The Objective
Ignacio Vidal-Folch

Lo del rincón es lo que me está dando muy mal rollo

«Pienso que una buena policía es la base de la convivencia, y uno de los mayores atractivos de nuestro país para millones de inmigrantes»

Opinión
Lo del rincón es lo que me está dando muy mal rollo

Ilustración creada por IA.

Pocos días después del funeral, me encontré con su mayordomo, a la puerta del colegio. Yo iba a recoger a un niño, y él esperaba que saliera otro, el huérfano.

—Ahora que Chema ha muerto, y usted se va a quedar sin trabajo, ¿qué va a hacer?, ¿se vuelve a su país? —le pregunté.

—Noooo, señor… Nunca.

—Ah, yo pensaba que…

Hubo una pausa y me dijo:

—Vea usted… ¿Verdad que si aquí en España te matan o te roban, la policía intenta encontrar al culpable?

—Sí, claro…

Bueno, en mi país, si matan a tu padre, no pasa nada, la policía no investiga, a no ser que tú le pagues, y en el caso de que no haya sido la misma policía la que lo mató. Si sufres un accidente de tráfico, y el culpable es el conductor del otro coche, pero tiene dinero para sobornar a la policía, pues acabas tú en la cárcel… ¿Entiende? Yo no regreso allí. 

Entiendo. De hecho, con cierta frecuencia me emociona leer en la prensa que la policía, después de cuatro, cinco, seis años de un crimen, ha seguido investigando y ha logrado resolverlo. O que poco antes de que expirasen las consecuencias legales de un asesinato, algún agente anónimo, en alguna comisaría provincial, ha vuelto a abrir el dosier, se ha hecho un último esfuerzo y han logrado atrapar al asesino.

Por ejemplo, hace unas semanas, en el pueblo de Hornachos (Badajoz). Una mujer de mediana edad llamada Francisca Cadenas, de la que todos decían que era muy buena persona, desapareció en el callejón donde vivía, una mañana del año 2017, sin que nadie volviera a verla nunca más. 

Las circunstancias de su extraña desaparición apuntaban a dos hermanos solteros, Julián y Manuel, de 50 y 55 años, que vivían en el mismo callejón, dos puertas más allá. Se les interrogó, pero respondieron con el mayor aplomo y no se sacó nada en claro. El caso quedó provisionalmente archivado.

Casi diez años después, la UCO y la comandancia de la Guardia Civil reabrieron las investigaciones, en las que participaron nada menos que 50 agentes. Realizaron en el callejón ostentosas reconstrucciones de los últimos momentos en que la mujer fue vista, pusieron carteles de «Desaparecida», con el rostro de Francisca, en las paredes de los alrededores, para presionar psicológicamente a los dos hermanos, siguieron discretamente sus movimientos, pusieron micrófonos en sus dos coches y en su casa…

En una de esas grabaciones se les oyó decir que el cuerpo nunca sería hallado, y a Julián decirle a su hermano: «Lo del rincón es lo que más mal rollo me está dando». Manuel lo interrumpió inmediatamente: «Juli, no empieces a comerte el coco…»

Siempre hay un sórdido rincón en cada vida. La mención del «rincón del mal rollo» les pareció muy significativa a los investigadores. Obtuvieron una orden de registro. Unos días después de esa conversación, el pasado 11 de marzo, encontraron el cuerpo enterrado en un rincón del patio de la vivienda. La víctima tenía las manos atadas y había sido agredida sexualmente antes de ser asesinada. A los hermanos no les cupo más que confesar: uno de ellos estaba obsesionado sexualmente con la desventurada, aprovechó una ocasión en que la vio sola en el callejón, la hizo entrar en su casa con una excusa, y allí…

¿Qué clase de imperativo obligaba a unos agentes de la Guardia Civil a obstinarse en el caso de una mujer desaparecida, una mujer del «montón», quiero decir que no era una marquesa, que no tenía influencias políticas o financieras, por la que solo se interesaban algunos parientes y vecinos de Hornachos, Badajoz?

¿Un instinto de cazador que no descansa ni se da por satisfecho hasta cobrarse su pieza? ¿Una inquietud moral? ¿Un prurito profesional, un pundonor dolido por no haber sabido resolver el caso diez años atrás? ¿Una compasión activa por la mujer desaparecida…? Desde luego, en este caso, y en muchos otros de los que se habla en la prensa con cierta frecuencia, hay algo que va más allá de todo cálculo económico.

Cuando leo cosas así, me acuerdo del mayordomo de Chema, que decidió quedarse en España porque aquí el crimen no necesariamente queda impune. Y pienso que una buena policía (al margen de que tal o cual agente sea un borde, o acuse a un inocente, o tal mando se haya dejado corromper) es la base de la convivencia, y uno de los mayores atractivos de nuestro país para millones de personas como él.

No se me oculta que es una conclusión bastante rasa, chata, elemental… Pero como ciertos esfuerzos dignos de admiración son raras veces reconocidos, aquí la dejo, en negro sobre blanco…

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