España crece, pero sus familias no tanto
«Las familias españolas disponen de menos renta que la media europea para sostener su consumo y su ahorro»

Ilustración de Alejandra Svriz.
La economía española puede crecer más que la media europea y, al mismo tiempo, sus hogares seguir perdiendo convergencia real con la media europea. Esta tesis refleja fielmente una realidad que ha costado años situar en el centro del debate económico. Demasiado tiempo mirando hacia otro lado, deslumbrados por la comparación de la tasa de crecimiento real del PIB de España con respecto a los grandes países del bloque occidental.
La clave para un análisis cabal de la situación económica está en observar dos variables conjuntamente: por un lado, la renta disponible real de las familias y, por otro, la riqueza neta, también en términos reales. La primera mide la capacidad presente para vivir, consumir, ahorrar y emanciparse; la segunda mide el colchón patrimonial acumulado para resistir crisis, financiar proyectos vitales o complementar la jubilación. En ambas dimensiones, España muestra una vulnerabilidad estructural frente a la media de la Unión Europea y de la eurozona.
El primer problema es de renta. Según Eurostat, entre 2004 y 2024 la renta real per cápita de los hogares de la UE creció un 22%, mientras que en España apenas lo hizo un 11%, el tercer peor dato de la Unión, solo por delante de Italia y Grecia. En dos décadas, España ha crecido, pero sus hogares han divergido respecto a la media europea. En renta disponible bruta ajustada por habitante y medida en paridad de poder adquisitivo, España ha perdido seis puntos de convergencia real con la UE. Si comparamos con el inicio de la gran crisis de 2008, la renta española cerró 2024 solo un 3,94% por encima de ese nivel, frente a un 14,4% de la media de la UE, un 16,2% de Alemania o un 13,4% de Francia. Solo Italia está peor: un 4,25% por debajo del nivel de 2008.
España crea empleo; es una economía cuyo tamaño es sustancialmente mayor, pero no transforma suficientemente este mayor tamaño en renta disponible comparable. La explicación combina varios factores: menor productividad total de los factores por hora efectiva de trabajo, mayor peso de empleos de salarios medios y bajos, una presión fiscal efectiva creciente sobre el trabajo vía cotizaciones sociales elevadas, inflación acumulada en bienes esenciales que no ha sido corregida en los impuestos y una vivienda cada vez más cara. El resultado es que el hogar medio español llega peor a final de mes que el hogar medio europeo y, sobre todo, tiene menos margen para ahorrar después de pagar impuestos, cotizaciones, alquiler o hipoteca, energía, alimentación y transporte.
La Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España (EFF, datos de 2024) confirma que la situación patrimonial ha mejorado algo, pero sin corregir el problema de fondo. Entre finales de 2022 y finales de 2024, la riqueza neta mediana de los hogares aumentó un 6% y la media un 3%, prolongando la recuperación iniciada en 2017. Sin embargo, esa mejora debe leerse con cautela, porque buena parte de la riqueza familiar española no es líquida, no genera renta recurrente y depende de la evolución del precio de la vivienda.
Ahí aparece el segundo problema: España no solo tiene menos renta disponible que la media europea, sino que además concentra demasiada riqueza en activos inmobiliarios. Según la EFF 2024, los activos reales representan todavía el 77% del total de activos de los hogares; la vivienda principal supone el 41,7% del total de activos y otras propiedades inmobiliarias otro 26,9%. En conjunto, cerca de siete de cada diez euros del balance familiar están vinculados al ladrillo.
La comparación europea no deja a España en buen lugar. En la Encuesta Financiera del BCE (HFCS, datos de 2021), los activos reales representaban el 79,9% del total en la eurozona y el 79,5% en España; los financieros, el 20,1% y el 20,5%, respectivamente. Pero la similitud agregada oculta una diferencia cualitativa: en España la vivienda cumple una función patrimonial mucho más intensa, porque el alquiler es menos estable, el mercado financiero minorista está menos desarrollado y el ahorro a largo plazo tiene menos profundidad que en otros países europeos.
El dato más revelador es la brecha entre propietarios y no propietarios. En 2024, el 70,6% de los hogares españoles era propietario de su vivienda principal y el valor mediano de esa vivienda era de 170.000 euros. Pero la riqueza neta mediana de los hogares propietarios ronda los 239.000 euros, mientras que la de quienes viven en otro régimen apenas supera los 6.000 euros. Esto significa que en España la frontera patrimonial decisiva no es solo trabajar o no trabajar, sino haber podido o no comprar vivienda.
Este modelo genera una fractura generacional. Los hogares mayores aparecen como patrimonialmente sólidos porque compraron vivienda en ciclos de precios, tipos y condiciones laborales anteriores. Los jóvenes actuales, en cambio, se enfrentan a salarios de entrada modestos, alquileres elevados, precios de compra tensionados, mayores exigencias de ahorro previo y una edad de emancipación tardía. El Banco de España señala que la vivienda siguió condicionando de forma importante la situación financiera de muchas familias entre 2022 y 2024.
La deuda ha bajado, pero no ha desaparecido el riesgo financiero. A finales de 2024, el 25% de los hogares tenía deuda pendiente por la compra de vivienda principal, con una deuda mediana de 60.900 euros entre quienes mantienen ese tipo de obligación. Además, la deuda hipotecaria sobre vivienda principal seguía representando el 64,6% de toda la deuda de los hogares. Es verdad que el peso de la deuda sobre activos totales se redujo del 9,2% al 8,1% entre 2022 y 2024, pero la mejora agregada no elimina la vulnerabilidad de los hogares que compraron tarde, con precios altos o con tipos de interés más elevados.
En comparación con la eurozona, España muestra una proporción mayor de hogares endeudados: el 56,9% tenía algún tipo de deuda en la HFCS 2021, frente al 42,9% de la media del área euro. También tenía más hogares con deuda hipotecaria: el 34,6% frente al 23,7%. Además, la ratio mediana deuda/renta era del 98,5% en España frente al 72,8% en la eurozona, y la ratio mediana servicio de la deuda/renta era del 14,8% frente al 12,8%. Es decir, el hogar español medio endeudado dedica una parte mayor de su renta al servicio de sus obligaciones financieras.
El verdadero problema no es que España sea un país de propietarios, sino que la propiedad de la vivienda se ha convertido en sustituto imperfecto de una renta suficiente, un mercado financiero profundo y un sistema sólido de ahorro a largo plazo. El balance familiar español parece sólido porque tiene activos, pero esos activos son poco líquidos, están concentrados y dependen de un mercado sometido a fuertes tensiones regulatorias, demográficas y de oferta. La vivienda protege a quien ya la tiene, pero expulsa patrimonialmente a quien aún no ha podido entrar.
Por eso, España no tiene solo un problema salarial ni solo un problema de vivienda. Tiene un problema de convergencia familiar. Las familias españolas disponen de menos renta que la media europea para sostener su consumo y su ahorro, y cuando consiguen acumular riqueza, lo hacen de forma excesivamente dependiente del ladrillo. Menos renta disponible y más patrimonio inmovilizado: esa es la doble pinza que explica por qué tantos hogares españoles viven peor de lo que sugieren las grandes cifras macroeconómicas.