Autonomía. Poco después -ya en el 77- Jordi Pujol, un banquero con trampas (asunto Banca Catalana) ferozmente independentista y de derechas, pero que sabía que en ese momento los independentistas existían apenas, va a La Moncloa a entrevistarse con Suárez -que no siempre acertó, muy sobrevalorado- a pedirle la autonomía para Cataluña. Tan cauto era el artero Pujol que lo que pide a Suárez es que se reponga la Autonomía de 1932, muy moderada y que consagraba el bilingüismo. En los tranvías de Barcelona, digamos, cualquier aviso oficial iba por ley en las dos lenguas. Pero Suárez (primer error) dio a Pujol mucho más de lo que pedía.

Y Jordi pudo decir a los suyos no sólo que había ganado, sino que los independentistas -muchos- no nacen, se fabrican. Basta hacer del victimismo una ley, disfrazar el complejo de inferioridad en su contrario y por supuesto -odio- evitar la voz España, se impone Estado español, e ir lenta pero incansablemente atacando, mermando y persiguiendo el idioma español, el tercero más hablado del mundo y vehículo de una importantísima cultura que rebasa los límites peninsulares. En el País Vasco se hace lo propio, pero el salvajismo de ETA, sus matanzas, en algunos momentos actúan, paradójicamente, contra la meta independentista. Jordi Pujol es el constructor del independentismo catalán y es un millonario totalmente de derechas.

«Puigdemont no da las gracias a la rendición de Sánchez, sino que lo amenaza: Sánchez -acaba de decir- tendrá que ganarse nuestro apoyo día a día»

Sánchez dice que pacta (más bien se entrega) al separatismo catalán (prefiere separatismo a independentismo, aunque sean lo mismo) por el bien de España, por progresismo (¿?) y para sellar un reencuentro con Cataluña. No hace falta ser demasiado inteligente o iluminado para saber que ese discurso es una pura paparrucha. Es imposible dejar de ver que Sánchez actúa por enfermiza megalomanía monclovita y que sólo le importa él mismo. En este momento Sánchez no tiene otra ideología que su yo al cubo. Sánchez destruye al PSOE de siempre (el de González o Guerra, digamos) para crear, entre acólitos palmeros, el PSS, Partido Sanchista Socialista. ¿Qué más pediría un egomaníaco?

Para peor, Puigdemont y su tropa no dan las gracias a la rendición de Sánchez, sino que lo amenazan: Sánchez -acaban de decir- tendrá que ganarse nuestro apoyo día a día. O sea, dando siempre lo que le pidan. El necio y peronista papa Francisco, aplaudirá que sea la catedral de Girona la primada de España -poco antes de la independencia- mientras Toledo quede en anécdota. ¿Es esto construir un país? Todo eso ni es «construir» ni siquiera es «izquierda». Lo dije otra vez: ¿Qué pensaría Tierno Galván o Gregorio Peces Barba, socialistas de pro, hombres muy cultos y uno de ellos marxista, de las salidas de pata de banco, llenas de ignorancia, de la lideresa comunista Yolanda Díaz? No les llega ni a la suela del zapato política ni intelectualmente. Ni se les acerca tampoco Irene Montero ni su Pablo Iglesias, que prefieren el grito al razonamiento, ni por supuesto los alcanza Sánchez. 

¿Será Pedro Sánchez capaz de decirle al Rey (al que pone en un momento delicado, pero tampoco le importa) que todo su laborioso y servil proceso de investidura es sólo por el bien de España?  Si Sánchez es investido con los apoyos independentistas, de derechas o de extrema izquierda es lo mismo, nos esperan años convulsos, pero también al mismo Sánchez a quien todo se le hará cada vez más cuesta arriba. Sánchez acaba de llegar al enfermizo borde de sí mismo. Todo vale a mayor gloria de Sánchez azulito. ¿Lo resistirá él mismo? ¿Caerá el presidente en una figura retórica llamada histerología, y hablo en símbolo, cuyo ejemplo socorrido es la frase virgiliana «Muramos y lancémonos en medio del combate»? 

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