Rubén García Servert: «La libertad tiene un precio: defender nuestro modelo de sociedad»
El ex comandante de Operaciones Aéreas del Sur de Europa de la OTAN, en el Foro Defensa Futura de THE OBJECTIVE
Se acabó hace tiempo la era de las certezas para Europa. Las reglas de juego han cambiado, la inseguridad es la nueva normalidad: la situación en Oriente Próximo es muy inestable, hay una guerra en el Viejo Continente desde hace cuatro años y medio, y el presidente del país imprescindible de la OTAN se relaciona peor con los aliados que con los líderes de las potencias de las que proceden las amenazas.
Todo ello, y sus repercusiones para la seguridad, la industria y la tecnología europeas, centraron esta semana el foro Defensa Futura de THE OBJECTIVE, en el que participó Rubén García Servert, teniente general —en situación de retiro— del Ejército del Aire, analista y profesor universitario, diplomado de Estado Mayor y por el Colegio de Defensa de la OTAN, que fue piloto militar y comandante del Centro de Operaciones Aéreas Combinadas del Sur de Europa de la OTAN.
PREGUNTA.- En su trayectoria profesional, ¿ha habido momentos tan complejos y necesitados de decisiones vitales como los que vivimos ahora?
RESPUESTA.– Sí, estamos en un momento complejo. Veo tensión en el ambiente. La situación actual y, sobre todo, las posiciones de nuestro principal aliado nos han puesto ante el espejo. El punto de partida, nuestra normalidad, es que ni siquiera nos percibíamos responsables de nuestra defensa. ¿Qué queremos? Es evidente que el primer requisito de cualquier comunidad humana es garantizar su propia seguridad. No estábamos ahí. La pregunta que me hace, yo se la lanzo a nuestros dirigentes políticos en forma de afirmación. Vamos a tener que tomar responsabilidades sobre nuestro futuro, queramos o no.
P.- ¿Y estamos yendo a ello?
R.- Bueno, estamos mareando la perdiz. Los elementos esenciales para garantizar nuestra propia seguridad siguen sin definirse, y las decisiones siguen sin tomarse pese al mayor gasto en defensa. Y eso ocurre en un momento en el que tenemos en el norte de Europa una agresión de las directas, de las claras.
P- ¿Cree que es por una tranquilidad excesiva de los líderes políticos? ¿Acaso las sociedades europeas no son conscientes de las amenazas?
R.- No gusta dar malas noticias ni transmitir a la opinión pública y a los ciudadanos sus responsabilidades, entre las que se incluyen los temas de seguridad y de defensa con implicaciones económicas y de compromiso personal. Al único líder europeo al que he oído plantear el debate de lo que tendríamos que estar haciendo ahora mismo ha sido al canciller alemán. ¿Qué parte del Estado del bienestar vamos a tener que recortar para disponer de los medios necesarios y comprometidos para asegurar nuestra propia seguridad? Eso no se oye, y habrá que hablarlo. Hay que empezar a hablar claramente a la opinión pública. La libertad tiene un precio y ese precio, en un momento dado, nos puede llevar a defender nuestros valores, a defender nuestro modelo de sociedad, con nuestro bolsillo e, incluso, con nuestra vida, cosa que no oigo por estos lares.
P.- No se oye, no. Lo que es evidente es que no estamos preparados para la nueva situación.
R.- Echo de menos la toma de responsabilidad de una sociedad madura sobre su destino, con un plan de organización para nuestra seguridad social, para la educación que queremos y que incluye nuestra seguridad y la defensa de nuestro modo de vida. Vuelvo otra vez a mi argumento económico, las prioridades, y al argumento del compromiso personal: tenemos que ser conscientes de que las libertades y derechos que ahora disfrutamos se han construido a lo largo de generaciones gracias al sacrificio de miles de españoles, una exigencia que puede volver a plantearse. Necesitamos una ciudadanía dispuesta a debatir responsablemente estas cuestiones, así como un liderazgo político que coloque los problemas reales encima de la mesa. En España no se habla de riesgos y amenazas reales, pero eso es requisito básico para una sociedad segura.
P.- ¿Estamos, por tanto, en una situación de debilidad?
R.- Estamos en una situación de caos metodológico en la cual los grandes debates se evitan. Y hemos estado confortables desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Porque todavía hoy nuestra seguridad la sigue pagando el contribuyente estadounidense. Y enseguida nos ponemos muy ufanos cuando el presidente estadounidense de turno —que no es este solo, también los anteriores— dice «hasta aquí hemos llegado». No se trata de imponer un militarismo estúpido, sino de abrir un debate imprescindible para una sociedad madura y en una democracia en la que los temas esenciales deben estar en la calle y los medios de comunicación. Tenemos que llegar a un consenso nacional sobre estas cuestiones.
P.- ¿Qué amenazas tenemos de las que no hay conciencia suficiente?
R.- No cabe duda de que la guerra de Ucrania es una. Nos ha sorprendido, a pesar de que todos los analistas avisamos de que el rumbo de Rusia en estos últimos años era preocupante. Todavía recuerdo cuando decíamos que tenía muy mal color la movilización de fuerzas alrededor de la frontera de Ucrania y que eso en cualquier momento podría terminar en una invasión. Y recuerdo respuestas de colegas y líderes de opinión diciendo que eso no podía ocurrir en pleno siglo XXI. Últimamente sostengo que, si la guerra le va mal a Rusia, estamos en un escenario nuclear. No tengo la menor duda. Sin embargo, la contestación es la misma: «Eso jamás, jamás puede ocurrir». Pues puede ocurrir o no puede ocurrir. La mera posibilidad de que ocurra debe abrir un debate racional.
P.- ¿Qué desestabiliza más a la OTAN: la guerra de Ucrania o el alejamiento entre EEUU y los aliados?
R.- A la OTAN —y yo he sido mando de la OTAN— ni le desestabiliza la guerra de Ucrania ni le desestabiliza la postura estadounidense. La OTAN nos la cargamos nosotros a través de una traslación a otros de nuestras responsabilidades. Y en este tema, dadas las circunstancias, la respuesta evidente es Europa, con todas sus consecuencias. No es una cuestión de si nos conviene más o nos conviene menos una defensa europea. El hecho es que no va a haber seguridad en Europa en los próximos años si la Unión Europea no da un paso firme adelante en esta materia.
P.- ¿Cómo se da ese paso adelante? ¿Cómo se organiza una estructura europea de defensa?
R.- Con voluntad política. En un mundo globalizado, cada uno de los países europeos por separado no tiene masa crítica. Haremos bien en crear de verdad esa estructura militar europea capaz de operar como pilar europeo de la Alianza Atlántica. Y en un momento dado, si las circunstancias nos llevan a ello, que seamos capaces de actuar por nosotros mismos. ¿Estamos ahí? Ni de broma. ¿Queremos estar ahí? No lo parece. ¿Se analiza de verdad este requisito, más allá de declaraciones vacías? No.
P.- ¿Qué hace falta?
R.- Tres elementos muy fáciles de entender. Primero, necesitamos una estructura de mando y control europeo independiente. Un comandante supremo aliado europeo con su Estado Mayor estratégico. En su momento se dijo: «Bueno, si Europa lo necesita, puede utilizar el cuartel general de la OTAN». Esa era la filosofía del Acuerdo Cuatripartito sobre Berlín. Nunca funcionó. No puede funcionar, pero lo necesitamos ya. Vamos a ello de una vez por todas. Menos palabras, menos reuniones. Segundo, tecnología europea. Tenemos que ser capaces de crear nuestros propios sistemas de defensa aquí. No es tan complicado crear un armamento propio que permita ser libres de operarlo bajo cualquier hipótesis, cosa que no ocurre con determinados sistemas estadounidenses. Vamos a ello. Necesitamos en esta materia una verdadera autonomía estratégica tecnológica, que seguimos sin alcanzar. En tercer lugar, seguimos sin tomar las decisiones imprescindibles. La disuasión nuclear en Europa depende de Estados Unidos, salvo el pequeño núcleo francés, por lo que inquieta la hipótesis de que Estados Unidos no decida lanzar represalias nucleares de ser necesario. ¿Qué hacemos? En un momento dado, tendremos que tener un debate educado y razonable con nuestros aliados europeos y ciudadanos. Porque tenemos enfrente a Rusia, una potencia nuclear, con una estrategia que contempla la utilización de armas nucleares. Habrá que abordar ese tema y la conclusión puede ser que Europa tenga que cuestionar el Tratado de No Proliferación Nuclear. Todo país que se enfrenta a una amenaza nuclear de primer nivel acaba creando su propio dispositivo. Todo esto hay que hablarlo. Pero es más cómodo mirar para otro lado. El problema no es Ucrania. El problema no es Estados Unidos. El problema somos nosotros mirando para otro lado.
P.- Sin armas nucleares, Europa no es autónoma, no es independiente.
R.- Claro. Y si un día estamos en peligro de ceder nuestras libertades, vamos a depender del otro lado del Atlántico. No podremos decir «no pasarán».
P.- Desarrollar un mando europeo de la OTAN, dar pasos adelante en la autonomía, en el arma nuclear… ¿No es tensar la relación con EEUU?
R.- Es lo que nos está pidiendo: que los europeos asumamos una mayor responsabilidad. Estarían encantados de un modelo en el que la defensa europea estuviera en nuestras manos y siguiéramos unidos a ellos para amenazas que sobrepasen las capacidades de cualquiera de las partes. De lo que no quieren oír hablar, ni Trump ni ninguno, es de unos europeos que se gastan su dinero en otras cosas mientras dependen del contribuyente estadounidense.
P.- ¿Vamos tarde, en todo caso? Suponiendo que haya voluntad política, ¿qué haríamos hoy nosotros solos, y cuánto tiempo necesitamos para poder garantizar nuestra propia seguridad?
R.- 20 años dependiendo de la Casa Blanca antes de alcanzar autonomía europea. Y a partir de ahí nos ponemos de acuerdo con nuestro socio al otro lado del Atlántico para cada uno tener responsabilidades. Y el día que nos necesitemos unos a otros, nos apoyaremos como miembros de una misma civilización y de un mismo modo de vida y sistema de libertades.
P.- ¿Qué tenemos por delante entonces?
R.- Retos mayúsculos. Evidentemente, la autonomía es cara y compleja, pero por algo se empieza. Si no, los problemas llegarán igual, más agravados, a nuestros hijos.
P.- Mientras tanto, ¿qué pasa con Ucrania? ¿Con el resto de problemas?
R.- Somos totalmente dependientes, y Ucrania lo es. Si mañana el presidente Trump cesa su apoyo a Ucrania, Ucrania dura semanas. Esa es la realidad. Por eso hay que abrir un debate con la sociedad, establecer prioridades, empezar a hacer cosas. En España, ese es el gran debate al que nos vamos a enfrentar en la próxima legislatura. Digo la próxima, porque una de las virtudes de no tener Presupuestos es que se evita este debate, pero en el momento que los tienes y tienes que encasquetarles un 5%, 85.000 millones, automáticamente las grandes partidas vas a tener que tocar pensiones, sanidad, educación… y explicárselo a los ciudadanos.
P.- Para abordar nuestras propias amenazas.
R.- Para los interesados en geopolítica, les animo a leer de vez en cuando la prensa marroquí y su permanente ambición sobre territorios de soberanía española. Ahí tenemos un problema, es algo inaceptable. ¿Pero cómo se soluciona ese problema? ¿A guantazos? No, evidentemente eso es lo que hay que evitar. La respuesta es la disuasión. ¿Y cómo se construye la disuasión? Con medios, entrenamiento y voluntad política.
P.- ¿Cómo se explica a una sociedad como la española, no ya la cuestión nuclear, sino el aumento del gasto militar? ¿Cómo se transmite que estos problemas no se pueden dejar para las generaciones futuras?
R.- Aunque todos tenemos que cambiarnos el chip, los medios de comunicación, más. Hay que empezar a tratar al ciudadano español como una persona racional, madura, que merece tener los elementos para llegar a sus propias conclusiones. El 5% de aumento en el gasto es un ejemplo de cómo no se deben hacer las cosas. Hay que empezar hablando de amenazas. Tenemos que hablar de lo que necesitamos de verdad para hacer frente a esas amenazas y, por tanto, de las carencias que en un momento dado se pudieran percibir. No estamos entrando en este debate, sino que lo rehuimos. Hay que confiar en la madurez de la ciudadanía. Y en este sentido, un último mensaje de esperanza: viene una generación fantástica. Yo lo percibo en la facultad. Jóvenes que han viajado, han visto mundo… Una generación que entiende mejor las amenazas y la necesidad del gasto. Y que pueden abrirse al debate. No se trata de adoctrinarles, sino de ponerles delante los datos y los mecanismos de análisis, sin alarmismo ni milongas. Rindo desde estas líneas homenaje a los miles y miles de españoles que han dado su vida por nuestras libertades. Yo creo que, aunque solo sea por respeto a esa gente, merece la pena intentarlo.
