
Cómo hemos cambiado
Si tú, que ahora puedes sufrirlo, no das crédito imaginaos cómo es explicarlo a gente que no tiene conciencia sobre lo que significa internet.

Si tú, que ahora puedes sufrirlo, no das crédito imaginaos cómo es explicarlo a gente que no tiene conciencia sobre lo que significa internet.



No me voy a desconectar de Internet porque me sirve para muchas otras cosas, pero sí que voy a quitar de mi primera página cualquier periódico. Ya no me interesan tanto.


Es de esperar que cada vez más fenómenos de Internet (musicales, humorísticos, políticos) accedan a las televisiones, como única manera de atraer público de la Nueva Era.



Las bendiciones de la vida de soltero en Madrid son tan dulces para el alma como desastrosas para el hígado


Si yo fuera el dueño de Google me dejaría de tonterías empresariales y la convertiría en religión, que casi no pagan impuestos. Yo me apuntaría. Los googleístas seríamos tantos, que mandaríamos al resto de dioses a la cola del paro.

Las redes sociales y las aplicaciones ¡el WhatsApp en cabeza!- han comido terreno a lo afectivo y las relaciones físicas. ¿Amor líquido? La tecnología, en vez de complementar nuestra vida, a menudo la sustituye. ¿Estamos perdiendo nuestra esencia humana?

Cuando era pequeño, hace muchos años ya, vi una película en la que quemaban miles de libros ya que su lectura no podía hacer feliz a nadie Seguro que habrían sido sustituidos por ordenadores. Esa película, Fahrenheit 451, me marcó. No podía imaginar una vida sin los libros, no siendo yo precisamente Cervantes ni un lector compulsivo.

Leemos más que nunca. Nos interesamos por cuestiones que nunca antes nos habían interesado. Y realizamos decenas de tareas simultáneas mientras estamos online. A primera vista, podría tratarse de un signo de inteligencia, un nuevo impulso intelectual para el hombre digital del siglo XXI. Pero lo estudios científicos realizados hasta el momento no dicen exactamente lo mismo.



Esperan lo máximo de ellos. Son jóvenes japoneses que no lograron cumplir con lo que la sociedad nipona, que premia la competitividad y el éxito, esperaba de ellos. Su respuesta fue el aislamiento social. Recluidos en la habitación de casa durante meses, incluso años, padecen un trastorno social. No tienen contacto con la realidad. Tampoco con su familia ni amigos. Se refugían en la realidad virtual de las redes sociales y los videojuegos. Son los "hikikomoris".



Tengo la sospecha de que esta semana mi columna va a ser la más leída en mi querido The Objective, y es que si el título ya de por sí le ha llamado la intención, más de 1000 personas al mes buscan esta frase en Google.
Ya era hora de que el gobierno tome medidas contra esos sinvergüenzas que hacen de España un lugar peor. No, no me refiero a los estafadores, ni a los corruptos, me refiero a los twitteros.


Llegará un día en el que el coche sin conductor de Google nos llevará por las calles de Google Maps a la tienda que hemos visto en Google Street View sin necesidad de salir de casa porque lo estaremos viendo en nuestras Google Glass.



Una vez al año, por Semana Santa, vemos como hombres y mujeres se tapan el rostro y recorren las calles resguardando su intimidad tras el disfraz de nazareno por motivos religiosos.

Da miedo entrar en una web y que la publicidad que aparezca sea exactamente de productos que estamos necesitando. Imagínese que usted quiere vivir en una cueva y desconectarse de Internet. Sus datos personales seguirán circulando de por vida.


Apagar el teléfono, huir de la cobertura, será con el tiempo símbolo de manumisión. De momento, en las escasas ocasiones que podemos lograrlo, se advierte ya ese extraño y sensual placer del pecado.


Me he permitido el lujo de apropiarme de un viejo proverbio Chino, para titular mi columna de hoy, y es que si no quieres que se sepa, ni se te ocurra comunicarlo por Whatsapp.

Basta un tuit o un vídeo en Youtube para que millones de personas se enteren de la última estafa, de un nuevo apaño o de las conspiraciones siniestras de los que mandan.

Enemigos de internet. EE.UU., India y Reino Unido. Suena rotundo el pronunciamiento de Reporteros sin Fronteras (RSF), que así designa a estos tres países tras constatar que han espiado a millones de ciudadanos.

El suicidio de varios jóvenes ha provocado muchas preguntas en el Reino Unido sobre la influencia que algunas redes sociales hayan podido tener en su decisión.

Es increíble cómo Internet se ha convertido en algo cotidiano en nuestras vidas. Jamás podrían imaginar sus inventores que 50 años después toda nuestra vida acabaría teniendo un reflejo digital en ella.