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España

Vox busca recomponer la maltrecha relación con la Iglesia católica

Los dirigentes de la formación verde y la jerarquía eclesiástica española acercan posturas a través de encuentros informales y actos oficiales

Vox busca recomponer la maltrecha relación con la Iglesia católica

El líder de Vox durante una rueda de prensa. |Jesús Hellín (Europa Press)

Vox quiere expiar sus pecados. Sus dirigentes han protagonizado en los últimos tiempos sonoros desencuentros con la Iglesia católica. Las discrepancias han alcanzado incluso al papa Francisco, al que Santiago Abascal se refirió como «ciudadano Bergoglio». En la formación verde no gustaron sus declaraciones sobre el salario universal ni la inmigración. Unas tesis que comparte un amplio sector de la jerarquía eclesiástica española y que deterioró la relación. Ambas partes tratan de recomponerla con una serie de encuentros informales y actos oficiales.

Compartir mesa y mantel siempre es una buena manera de acercar posturas. Según ha podido saber THE OBJECTIVE, Abascal ha comido en dos ocasiones en los últimos meses con un alto dirigente de la curia española. Desde la formación verde aseguran no estar al tanto de esos encuentros, que «forman parte de su agenda privada». Un portavoz de la Conferencia Episcopal Española explica que se reúnen con todas las organizaciones políticas y sociales que lo solicitan.

Vía de diálogo

«Esos encuentros no van más allá de conocer posturas, puntos de vista o posiciones ante cuestiones que afectan a la sociedad española o a la vida de la Iglesia», insiste este portavoz, que asegura que la relación con Vox es «similar a la que se pueda tener con cualquier otro partido» y que todos sus encuentros se rigen «por los mismos principios». Según ha podido saber este periódico, los contactos con la formación verde han ido un paso más lejos.

Los resultados de Vox en las elecciones catalanas del pasado 14 de febrero, donde obtuvo 11 escaños, motivaron un acercamiento de la jerarquía eclesiástica para abordar la situación política española y, en particular, del procés. El primer encuentro tuvo lugar en Madrid, pero el asunto derivó pronto a Cataluña. Esta vía de diálogo con los obispos catalanes, liderada por el arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Juan José Omella, continúa abierta.

El cardenal Carlos Osoro interviene en el Sínodo. | Foto: Archidiócesis de Madrid

No todos son encuentros informales. El martes, una veintena de políticos de diferentes formaciones asistieron en la catedral de La Almudena a la fase diocesana del Sínodo de los Obispos, dirigida por el arzobispo de Madrid, el cardenal Carlos Osoro. Entre los asistentes se encontraban dos miembros de Vox, Íñigo Henríquez de Luna, portavoz adjunto en la Asamblea de Madrid, y el parlamentario Pablo Gutiérrez de Cabiedes.

Los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) revelan que el 59,8% de los españoles se define como católico. La formación verde ha mantenido durante años una calculada posición para evitar cualquier crítica tanto a la Iglesia como al Papa para no espantar a ese segmento del electorado. La entrevista del Santo Padre con Jordi Évole en la precampaña de 2019 cambió el escenario. Sobre todo, las palabras que pronunció el pontífice en el avión de vuelta a Roma: «Los constructores de muros acabarán siendo prisioneros de los muros que levantan».

«Ciudadano Bergoglio»

En esos momentos, Abascal centraba su discurso en la inmigración. Solicitaba sustituir las vallas de Ceuta y Melilla por un muro, así que se dio por aludido. Días más tarde, durante una entrevista en la radio, afirmó tener un profundo respeto católico por el Santo Padre, pero «cuando habla el ciudadano Bergoglio y da sus opiniones políticas, las respeto, pero no tengo por qué compartirlas».

Un año después, el líder de la formación verde volvió a referirse al Papa como «ciudadano Bergoglio». Lo hizo después de que Francisco propusiera la creación de un salario universal cuando España discutía la aprobación de un ingreso mínimo vital. «A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César», respondió Abascal, que subrayó que los políticos tienen que hablar de medidas políticas y no deben opinar sobre la liturgia o la comunión. Una indirecta al Santo Padre.

El presidente de Vox tras recurrir la ley de eutanasia. | Foto: Isabel Infantes (Europa Press)

No son las únicas polémicas. En septiembre, el pontífice pidió perdón a México por los pecados de la Iglesia durante la evangelización de América. Iván Espinosa de los Monteros criticó sus palabras: «No entiendo qué hace un Papa de nacionalidad argentina disculpándose en nombre de los demás». En pleno revuelo por el papel de España en la conquista, el diputado de Vox aseguró que nuestro país debía «estar orgulloso» de su legado histórico y cultural.

Un amplio sector de la jerarquía eclesiástica española defiende la posición del Papa y mantiene distancias con la formación verde, especialmente en el asunto de la inmigración. «El mundo no se arregla construyendo muros, sino haciendo puentes», insistió el cardenal Osoro en las elecciones de 2019. El secretario general del Vox, Javier Ortega Smith, le recordó que las fronteras no son competencia de la Iglesia y pidió al Vaticano «abrir las puertas a la inmigración ilegal».

Dos sensibilidades

«Como en casi todas las cosas de la vida, con Vox hay disonancias y convergencias», admite un alto cargo de una diócesis española que prefiere mantener el anonimato. Entre las cosas que ambas organizaciones tienen en común señala la defensa de la familia y de la vida, lo que concierne tanto al aborto como a la eutanasia. Suma el amor por la patria, aunque señala que esta «no es patrimonio de Vox ni de la Iglesia», y la ideología de género. Sin embargo, reconoce que hay una distancia sideral en temas de inmigración.

El dirigente católico admite que, en la curia española, hay dos sensibilidades, una que no comparte ciertos puntos del programa de Vox y que observa preocupada su ascenso, y otra que alaba al partido. En ese segundo grupo se encuentran los obispos de Córdoba, San Sebastián, Oviedo, Burgos o Alcalá de Henares. En el seno de la Iglesia existe una lucha de poder soterrada entre el sector más progresista, liderado por el propio Francisco, y otro más conservador, que tiene en el cardenal Robert Sarah, natural de Guinea Conakry, a uno de sus principales baluartes. Abascal lo visitó en Roma en septiembre de 2019.

El papa Francisco junto al cardenal Robert Sarah. | Foto: Maria Grazia Picciarella (Zuma Press)

Abascal ha contrapuesto en alguna ocasión las posiciones del Papa con las de Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. El líder de Vox incluso tuiteó una de las frases del africano: «La Iglesia no puede colaborar en esta nueva forma de esclavitud en que se ha convertido la inmigración de masas». El cardenal también ha protagonizado algunas salidas de tono que el Santo Padre ha desautorizado públicamente, como cuando comparó la ideología de género con el Estado Islámico. Sarah habló de esos postulados en Madrid durante la última campaña electoral. 

Las posiciones críticas de Vox y su defensa férrea de los valores tradicionales han encontrado un amplio seguimiento entre miembros del Opus Dei y del Camino Neocatecumenal, conocidos como los kikos. Además, el ascenso de Abascal no se entiende sin el decidido apoyo de HazteOir, la asociación ultracatólica conocida por sacar a la calle autobuses con mensajes en contra del colectivo LGTBI.

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