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Daniela Alcívar Bellolio: “Escribí 'Siberia' para salvar mi vida”

Foto: Detalle de la portada de 'Siberia' | Editorial Candaya

La escritora, editora y crítica literaria ecuatoriana Daniela Alcívar Bellolio ha visitado recientemente España para presentar su primera novela, Siberia. Un año después, en la que, en clave autoficcional, recrea literariamente la muerte de su hijo Benjamín, unas pocas horas después de haber nacido.

El duelo que no acaba

Hace dos años y medio de la pérdida de su hijo, pero para Daniela Alcívar el duelo sigue presente. Muy presente. Y se elabora cada día, hoy también. En las oficinas barcelonesas de su editorial española, Candaya, cuenta visiblemente emocionada a The Objective, justo el día antes de Nochebuena cómo Siberia nunca fue un proyecto de novela, sino más bien “fragmentos de sentido”, que fue escribiendo las semanas posteriores a la pérdida de su hijo. Fragmentos que le sirvieron para “poner orden y para agarrarme a la vida”.

Nos cuenta Alcívar que se sentía en un pantano de lodo y cada vez que aparecían esos breves fragmentos se abrían huecos que le permitían respirar por unos segundos. Así, Siberia comenzó siendo un “consuelo fugaz” que finalmente diez meses después apareció en forma de novela y de la que se distribuyeron 40 mil ejemplares en su país natal, Ecuador. Paradoja que hizo que, mientras la escritora apenas podía llevar una vida normal (estaba en shock, adolorida, no podía caminar bien), su valiente novela desafiase la hegemonía del sistema literario ecuatoriano, caracterizado por una visión cristiana, cartesiana del mundo, casual y lineal.

Daniela Alcívar Bellolio: “Escribí Siberia para salvar mi vida”

Foto cedida por Editorial Candaya.

Alcívar, contra esa idea de la literatura que tiene que ver con la visión controlada del mundo, la destreza y el manejo del lenguaje, opone en Siberia una visión minoritaria pero potentísima (y en general secundada por escritoras), según la cual “la literatura ha de ser el descubrimiento de un mundo inédito que se está formando mientras escribo”.

Porque Siberia es una novela escrita contra la culpa y la moral. Ya que “lo que más siente una madre cuando pierde un hijo es culpa”. Y parte de la asunción de la ética spinoziana de que uno ha de estar a la altura de los acontecimientos.

Un asunto corporal

“Tu cuerpo sigue produciendo leche y tu hijo está muerto. Tu mente lo sabe, pero tu cuerpo no lo entiende. Ese desfase es puramente insoportable. Es algo que te lleva a la desesperación absoluta, a la locura”, nos cuenta Daniela Alcívar. De ahí que se diera cuenta de que el duelo es, en realidad, un proceso físico, corporal, y que sintiera “la necesidad de explicar de manera cruda ese proceso de desolación absoluta del cuerpo”.

Por ello, la forma de la novela refleja la realidad del cuerpo: espasmódica, confusa, fragmentaria, telúrica, vital. El misterio de la vida que se está manifestando ahí mismo: eros y tánatos en constante pugna. El deseo, la pena, la incredulidad, pero -por sobre todo- la fuerza luminosa que es la presencia, aunque fugaz (pero todavía física), del hijo. “A pesar de que el hijo muere y el núcleo de la narración es su muerte -nos cuenta Alcívar- hay un espacio para la alegría en Siberia”.

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Portada de 'Siberia' vía Editorial Candaya.

Cómo vivir una vida sin narrativa

La muerte de un hijo rompe la narrativa lógica de una vida. Y eso al principio es muy desesperante y da mucho miedo. “Pero si uno es capaz de superarlo, se da cuenta de que vivir sin narrativa tampoco es algo tan malo, pues es prueba de que la vida también sabe cómo recomenzar cada vez”, nos dice Alcívar. Esto tiene una virtud, según la narradora ecuatoriana, y es que uno aprende a zafarse de la carga de la culpa y la moralidad: “Aprender a vivir sin esa narrativa a una la deja más desnuda, pero también la hace más libre y de ahí que sus decisiones sean más responsables”.

El peso de la presencia

Siberia es una novela en constante movimiento, que se articula en tres ciudades (Buenos Aires, Quito, Bogotá) y que engloba un año en la vida de la narradora, aunque con constantes flashes hacia el pasado, fundamentalmente hacia la infancia de la protagonista. Se trata de una novela que, a diferencia de otras novelas de temática parecida (Mortal y Rosa, de Francisco Umbral, La hora violeta, de Sergio del Molino o El nadador en el mar secreto, de William Kotzwinkle, todas ellas enunciadas desde la experiencia del padre), da voz principal a la experiencia de la madre embarazada que da a luz para, inmediatamente, perder al hijo.

Dice el ensayista argentino y maestro de Alcívar, Alberto Giordano, que tener un hijo es una apuesta por el misterio, absoluta y muy valiente. Siberia es la forma en la que Daniela Alcívar ha entendido esto, pero sobre todo, el hecho de darse cuenta de que su duelo no invalida su propia apertura al futuro, pues como decía John Berger y recuerda Alcívar, a diferencia del optimismo (que es un cálculo a la luz de los datos compilados), la esperanza es una respuesta hecha en la oscuridad. Siberia es una entidad sustancialmente material, hecha a ciegas, que “tiene que ver con el peso de una presencia, con un recuerdo físico”, de ahí el resplandeciente y tranquilizador efecto que produce su lectura. 

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