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5 razones por las que 'Nunca me abandones' es completamente vigente en 2017

Kazuo Ishiguro se ganó el Nobel de Literatura de 2017 y Nunca me abandones es una de sus mejores novelas. La adaptación al cine es genial. Aquí te decimos por qué hay que verla (o leer e libro) en 2017.

 

Kazuo Ishiguro se ganó un merecido Nobel de Literatura por una carrera discreta pero excelente escribiendo silenciosos dramas que marcaron tanto a sus lectores que terminó llevándose este premio 35 años después de escribir su primer libro. Ishiguro es un autor delicado y muy particular que se extiende entre dramas muy íntimos, como Lo que resta del día (que ganó el Booker Prize en 1989), hasta historias ubicadas en mundo imaginarios muy complejos, como El gigante enterrado (2015). Pero es una de sus novelas, publicada en 2005 y adaptada al cine en 2010, la que salta para muchos como la más memorable de su no muy extensa bibliografía (tiende a tomarse unos 5 o 6 años de promedio para escribir sus novelas, aunque también escribe cuentos y guiones): Nunca me abandones.

El libro, un hermoso ejemplo de narración en primera persona, y de desapego calculado que destruye al lector en cuanto llega a los tres momentos más emocionales de la historia porque sorprende y conmueve de forma intensa y real (es un relato que saca lágrimas, sin duda), fue incluido en la lista de Times como una de las 100 mejores novelas en lengua inglesa desde la fundación de la publicación, en 1923. Cinco años después de su publicación la historia llegó al cine en una adaptación fiel, conmovedora y excelente que tuvo poca o ninguna repercusión (para sorpresa general de críticos y quienes la vieron). Y hoy, para celebrar el Nobel de Ishiguro (y para invitar a comprar el libro, que es una joya), vamos a revisar las razones por las que la película (y la novela) son indispensables en el presente en que vivimos.

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Imagen de la adaptación al cine de la novela de Ishiguro | Imagen vía Fox Searchlight Pictures.

La trama

Nunca me dejes ir es una historia dura, pero también misteriosa. Saber su secreto no cambia su impacto, pero sería ignorar los deseos del autor, que revela la terrorífica realidad lentamente, no decir SPOILER ALERT antes de seguir. En este relato tres niños, Kathy, Tommy y Ruth, crecen en un internado británico, al parecer son huérfanos, como todos los niños del lugar, en que, a cierta edad, los adolescentes son llevados a otro sitio. Desde el principio se habla de deber y servicio y cuando los niños, que crecen en una infancia casi tan idílica que es sospechosa, son informados de su responsabilidad de vida la narradora, Kathy, lo cuenta sin inmutarse: ellos, todos ellos, son clones de personas vivientes que quieren desafiar la muerte, para hacerlo sus copias humanas se convierten en donantes de órganos vitales que fallan, hasta que mueren tras haber cumplido su función.

Puede que ya en el año 2005 este futuro pareciese a la vez una paranoia retro y una escabrosa visión de futuro. Como si de un episodio de Black Mirror se tratara, pero mucho antes de que existiese, esta historia parece alcanzable en poco tiempo y tan posible que es terrorífica. ¿Quién no imagina a clases privilegiadas, a ese 1% que acumula más del 80% de la riqueza mundial, cultivando donadores eternos de órganos? ¿Quién no se imagina que esto podría pasar ya?

El problema que tienen Kathy, Ruth y Tommy es que son humanos, aunque no lo sean en origen. Sienten amor y dolor, son capaces de la traición y la amistad, son seres con emociones que serán despedazados por piezas… y eso, salvo que nos neguemos a la realidad de un mundo cada vez más indiferente y relativista, resulta altamente posible.

La estética

Mark Romanek es un buen director. Miembro de una generación de directores de vídeos musicales (como Spike Jonze), es el responsable de los vídeos de Criminal, de Fiona Apple; de Hurt, de Johnny Cash y otros cientos más. Su currículo cinematográfico tenía, antes de Nunca me abandones, a Retratos de una obsesión (esa película en que Robin Williams traumó a todo el mundo como el dependiente de un sitio de revelado fotográfico que acosa a una familia) a la cabeza, pero poco más relacionado con cine. Sin embargo, la estética retro-futurista de Nunca me abandones parece sacada de la cabeza de alguien mucho más avezado en el mundo del cine. Romanek tiñe los espacios de blancos y azules fríos, y a sus personajes de ropas entre vintage y roñosas de colores terrenales. Nunca hay colores intensos, nunca una paleta que exude felicidad… más bien una suma de colores escandinavos y estética minimalista y marrones y mostazas y espacios antiguos y descuidados. Un balance que hace de este futuro incierto (nunca se sabe el año en que se desarrolla) algo tan posible como atemporal para el espectador.

El reparto

Los tres personajes principales tienen nombres de actores británicos que en ese entonces ya eran conocidos, pero no eran nombres alla Hollywood como ahora. Carey Mulligan, Keira Knightley y Andrew Garfield interpretan a los adultos en que se convierten los niños protagonistas, quienes viven la desgracia y la rutina de ser quienes son y tener las responsabilidades que tienen. Charlotte Rampling es la encargada del internado en que crecen, distante y señorial, y Sally Hawkins es una de sus profesoras que, agobiada por el peso de la culpa, los abandona en su infancia y mira hacia otro lado. Hay pocos más personajes importantes. El drama, aunque plagado de ciencia ficción, se relata muy cerca del alma, del ser de cada uno, de su reducida experiencia vital.

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Imagen de la adaptación al cine de la novela de Ishiguro | Imagen vía Fox Searchlight Pictures.

La narración

Como la adaptación televisiva de The Handmaid’s Tale de Margaret Atwood, esta adaptación al cine adopta con propiedad el monólogo interno de su narradora (ambas son mujeres). Y como en el de Atwood (aunque no en la serie, que opta por darle un espíritu más rebelde), la narradora de esta historia retrata sus circunstancias sin criticar en exceso. Ambas mujeres asumen su doloroso estatus quo porque un cambio es completamente inviable cuando el abuso y la injusticia están tan asumidas como normales. Nunca me abandones recuerda a The Handmaid’s Tale y aunque más apagada en su versión fílmica (es mucho más fiel al material original) genera la misma angustia existencial sobre el valor de la vida y el peligro del mal manejo del poder en nombre del miedo.

Las preguntas

Nunca me abandones plantea una pregunta que es casi tan vieja como la ciencia ficción: si un ser creado (sea un clon, sea un robot…) piensa y siente, ¿es humano? ¿Qué lo diferencia? ¿Ser humano está definido por la forma de nacimiento? Mucha literatura y audiovisual han explorado el tema, y en este caso no está ahí como una discusión abierta, ni siquiera los propios personajes que lo sufren se rebelan ante la idea de su “naturaleza útil”, y es justo esa indiferencia, esa normalización, ese aire de fábrica y de producción en serie lo que hacen de esta pequeña historia algo universalmente conmovedor.

 

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