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Por qué se puede decir «filoetarras»

«Incluso para un acróbata del pasado como Sánchez parece demasiado arriesgada la pirueta por la que ETA ha desaparecido pero Franco sigue vivo»

Por qué se puede decir «filoetarras»

Los diputados de EH Bildu, Mertxe Aizpurua, y Oskar Matute, durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados. | Carlos Luján (EP)

Patricia Rueda calificó a la izquierda abertzale de «filoetarras» y retiraron el término del Diario de Sesiones del Congreso. Hace tiempo que uno asumió que el Parlamento es una bolera, pero aquí hemos comprobado oficialmente dónde está el techo de lo intolerable para la Presidencia de la Cámara, unas palabras tan malditas que fueron condenadas a borrarse del relato de lo que allí pasó, de lo que allí se dijo. Palabras que nunca fueron dichas. 

Cabe preguntarse de qué sirve un diario de sesiones que no recoge lo que allí se dijo por terrible que sea lo que se dijo, pero sobre todo, cabe preguntarse qué tiene de malo «filoetarras», prefijo filo del griego philos -amante, amigo-, y el sufijo etarra, esto es perteneciente a la banda terrorista ETA. Si representan a los presos de ETA -¡si leen en el Congreso los comunicados de los presos de ETA!-, si algunos de ellos han pertenecido a ETA, ¿cómo no van a poder calificarse como amigos de ETA?

En realidad, el rifirrafe del Congreso, lejos de girar en torno a la manida grosería, nos asoma a un debate ontológico mucho más interesante. Acaso, la única posibilidad de que el «filoetarra» dejara de considerarse de esta manera sería que se hiciera realidad la ansiada condición de que ETA no existiera. Y ETA no existe técnicamente, pero dejó de actuar hace tan poco tiempo y le sobreviven sus víctimas, su dolor, sus efectos sobre la sociedad a la que tiranizó y el proyecto político que la hizo posible en el que militan justamente sus amigos. Solo teniendo en cuenta únicamente el presente puro podríamos dejar de considerar a ETA, aunque esto es difícil en la izquierda que a cada paso reclama -en ocasiones justamente-, la memoria de la Dictadura y hasta de la Conquista de México. Incluso para un acróbata del pasado como Sánchez parece demasiado arriesgada la pirueta por la que ETA ha desaparecido pero Franco sigue vivo. 

Así dicho, «filoetarra» hiere y alude a lo miserable. Me pregunto si terrible es el uso del término o hiere la realidad que representa. Si es que hiere más acusar a una formación política de tener una querencia hacia ETA o lo ofensivo consiste que en España una fuerza política se dedique a blanquear, a justificar y a dar continuidad política a un movimiento abyecto con 850 muertos encima de la mesa y que dejó de matar ayer. Eso, al parecer, no molesta. 

«No parecen quejarse los de Bildu por la calificación de filoetarras; el que se ofende es el Gobierno que gobierna con ellos»

La ofensa sanchista al escuchar «filoetarras» no consiste propiamente en acercar ETA a Bildu, sino en acercarla al sanchismo, al propio Sánchez que hace descansar en la formación política su supervivencia. No parecen quejarse los de Bildu por la calificación de filoetarras; el que se ofende es el Gobierno que gobierna con ellos y que necesita borrar su relación con el terrorismo para gozar de su compañía con perfecta salud electoral. 

A quien más ofende el calificativo es al propio Gobierno y así se explica perfectamente esta prisa sanchista que pierde lo que haya que perder por que la izquierda abertzale sea una fuerza homologable. Me refiero a estas prisas por perdonar en las que dejar de matar es garantía de limpieza política, puerta a la reconciliación y la charanga del conflicto entre dos bandos enfrentados, cuando aquí lo que hubo es una parte que mataba y la otra que moría. 

Esta ecuación terrible deja en fuera de juego a las víctimas (algunas perdonaron legítimamente y otras, legítimamente, no), las opone falsamente a una pretendida sociedad en paz. Se aparecen poco menos que como histéricas, tan afectadas por el horror que sufrieron que presentan una suerte de discapacidad para el presente en el que el Gobierno pacta con los descendientes de sus verdugos. En esta imagen deformante de la realidad, la víctima siempre es señalada como hipersensible y dueña de un discurso tan hiperbólico que en Bildu son «filoterroristas». 

Y no es que Bildu esté poblado por «filoterroristas», es que algunos de sus miembros son los terroristas mismos, exterroristas si se quiere y si esta condición se puede abandonar para siempre. 

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