frustración

La buena costumbre de pensar

La buena costumbre de pensar

En Eichmann en Jerusalén, Hannah Arendt explicaba la banalidad del mal como un estadio que se alcanza cuando se ha perdido la costumbre de pensar. Pensar, en este caso, no tiene nada que ver con realizar cálculos matemáticos o idear ficciones sofisticadas. Arendt entiende el pensamiento como una forma de diálogo interior que los individuos mantienen con su conciencia. Cuando esta conversación se suspende, las personas se vuelven vulnerables, su core de valores se debilita y los demagogos hacen su agosto en la oquedad de las cabezas.

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