
Hoy tampoco ha muerto Fidel
Ahora se puede interpretar como las palabras de un visionario, pero también pudo responder cuando llueva hacia arriba o cuando Cuba gane un Mundial de fútbol.

Ahora se puede interpretar como las palabras de un visionario, pero también pudo responder cuando llueva hacia arriba o cuando Cuba gane un Mundial de fútbol.
La gran trampa del comunismo es su permanente mentira que acaba por resultar atractiva a las personas ignorantes, rencorosas y desesperadas.

Hay que ponerse en la piel de los familiares que han visto cómo sus hijos, nietos, novios, primos, hermanos, sobrinos, abuelos, tíos, y amigos se han despertado con la noticia del atentado de vuelo de Malaysia Airlines, con ruta entre Amsterdam y Kuala Lumpur.

Ocho jóvenes aprovecharon que se encontraban de gira en Puerto Rico con el Ballet Nacional de Cuba para acogerse a la Ley de Ajuste Cubano. Con los pies en suelo americano, comienzan su andadura hacia la libertad: un derecho escaso en el régimen castrista. La disidencia cubana sigue denunciando la violación de derechos humanos perpetua del gobierno de los Castro. Una realidad que suma más de medio siglo y miles de cubanos en el exilio huyendo de la represión y la pobreza.
“Tengo documentación comprometedora para el Gobierno de Fidel”. Así comenzó Pedro Riera, el misterioso ex cónsul que me había pasado información sobre el caso a cambio de unos dólares. Me pedía ayuda para conseguir un pasaporte y escapar a España, donde sacaría a la luz la documentación sobre Castro. A cambio, me daría los papeles de Paco y Lozano. Intenté huir de aquella situación y terminé ingresado en el Cira García. ¿El diagnóstico? Envenenamiento. En un encuentro con Castro, le conté que me había sin pagar del Cira García por la exagerada factura. “Ha hecho usted bien”, me dijo. Pero al día siguiente tenía a sus esbirros en casa. A mi me retiraron la acreditación de corresponsal y los crímenes de corrupción de menores quedaron impunes. Me marché de Cuba.
Llegué a Cuba en 1996 para cumplir un sueño: ser corresponsal. Compartía casa en Miramar con un médico cooperante en Cuba, que llevaba una vida misteriosa, y que de la noche a la mañana huyó del país. Su chófer se quedó conmigo y quiso instruirme en las diversiones cubanas que frecuentaban. La dueña de nuestra casa confesó y supe que habían sido denunciados por una de las jóvenes de las que abusaban. “La niña murió”, fue el mensaje que dejaron para el médico. Entonces comencé la investigación, con ayuda del ex cónsul Pedro Riera, desenterrando algo mayor –y peor- que un simple crimen aislado.

Se trata de un bulo difamatorio de los aparatos de propaganda del capitalismo, cosas de la antigua Madison Avenue, que es donde estaban las grandes agencias de publicidad y relaciones públicas.

¿Cuántos años de retraso lleva mi querida Cuba? ¿Cuánto ha sufrido este amado pueblo hermano? Quizás algún día lo lleguemos a saber. Cuando vas a Cuba como turista no te enteras de nada. El gobierno se encarga de que así sea.

Del horroroso siglo veinte sólo nos quedaba Castro y la penicilina. Se apaga el comandante sabiendo que con él su obra desaparece y hasta los antibióticos están perdiendo la batalla, las bacterias se hacen más listas y más fuertes

El comunismo murió porque partiendo de mentiras sólo pudo traer muerte y ruinas. Pero lo terrible es que aún hay muchos que quieren que siga vivo y nos intentan vender argumentos para volver a imponer el totalitarismo