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Cultura

Salma Hayek: «Con la sentencia a Harvey Weinstein, las mujeres han entendido que su voz se escucha y su dolor es importante»

Amazon Prime acaba de estrena la última película de Salma Hayek, ‘Los caminos que no escogemos’

Salma Hayek: «Con la sentencia a Harvey Weinstein, las mujeres han entendido que su voz se escucha y su dolor es importante»
Fotograma de 'The Roads Not Taken'|Diamond Films

Entre el surtido de aforismos escritos por el poeta y escritor italiano Andrea Mucciolo hay al menos uno con el que Salma Hayek (Veracruz, 1966) no está de acuerdo. Es el que asegura que las encrucijadas “no ayudan a decidir, sino más bien a arrepentirse”. A lo largo de su vida, la intérprete ha optado por determinaciones arriesgadas, contrarias incluso al sentido común, que se han resuelto como aciertos. Es el caso de dejar su cómoda vida y su exitosa carrera en México para trabajar de extra en Los Ángeles, o su empecinamiento en sacar adelante un biopic sobre Frida Kahlo. Hoy día, la comunidad latina tiene un hueco incontestable en Hollywood y actrices como Nicole Kidman, Reese Whitherspoon y Jessica Chastain producen sus propios contenidos, pero cuando Hayek tuvo los arrestos de probar, no eran lugares comunes en la industria del cine. 

Amazon Prime acaba de estrena su última película, Los caminos que no escogemos. Este drama sobre la enfermedad mental escrito y dirigido por la británica Sally Potter plantea esas intersecciones vitales que marcan el futuro. En la pasada Berlinale, la primera mexicana en ser nominada al Oscar a mejor actriz principal nos transmitió que no es precisamente arrepentimiento lo que le despiertan los senderos que ha elegido recorrer hasta el momento. 

¿Te ha hecho recapacitar esta película sobre los caminos que no has escogido?

Claro, pero es algo a lo que ya le he dado vueltas, independientemente de este proyecto. He sido muy afortunada, porque a lo largo de mi vida he tomado decisiones que sólo tenían sentido para mí y podían parecer estúpidas. No sé por qué las tomé, pero fueron buenas, así que tengo sentimientos encontrados, porque me asusta no tener la fórmula matemática para volver a acertar. Me guíe por el instinto, y no sé si mañana me va a acompañar. 

Más allá de tu decisión de instalarte en Estados Unidos, ¿que otras encrucijadas han sido importantes en tu vida?  

Podría haberme casado con otros hombres buenos. No sé por qué no lo hice. Esperé mucho tiempo y conocí al que hoy es mi marido, que ni siquiera vivía en el mismo continente. No tenía ningún sentido. Y ahora ya han pasado 14 años. También empecé a producir 15 años antes que nadie, y ya era una activista por los derechos de las mujeres cuando las feministas éramos unas apestadas. Ahora está de moda, pero entonces, todo el mundo me despreciaba.

Fuiste una de las mujeres que acusó públicamente a Harvey Weinstein. ¿Estás satisfecha con el veredicto judicial? 

Sí, me complace mucho que haya una consecuencia tangible para unos actos tan turbios. Te garantizo que Harvey todavía está preguntándose: “¿Qué diablos he hecho?” De hecho, a Weinstein se le admiraba por salir airoso de situaciones comprometidas. Sucedieron en una época diferente. Mucha gente estaba confundida. Pero ahora está muy claro. Lo que hacía no es aceptable. Con esta sentencia, los hombres han entendido que esa conducta no está bien y tiene consecuencias. Y las mujeres, que su voz se escucha y su dolor es importante, que tienen derecho a su dignidad y está bien pedir que se las respete. La conversación que está teniendo lugar hoy día es una oportunidad de crecimiento para todos.

Fuiste muy valiente cuando compartiste tu experiencia personal en The New York Times

Fue difícil. Pensé que ya había dejado atrás lo que sucedió, que había hecho las paces con ese momento de mi vida. Él no había conseguido lo que quería de mí, así que yo había ganado. Seguí adelante, pero un día me paré en seco y me dije: “Espera un segundo, no. Fui una víctima”. Mi vivencia había sido más dolorosa de lo que creía. Digerirlo me provocó contradicciones. Reforzó mi idea de que las cosas no son blancas o negras, porque me ha sabido muy mal por sus hijas y por sus ex mujeres. He conocido a muchos Harvey. Y he sentido cosas diferentes por cada uno de ellos. Pero lo más emocionante fueron las mujeres valientes que se arriesgaron a denunciar lo que les había sucedido, y sobre todo, saber que no habrá más víctimas. Dios mío, se lo hizo a tantas otras mujeres… Me sentí aliviada de que hubiera un veredicto, pero es una situación tristísima. 

¿De qué otras maneras está ayudando a eliminar la desigualdad de género en tu industria el movimiento #MeToo?

Ten en cuenta que la última vez que trabajé con una mujer a los mandos fue hace más de 20 años, con Julie Taymor en Frida, y porque yo era la productora de esa película, así que la elegí y peleé por ella. Ahora hay más directoras, pero todavía queda mucho trabajo por hacer. La reseña de Variety en el Festival de Berlín sobre Los caminos que no escogemos desdeñó la película porque la consideraba una terapia de Sally para superar la muerte de su hermano. Si se tratara de un hombre, habrían dicho: «¡Qué obra tan personal!» o “¡Bravo! Ha explorado sus emociones. Qué valiente…” La mayoría de las críticas de los medios no se centran en cosas específicas sobre el filme, sino en las razones por las que su directora lo ha rodado. Potter saca adelante un proyecto en el que expone su punto de vista sobre cómo es cuidar de alguien con demencia ¡y se enojan!, porque, claro ¿cómo se atreve a exponer sus problemas para que los veamos? Los críticos, por descontado, son todos hombres.

Tienes un papel secundario, pero supone una palanca emocional en la trama. ¿Te resulta difícil concentrar esa intensidad con una participación tan breve?

No, qué va. Fueron pocos días, pero continuados, así que me mantuve en mi papel todo el tiempo. Lo que resulta complicado es cuando tienes que repetir algunas secuencias de una película que ya has acabado, porque en medio ya has hecho dos o tres proyectos y de un personaje has saltado a otro. O cuando llegas a un set y el elenco ya lleva un tiempo trabajando y tiene sus dinámicas. Así me pasó en The Hummingbird Project, de Kim Nguyen, donde rodé una semana, me marché un mes y volví para rodar otros siete días. Resultó muy duro, me costó reconectar. En el rodaje de Eternals (nuevo proyecto de súper héroes de Marvel), me temí que me sucediera lo mismo, porque filmamos cinco meses con dos semanas libres a mitad de rodaje, así que hice algo inteligente para evitarlo: decorar mi caravana de modo que cuando entraba en ese espacio, me reencontraba con mi personaje. 

Has nombrado a Kim Nguyen y el rodaje de Eternals, que dirige Chloé Zhao. ¿Notas alguna diferencia cuando trabajas bajo las órdenes de una mujer?  

Sí. En gran parte porque anticipan sobre la marcha. Se adelantan a las cosas que van a suceder. Y el tratamiento es diferente. Las directoras con las que he trabajado están mucho más interesadas en el desarrollo de los personajes. Por cierto, Chloé Zhao es increíble. Es muy dura, se nota que es china.  

¿Y qué hay de trabajar con Javier Bardem? Parece mentira que todavía no hubierais compartido ningún proyecto…

Estaba muy preocupada por dos razones. La primera es que cuando eres muy amiga de alguien con el que nunca has trabajado, no sabes si las cosas van a fluir durante el rodaje, si te vas a llevar bien. Javier es como mi cuñado y cuando trabajas con familia es muy raro, porque si discutes, surge una tensión que se extiende a tus allegados. La segunda razón era que para interpretar el conflicto de mi personaje, Dolores, tenía que desconectar por completo de mí misma, abstraerme. ¿Y cómo te sumerges en la vida de otra persona si frente a ti hay un amigo que te recuerda tu verdadera vida? 

Salma Hayek: «Con la sentencia a Harvey Weinstein, las mujeres han entendido que su voz se escucha y su dolor es importante» 1
Foto: fotograma de ‘The Roads Not Taken’ | Diamond Films

Por el resultado en pantalla, parece que conseguiste superar los dos obstáculos.

Sí, lo más hermoso y lo más extraño sucedió. Ensayamos mucho y cuando llegamos al set, sin siquiera haberlo acordado, empezamos a mantener dos relaciones: una era la de Dolores y Diego, y la otra, la de un actor y una actriz que no se conocían y trabajaban juntos por primera vez. Fue muy profesional, no hablamos en absoluto de nuestras vidas ni bromeamos como solemos. Nos ayudamos el uno al otro, nos sostuvimos en nuestras interpretaciones, pero nos distanciamos en lo personal. Y el día que terminamos de rodar, en una secuencia en la que lloramos mucho, nos miramos el uno al otro, sonreímos y volvimos a relacionarnos como siempre. Fue bellísimo.

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