Maldivas deporta a una 'influencer' española de buceo por hacer negocios sin autorización
La firma maldiva para la que trabajó Ana Hernández Sarriá la acusa de no pagar facturas por valor de 117.000 dólares

La influencer Ana Hernández Sarriá
Problemas para la conocida influencer Ana Hernández Sarriá. La República de Maldivas ha decidido deportar y prohibir la entrada en el país asiático a esta empresaria madrileña, dueña de un imperio de buceo con ballenas y tiburones, durante los próximos diez años después de que fuese denunciada por hacer negocios sin autorización en la isla de Maafushi, según reza la resolución del departamento maldivo de inmigración, firmada en mayo de 2025 y a la que ha tenido acceso THE OBJECTIVE. Además, la empresa para la que Hernández Sarriá trabajó hasta 2024, Shadow Palm Maldivas, la acusa de no haber pagado facturas por un valor de 117.000 dólares y de sustraer distintos bienes cuando decidió concluir su relación laboral con la firma. Unos hechos que todavía investigan las autoridades del país.
La influencer, conocida también por organizar viajes de buceo en países paradisíacos para otros creadores de contenido españoles, ganó notoriedad tras publicar su primer libro, Entre Azules, en el que narró su experiencia tras quedarse atrapada en Maldivas durante la pandemia. En ese momento, Sarriá ya trabajaba como guía de excursiones para la citada empresa, que la formó como instructora de buceo, snorkel, seguridad acuática y editora de vídeo y foto. Cinco años después, sin embargo, el dueño de la firma, Ali Razzan, denuncia que su negocio está sufriendo graves consecuencias porque la española, pese a ser expulsada del país, continúa enviando turistas bajo el nombre de la compañía que ambos crearon y que lleva el mismo nombre del libro.

El problema, según explica Razzan en conversación con este periódico, es que la empresaria ha construido su negocio en torno al nombre de Entre Azules, cuando esta firma está registrada en Maldivas y pertenece legalmente a Shadow Palm Maldivas. «El uso continuado por parte de Ana Hernández nos afecta directamente, ya que las autoridades realizan consultas relacionadas con impuestos y los huéspedes entran en Maldivas bajo el nombre de Entre Azules. Desde el inicio del conflicto no hemos utilizado el nombre en promociones, dado que ella lo utiliza, pero la marca es nuestra», denuncia el dueño la compañía maldiva. THE OBJECTIVE ha tratado de recabar la versión de la escritora, pero no ha obtenido respuesta.
El acuerdo tras el éxito del libro
Tras su regreso a España, la publicación del libro y el éxito cosechado, la escritora e influencer, que cuenta con más de 300.000 seguidores en su cuenta de Instagram, contactó con Shadow Palm para hablar sobre futuras colaboraciones. Fue en ese momento cuando ambas partes acordaron establecer un negocio de retiros en Maldivas bajo el nombre de Entre Azules. Según la versión del empresario afectado, Hernández Sarriá había comentado que quería comprarse una casa en España y este proyecto se prestaba como una vía para alcanzar dicho objetivo a corto plazo.
De esta forma, la firma maldiva proporcionó a la madrileña una propiedad hotelera para el retiro y selló un acuerdo en el que la empresa tenía la propiedad del hotel y Sarriá el control operativo del negocio, así como el 100% de los beneficios generados por el establecimiento de hospedaje. Mientras tanto, el equipo de Shadow Palm apoyaría todas las operaciones, gestionando excursiones y ofreciendo actividades relacionadas con el océano para turistas y también influencers. Un plan de empresa que, aunque arrancó lentamente, alcanzó gran éxito comercial.
Transcurrido un tiempo, sin embargo, la relación entre los socios comenzó a deteriorarse. De un lado, Shadow Palm tuvo conocimiento de que la escritora «había enviado mensajes hostiles y amenazantes a otros operadores turísticos españoles que trabajaban en Maafushi», denuncia Ali Razzan. Por otro lado, a partir de enero de 2024, la influencer, tras lograr comprarse una casa, inició un distanciamiento con Shadow Palm. «Dejó de reconocer el trabajo que hacíamos, comenzó a promocionar otros negocios e intentó presentar las operaciones de Entre Azules, incluidos nuestros servicios, como si fuera exclusivamente su empresa».
Las deudas de la influencer
Finalmente, en mayo de ese año, Ana Hernández comunicó a la firma maldiva que quería rescindir el acuerdo laboral. En ese momento, según Razzan, la escritora había acumulado aproximadamente cinco meses de facturas impagas adeudadas a Shadow Palm. Justificó los retrasos debido a su implicación en la creación de otro retiro de buceo en Mauricio (África) y aseguró a la empresa que las cantidades pendientes serían abonadas a su regreso a Maafushi. Este periódico ha tenido acceso a una conversación en la que la influencer reconoce esa deuda. Sin embargo, una vez culminó su salida de la compañía, se negó a pagar esos saldos.
Posteriormente, la empresaria organizó el traslado de sus operaciones al hotel de un nuevo socio de la isla. Lo grave, no obstante, ocurrió durante la mañana de su último día, en el que distintos trabajadores de Shadow Palm pillaron a la influencer retirando objetos del hotel sin autorización: sillas, mesas, cubiertos, sábanas… Una acción que suponía una violación directa del acuerdo suscrito con Shadow Palm y tras el que la empresa llamó a la Policía de Maafushi, que frenó la retirada de los bienes y con ello la intención de la empresaria.
Pese a las múltiples solicitudes, Hernández se negó a saldar las deudas con su anterior socio, tras lo que Ali Razzan inició un proceso legal para recuperar las cantidades impagadas. En paralelo, según la versión de Shadow Palm, la escritora «intentó dañar la reputación de la firma mediante la publicación de reseñas falsas y difamatorias en internet» y presentó una demanda contra el propietario de la firma acusándole de robo, un extremo que Razzan niega. En ese tiempo, las autoridades descubrieron que la influencer continuaba realizando actividades empresariales sin las autorizaciones pertinentes del país y fue cuando el departamento de inmigración decidió deportarla por las infracciones. Las pesquisas todavía siguen abiertas.
Fallecimiento de un español
Este lunes, un ciudadano español de 53 años murió ahogado mientras practicaba surf en el atolón de Gaafu Dhaalu, en el sur de las islas Maldivas. El hombre se encontraba a bordo de un barco de excursiones turísticas y se había desplazado para hacer surf a una zona cercana a la isla de Vaadhoo, un popular destino del archipiélago para los aficionados a este deporte, informa Efe. El suceso se produce después de que cinco submarinistas italianos fallecieran también el pasado jueves mientras hacían una inmersión en el archipiélago asiático. El sábado falleció un buceador del equipo de rescate por la complejidad del lugar en el que estaban los cuerpos.
