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El hundimiento de Zapatero siembra el desconcierto en el electorado socialista

¿Se puede seguir así? Depende de las sentencias pendientes y de las investigaciones judiciales y periodísticas

El hundimiento de Zapatero siembra el desconcierto en el electorado socialista

Ilustración de Alejandra Svriz.

El CIS ha hecho tres estudios con muestras nacionales en las últimas semanas, iguales a sus barómetros, con preguntas de recuerdo, intención y simpatía de voto. Uno sobre situación internacional, cuyo trabajo de campo se hizo del 22 al 30 de abril, con una muestra de 5.505 individuos —número 3.564—, y dos simultáneos, con trabajos de campo entre el 4 y el 18 o 19 de mayo, titulados Desinformación y humor —número 3.563—, y el Barómetro de mayo —número 3.562—, publicado el viernes 29. Sus cuestionarios invitan a respuestas previsibles. Revelan una sociedad polarizada en la que se culpa de todo al adversario.

Que se hayan publicado dos estudios con trabajos de campo simultáneos permite detectar problemas en la red de campo de Tragsatec, con la que trabaja el CIS, aunque esto se tratará en otro artículo.

Los trabajos de campo se hicieron antes de las elecciones en Andalucía y de la catarata de temas judiciales que ha anegado al PSOE entre el 25 y el 29 de mayo. Puede parecer que su interés como actualidad hubiera caducado, pero dan información sobre las mareas de fondo de la opinión pública, y dejan entrever lo que sucederá en las próximas semanas. La gran cantidad de estudios que está haciendo el CIS ofrece mucha información si se analiza con cuidado. Es evidente que alguien lo hace. Si no, ¿para qué investigan la intención de voto cada dos semanas?

Hasta el 19 de septiembre, en el umbral de las andaluzas, el panorama era el siguiente, incluyendo el estudio de la segunda quincena de abril y tomando la referencia el estudio 3.563, Desinformación y humor (sin ironía por nuestra parte ni, confiemos, del CIS); dejemos al margen el barómetro (3.562):

En síntesis: el PP se mantenía estable. En Andalucía aumentó 150.000 votos entre 2023 y 2026. La leve recuperación del PSOE entre febrero y abril se agotó en mayo. Por su parte, Vox seguía descendiendo respecto a sus máximos en febrero, aunque su resultado en Andalucía pudo darle oxígeno. La extrema izquierda sigue fragmentada entre Sumar, Podemos y algunos apoyos para Rufián, que es uno más en el desorden, no un punto de encuentro. Los nacionalistas mantienen su voto, con una competición entre PNV y Bildu, responsable de la desazón que clarea el PNV en la política nacional.

En el gráfico salta a la vista que el PSOE está sometido a un vaivén (en nuestra estimación de voto). Este perfil se presenta a veces en las series de encuestas. Por eso el CIS es una información valiosa: nadie tiene sus series. Este oleaje indica un electorado en tensión con su partido: parte de sus votantes lo abandonan y vuelven a apoyarlo, en una dinámica que no suele responder a acontecimientos concretos. Son estados de ánimo en el interior de las redes sociales que sostienen este electorado. Generan un desgaste agotador, provocando un descenso repentino del voto al partido. A veces, esta solución de continuidad ocurre con acontecimientos concretos, otras, no. La opinión pública tiene dinámicas que pasan bajo el radar de los medios.

Pensamos que la inverosímil sucesión de acontecimientos que ha sacudido la política y noqueado a la dirección del PSOE entre el 25 y el 29 de mayo tiene que haber provocado una depresión en el electorado del PSOE, pero su dimensión ahora es desconocida, y lo será durante varias semanas en que sus efectos abrasivos se extenderán y asentarán. El PSOE ha atravesado crisis similares (registros de sus sedes, dirigentes encarcelados, juicios, etc.), sostenido por la lealtad de sus votantes, pero esta vez hay algo cualitativamente distinto. El auto del juez Calama sobre Zapatero ha roto un mito, cuidadosamente construido por el PSOE para sustituir a González como referente histórico, basándose en sus leyes simbólicas de bajo coste, pero determinantes para algunos sectores —matrimonio igualitario— y el medioambiente de los bares —prohibición del tabaco—; obviando su balance económico de 2011 y el ambiguo final de ETA y su relación con el propio PSOE.

De repente, Zapatero se revela como un personaje demediado, no por un cañonazo en una batalla que lo partiera en dos mitades, una buena y otra mala, como el vizconde de Ítalo Calvino, sino por descubrirse una doble naturaleza que nadie intuía (a menos que siguiera sus visitas a Venezuela y a China). Un político predicador de buenos sentimientos de repente aparece como un cínico traficante de influencias y acaparador de dinero y joyas. El hundimiento ha sumergido en la confusión a la dirección del Gobierno (el PSOE ha desaparecido) y en la tribulación a sus socios, que quieren separarse del derribo, pero no pueden.

La situación está bloqueada. Sánchez descarta convocar elecciones hasta 2027, porque no va a convocar para perderlas y confía en que la impaciencia y ansiedad del PP le lleven a cometer errores. No puede presentar una moción de confianza porque sus socios lo abandonarían o lo someterían a chantajes inaceptables, y PP+Vox es más que PSOE+Sumar. En lo que al PP se refiere, Feijóo no puede presentar una moción de censura porque la perdería, y además tendría que soportar un debate con todos los grupos en contra. Hasta Vox le picotearía con saña. Todo queda en un juego de sombras en el que el PNV reluce, amenazando y no dando al presidente del Gobierno; la extrema izquierda no puede arriesgarse a desequilibrar la situación porque sus divisiones internas la llevarían al desastre. Junts tiene que aguardar a ver si consigue alguna salida para Puigdemont y recuperar espacio a Aliança… y así todos.

Los socios de Sánchez saben que están en la mejor situación a la que pueden aspirar. Por tanto, dosificarán su malestar, aun a riesgo de verse arrastrados por lo imprevisible. Su coartada la sintetiza Jessica Albiach (Comuns): «Hay lawfare contra el Gobierno […], pero no todo es lawfare» (elDiario.es, 31-05-2026).

¿Se puede seguir así indefinidamente? Pues depende de las sentencias pendientes (Ábalos, Koldo, el hermano de Sánchez…) y del progreso de las investigaciones judiciales y periodísticas sobre las andanzas de Cerdán y su equipo (Leire y Cía.). Es abrasivo el aire chapucero de todo esto y el bajo calibre de los implicados. Era inevitable: la forma como se reclutó la mayoría que consiguió Sánchez en las internas del PSOE y luego para controlar el PSOE estaba formada por supervivientes de batallas internas, entre los que este tipo de caracteres es frecuente.

En paralelo, el movimiento en los medios cercanos al PSOE, esa tertulia permanente entre 20 o 30 en varias cadenas abastecida por varios digitales —que han tomado la iniciativa—, y El Mundo es un espectáculo, buscando la puerta de salida (Urge saltar del barco, un inusual artículo de Boyero en El País. Por cierto, el primero en aplicar la frase de Aznar —«el que pueda hacer, que haga»— ha sido Contreras, que sale con otra televisión). Si todo va como apuntan los indicios conocidos, en pocas semanas veremos que nadie conocía a Zapatero. Entretanto, salen las coartadas habituales: el juicio paralelo de la Kitchen sirve para señalar al PP, una conspiración de jueces, una maniobra de Estados Unidos para librarse de un líder mundial alternativo… Se trata de proporcionar un discurso tolerable a sus bases.

Como muestra el gráfico, el PP es quien más puede ganar con todo esto. A su derecha y por el centro hay bolsas de indecisos. Y podría tomar la iniciativa, pero su discurso se diluye en el ruido ambiente con sus habituales ataques al sanchismo, que han terminado por llevar el debate sobre los acontecimientos a la eventualidad de que presente una moción de censura, terreno en el que no puede ganar. Como es habitual, el PP excluye la sutileza.

Harán falta varias semanas para calibrar los efectos de todo esto.

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