7 libros para entender el auge y la monopolización de Internet
Foto: Matthew T Rader

Cultura

7 libros para entender el auge y la monopolización de Internet

Los siguientes ensayos desvelan cómo internet ha modificado a la sociedad en la última década

por Ariana Basciani

“El mundo online podría ser algo más. No solo una mierda privada para los frikis de los programadores. Podría ser universal. Podrías vivir tu vida en él. El mundo en el que vivimos parecerá la Edad de Piedra. El mundo físico está muerto”. Joe McMillan, el personaje interpretado por Lee Pace, pronuncia esta frase en la serie ambientada en los años 80, Halt and Catch Fire. La frase es una sentencia de lo que nos pasaría hoy. 

Desde esa década, internet es una palabra común en nuestras vidas y desde hace 10 años la digitalización ya es parte de nuestra cotidianidad, gastando horas de nuestro día a día frente a una pantalla de ordenador y, más seguramente, de un móvil.

Durante los días de cuarentena, internet fue el aliado de conexión para muchos y de ansiedad para otros. Propietarios de tiendas físicas se vieron en la necesidad de pasar su negocio a la venta en línea, editoriales pequeñas empezaron a vender ebooks a través de sus páginas web y algunos músicos crearon plataformas de streaming y empezaron a cobrar por sus directos online, mientras muchos baby boomers descubrieron que podían realizar la compra del mercado desde el e-commerce de Mercadona o Amazon Prime y no ponerse en riesgo ante un potencial contagio.

A pesar de las miles de ventajas que internet ofrece para las comunicaciones entre seres humanos, la pandemia nos recordaba en frecuencia y volumen las miles de advertencias que conlleva el uso de los servicios de los monopolios digitales. La ansiedad, la falta de privacidad y seguridad con los datos que proporcionamos, la pérdida de nuestra atención y tiempo debido a las estrategias de marketing en los productos o en el uso de algoritmos, hasta el control sobre las bases de datos de reconocimiento facial son algunas de las consecuencias más señaladas por los expertos. Al parecer, la crisis del coronavirus se adapta perfectamente a las Big Tech, con sus alternativas en línea mientras tenemos que distanciarnos en el mundo físico.

¿Pero cómo podemos entender o abrazar parte de esta idea? ¿Qué es lo que realmente se necesita saber para comprender la importancia de internet, sus beneficios y problemas? Las alarmas resuenan al igual que las advertencias del cambio climático. Sin embargo, la ciudadanía parece no preocuparse por vivir en una red que es más vampírica que bondadosa. Quizás la respuesta sea simple y solo necesitamos comprender un pequeño número de grandes ideas. 

Como diría el psicólogo George Miller, las personas solo pueden retener siete ideas básicas en la memoria a corto plazo. Por lo que sería una buena idea leer los siguientes siete libros, no solo porque siete es un número mágico sino para entender de dónde venimos y hacia dónde vamos mientras el acercamiento real disminuye y aumentan las conexiones digitales.

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Imagen vía Anagrama.

The Game – Alessandro Baricco

Podría empezar por libros tan importantes como La galaxia internet de Manuel Castells, sin embargo, The Game (Anagrama, 2019), del autor italiano Alessandro Baricco, construye una revisión de cómo hemos evolucionado junto con Internet. En The Game se analizan los orígenes y los efectos de la revolución tecnológica en nuestra sociedad, sin un ápice de catastrofismo, resaltando el lado positivo de este estruendo que nos ha modificado la vida y el cerebro para siempre. 

Para el autor, el juego no es un lugar sencillo, es peligroso, requiere lucidez y nos pide autocontrol, pero no hay que exagerar. Si pensamos en el control que han ejercido muchos otros poderes a lo largo de la civilización, el de las Big Tech es uno más, por lo que para el autor es importante conocer sus riesgos y hacerles frente. 

The Game es un ensayo perfecto para acercarse a la tecnología desde la sociología, entendiendo que internet es un paralelismo de los mismos problemas que tenemos en la realidad.

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Imagen vía Debate.

Programar o ser programado. Diez comandos para una era digital – Douglas Rushkoff

Uno de los libros más famosos de la década pasada se encuentra ahora en castellano. Programar o ser programado (Debate, 2020), del teórico del ciberpunk y discípulo de Marshall McLuhan, Douglas Rushkoff, describe diez ideas diferentes por las cuales la tecnología de la información está sesgada; sesgos que pueden causar frustraciones en nuestras vidas. Sin embargo, en lugar de llover sobre mojado y predecir lo que ya sabemos, Rushkoff ofrece consejos prácticos sobre cómo convertir esos sesgos en ventajas.

Rushkoff nos habla del deseo pavloniano de querer ver siempre los mensajes, de atender a las notificaciones y estar siempre interactuando con el teléfono más que con la vida y con los momentos de la realidad generadores de experiencia vital. Rushkoff nos dice cómo podemos dejar de ser invadidos por el ruido y por qué cada plataforma o red tiene una función diferente y protocolos distintos. “No tenemos la suficiente capacidad para sentir el cambio en los sesgos a medida que nos movemos de una tecnología a otra. Escribir un correo electrónico no es lo mismo que escribir una carta, y enviar un mensaje privado en una red social no es igual que escribir un correo electrónico”, afirma el teórico.

Lo que nos comenta Rushkoff es la necesidad de un protocolo, de programar para no favorecer un comportamiento frente a otro. Crear formas para estar disponible las 24 horas para un familiar no implica que lo estemos para otros. La mejor versión de nosotros mismos a nivel digital es la que programa lo mejor de nosotros, sin perder nuestra autonomía y autenticidad, dejando de hacer lo que todo el mundo hace porque la red lo dictamina así. “Mantener un sentido estricto de la identidad en línea es liberador e incluso fortalecedor… no soltemos palabras en el reino digital a menos que queramos asumir que son nuestras”. 

Para Rushkoff, aprender a programar será la forma más liberadora de cultivar la red, lo que hacen los otros y por qué lo hacen. Mientras el ser humano se involucre más en el diseño de estas herramientas y se haga en un trabajo conjunto, mayores serán las plataformas que estén inspiradas en la comunidad humana y no en el “deber ser” de lo humano.

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Imagen vía Alpha Decay.

La búsqueda del algoritmo: imaginación en la era de la informática – Ed Finn

El director fundador del Centro de Ciencia e Imaginación de la Universidad Estatal de Arizona, Ed Finn, explora en este ensayo los encuentros que marcan el surgimiento de la cultura algorítmica: la búsqueda del ordenador, la creación de las redes sociales o el bitcoin.

Finn revela lo que es un algoritmo para cualquier científico: “un método para resolver un problema”, pero que en la actualidad no solo tiene sus raíces en la lógica matemática sino también en la cibernética, la filosofía y el pensamiento mágico. 

La búsqueda del algoritmo (Alpha Decay, 2018) revela los enredos desordenados de estas máquinas culturales a medida que dibujan y dan forma a la cultura y al gusto humano. Una de las mayores revelaciones del libro es entender que la informatización siempre tiende a alinearse con las fuerzas políticas, por lo que para Finn es importante acabar con la brecha en la implementación de estos métodos de resolución de problemas de los filtros burbujas de las redes sociales, aunque acabar con esa brecha suponga problemas de espacio y tiempo tan difíciles de entender como le pasaba a Marty McFly en Regreso al futuro

“La lectura de algoritmos es una manera de luchar tanto con la complejidad inherente a la computación como con la ambigüedad resultante cuando esa complejidad se cruza con la cultura humana”, afirma Finn.

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Imagen vía Capitán Swing.

Todo el mundo miente. Lo que internet y el big data pueden decirnos sobre nosotros mismos Seth Stephens-Davidowitz 

Investigando todas las preguntas que se hacen en Google, así como en otras plataformas como Wikipedia, Facebook y luego PornHub, el analista de datos Stephens-Davidowitz revela algunas ideas que pueden ayudarnos a comprendernos mejor a nosotros mismos y a nuestras vidas. 

Todo el mundo miente (Capitan Swing, 2019) está basado en estudios y experimentos sobre cómo vivimos y pensamos realmente, demostrando divertida e ingeniosamente hasta qué punto todo el mundo digital es realmente un laboratorio donde se buscan verdades pero se mantiene una farsa a la vista.

Para el analista de datos, el big data no es intrínsecamente peligroso o malo, y puede ser extraordinariamente valioso y atractivo. Sin embargo, la evolución en el uso de nuevas tipologías de datos hacen que las dudas surjan por todas partes. Stephens-Davidowitz posiblemente encontró datos curiosos de nuestra sexualidad que harían babear a Freud: datos de búsqueda sugieren que cientos de miles de hombres jóvenes se sienten atraídos por mujeres de edad avanzada; mientras muchos hombres heterosexuales desean que su pareja engorde. La pornografía “en la que se comete violencia contra una mujer … casi siempre atrae desproporcionadamente a las mujeres” y más del 75% de las búsquedas de la frase “Quiero tener sexo con mi …” son incestuosas; además, el público masculino casi siempre busca formas de practicar sexo oral en sí mismos con la misma frecuencia que buscan la forma de darle un orgasmo a una mujer. Gracias, Freud.

Aunque gran parte de la crítica ha dicho que el analista de datos ha sido muy generoso con su visión optimista con respecto a las plataformas, es interesante señalar los hechos que plantea: analizar los macrodatos. Stephens-Davidowitz afirma que a través de ellos podremos descubrir lo que la gente hace y no lo que dice, generando un mejor dominio de lo que realmente queremos ser o podemos ser como sociedad. El precepto periodístico, que también es válido en el amor y en las estadísticas: primeros los hechos antes que las palabras.

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Imagen vía Debate.

El enemigo conoce el sistema – Marta Peirano

La periodista española Marta Peirano publicó el año pasado El enemigo conoce el sistema (Debate, 2019), donde analiza el estado actual de internet frente a la sociedad y cómo muchas herramientas privadas están modelando nuestra data.  

“La tecnología que mantiene internet funcionando no es neutral y la que encontramos o instalamos en nuestros teléfonos móviles tampoco”, comenta la autora y señala que el engagement (ese tiempo que permanecemos activos en una aplicación) es fundamental para que ciertas plataformas nos modelen y nos vigilen, y esa vigilancia pueda llegar a ser monopolizada en una crisis que atente contra nuestra autonomía como ciudadanos. 

Peirano, como el resto de autores de esta recopilación de siete libros, señala los temas que se centran en la monopolización de datos y las particularidades que se dan cuando esos datos se ponen al servicio del gobierno en acciones antidemocráticas. No hay mayor ejemplo que la campaña de influencia de Mark Zuckerberg en el mundo actual: “Hay una falta de empatía en afirmar que la única razón por la que alguien pueda haber votado lo que ha votado lo haya hecho por culpa de las fake news”, así cita la autora a Zuckerberg desvelando la hipocresía en torno a un sistema judicial que no ha encontrado forma de parar la desinformación y que las pocas medidas que se han creado en el Parlamento Europeo -como por ejemplo la creación de anuncios por parte de partidos políticos- no van tan rápido como las optimizaciones de la red social.

Como anuncia Peirano, o lo saben muchos especialistas en marketing, esos anuncios solo funcionan en población vulnerable, por lo que Facebook ha encontrado su nuevo poderío en los grupos privados, la mejor forma de compartir información sin que nadie sepa cómo llegó a sus manos. Si los hackers crearon el principio de un mundo mejor en la red al eliminar límites informativos, ahora Facebook utiliza la misma estrategia pero en contra de nuestra libertad y ocultándose de la justicia. Es así que Peirano cierra el libro con esta frase: “Las herramientas del poder nunca sirven para desmantelarlo”. A través de una pregunta nos siembra la duda y nos remite a que quizás la única posibilidad que tenemos es la unión y la conciencia a través de la creación de plataformas ciudadanas.

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Imagen vía Consonni.

Tristes por diseño. Las redes sociales como ideología – Geert Lovink

Distracciones, memes, noticias falsas, narcisismo y violencia. La cultura de la red parece haber tomado un camino sin salida. ¿Qué pasaría si antes de soñar con alternativas u otros mundos posibles tratamos de comprender el aquí y el ahora en el que nos encontramos? De eso nos habla el teórico de medios y redes Geert Lovink en su ensayo Tristes por diseño. Las redes sociales como ideología (Consonni, 2019).

Para Lovink, Las extensiones del hombre de McLuhan han implosionado directamente en un yo exhausto. Las redes sociales y la psique -ese yo del psiconanálisis- se han fusionado, convirtiendo la vida cotidiana en una realidad social que, al igual que la inteligencia artificial, está superando nuestra percepción del mundo y nos agota.  

El teórico explica que la falta de crítica, héroes y roles nos generan tristeza porque estamos constante y agotadoramente buscando la verdad en un medio que pervierte y democratiza la mentira. 

La realidad social es un híbrido corporativo entre los medios portátiles y la estructura psíquica del usuario. Lovink nos abre la mente para intentar observar y parar el caos que provoca internet, que es como “una ‘hidra inversa con cien culos’, pero de todas formas la adoramos, convirtiendo nuestro cerebro en un basurero de información. 

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Imagen vía Holobionte.

Cíborgs, zombis y quimeras. La cibercultura y las cibervanguardias – Federico Fernández Giordano (compilador)

Esta compilación de la nueva editorial barcelonesa Holobionte toma su nombre de uno de los artistas digitales más reconocidos a nivel mundial y figura clave de la tecnocultura: el performer chipriota-australiano Stelarc, cuyas ideas proféticas de los noventa, plasmadas en su ensayo Zombies, cyborgs and chimaeras, abren la antología de artículos conformados por artistas, escritores o especialistas tecnológos, desde el anteriormente nombrado Douglas Rushkoff  hasta la escritora de ciencia ficción Ursula K. Le Guin.

En esta era de hacking corpóreo, art data, mapeos genéticos, óvulos congelados, trasplantes de rostro y reasignaciones de género, lo que siempre había caracterizado a la vida humana es cuestionado. El pensamiento binario muy propio de los ceros y unos del código que generan las matemáticas, los algoritmos o la programática está cambiando nuestros referentes, socavando un sistema.

Cíborgs, zombis y quimeras. La cibercultura y las cibervanguardias reflexiona sobre nuestra complejidad: a pesar de que el ser humano le ha tenido miedo a la automatización, a los zombis y a los cíborgs, estos ensayos al día de hoy desvelan que nos hemos entregado a ello y, posiblemente, no haya vuelta atrás.

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Todos estos libros dejan por sentado cómo la cultura de internet está mostrando signos claros de crisis. Como escribió Julia Kristeva, “no hay nada más triste que un dios muerto”. La sensación de novedad se ha desvanecido y ha dejado un vacío detrás y delante de ella. Reescribir internet a partir de un conocimiento sin sesgos, inclusivo y no binario es quizá nuestra labor cívica. La pregunta que queda abierta es si el mundo físico está muerto, como afirma el personaje de Halt and Catch Fire, dónde meteremos nuestras cosas, dónde quedará el cuerpo y, lo más importante, ¿cómo lograremos conectar dentro del sistema establecido que nos quita atención y es más poderoso que nosotros? ¿Tenemos que desconectar?

 

Ariana Basciani

Caraqueña del 83. Tiene una doble vida: de día hace consultoría y estrategia de productos digitales y, de noche, transcribe entrevistas de gente interesante, lee libros y ve series. Tiene una web llamada Culturetas.