The Objective
Gente

La infancia de Fernando Torres en Fuenlabrada: «Mis padres se quitaron muchas cosas para que tuviera unas botas de fútbol»

El que fuera jugador de fútbol creció en un entorno especialmente humilde junto a sus dos hermanos

La infancia de Fernando Torres en Fuenlabrada: «Mis padres se quitaron muchas cosas para que tuviera unas botas de fútbol»

Fernando Torres, en una imagen de archivo. | Gtres

Durante mucho tiempo, Fernando Torres fue uno de los futbolistas más reconocidos de nuestro país. El deportista convirtió su pasión en su trabajo y evolucionó en un jugador de alto rendimiento. Han sido varias las ocasiones en las que Torres se ha pronunciado sobre esos primeros años en la localidad madrileña de Fuenlabrada, unos inicios humildes que, sin duda, le marcaron para siempre. «Yo soy un chico de Fuenlabrada, de un barrio humilde, que tuvo la suerte de cumplir su sueño. Mi patria es el Parque Granada, los campos de tierra y mis amigos de siempre», contó en una ocasión.

Es más, recuerda a «mi madre llevándome en tren y en autobús todos los días a entrenar. Ella hacía ese trayecto conmigo mientras yo hacía los deberes en el vagón. Mis padres se quitaron de muchas cosas para que yo tuviera unas botas de fútbol». En el documental que vio la luz sobre su vida, el propio futbolista explica que su pasión por el deporte vino por su familia. «Mi abuelo no era un gran aficionado al fútbol, pero era del Atleti. Él me enseñó que ser del Atlético no es ganar o perder, es una forma de entender la vida: resistir y luchar. Gracias a él entendí que los valores son más importantes que los trofeos», contó.

La humilde infancia de Fernando Torres en Fuenlabrada

Y es que su sueño era ser portero como su hermano Israel. «Pero un día me dieron un pelotazo en la cara, me rompieron un diente y mi madre me dijo: ‘O dejas de ser portero o dejas el fútbol’. Así que me fui para adelante a meter goles», apostilló, sobre el momento que le cambió la vida para siempre. Fue con 17 años cuando accedió al primer equipo y ahí se encontró con otros futbolistas que le doblaban en edad. «Me llamaban ‘El Niño’ porque no se sabían mi nombre, y al final se convirtió en mi identidad. En ese vestuario aprendí a ser adulto antes de tiempo», contó. Durante toda su carrera hubo ocasiones en las que echó de menos esos comienzos futbolísticos más rurales y humildes.

«A veces echo de menos la pureza de jugar en el barro, en el Rayo 13, donde lo único que importaba era que al acabar el partido nos daban un bocadillo y un refresco. Esa es la verdadera felicidad del fútbol», ha explicado en alguna que otra ocasión. Lo cierto es que Fernando nació en un pequeño piso en la localidad madrileña de Fuenlabrada. Sus padres, José y Flori, dieron la bienvenida a su tercer hijo después de Israel y Paz. Al ser el pequeño con mucha diferencia, sus hermanos se volcaron con él. Su hermana Paz era quien más le consentía, e Israel, que jugaba como portero, fue su primer referente y el culpable de que Fernando quisiera ser futbolista.

«A veces echo de menos la pureza de jugar en el barro»

De muy pequeño, tenía la manía de tirar cosas por la ventana. Una vez tiró un camión de juguete lleno de monedas —los ahorros familiares— a la calle. Por suerte, pudieron recuperarlo. Como decíamos, su carrera dentro del fútbol comenzó como portero. Como todos los niños de los 80, creció viendo la serie Campeones. Se imaginaba que era uno de ellos y bajaba al parque a intentar copiar sus jugadas imposibles. En una familia donde no había una pasión futbolística extrema, la figura de su abuelo materno, Eulalio, fue clave. Su abuelo era un colchonero de pura cepa. Mientras otros niños se hacían del Madrid o del Barça por los títulos, su abuelo le enseñó que ser del Atlético de Madrid era una cuestión de sentimiento y de resistencia. Fernando se hizo atlético por el amor y la admiración que sentía hacia él.

Comenzó a jugar en el Parque 84 —fútbol sala— y luego pasó al Mario’s Holanda, un equipo que estaba patrocinado por una cafetería del barrio. A los 10 años entró en el Rayo 13, donde marcó la increíble cifra de 55 goles en una temporada. Gracias a esa actuación, consiguió una prueba para entrar en la cantera del Atlético de Madrid. Entrar en el Atleti fue un sueño, pero también un reto logístico para una familia trabajadora. Para conseguir sus objetivos sus padres hacían malabarismos, tanto económicos como para poder conciliar la vida familiar con los exigentes horarios del fútbol.

Fuenlabrada sigue siendo su lugar seguro

Su padre se escapaba a veces del trabajo para llevarlo a entrenar, y su madre, Flori, lo acompañaba cada tarde en un trayecto de casi dos horas en tren y autobús desde Fuenlabrada hasta las instalaciones del club. Fernando aprovechaba esos viajes para hacer los deberes del colegio, demostrando desde niño una disciplina impropia de su edad. Actualmente, Torres lleva una vida de lo más acomodada en una de las urbanizaciones más exclusivas de las afueras de la capital. Tras su exitoso paso por el Juvenil A, Torres ha seguido escalando en la estructura técnica del club como entrenador.

Los jugadores jóvenes lo miran con cierta admiración; para ellos, él es la prueba viviente de que se puede llegar desde el barro de Fuenlabrada a ser leyenda mundial. En estos últimos años, además, se ha convertido en un apasionado del fitness y el boxeo. Es imagen de varias cadenas de gimnasios y ha integrado la preparación física de alto rendimiento como una obsesión en su metodología de entrenamiento. Además, sigue mintiendo una relación con Olalla, su novia de toda la vida. Juntos tienen tres hijos; Nora, Leo y Elsa. Curiosamente, su hijo Leo sigue sus pasos en el fútbol, y Fernando intenta manejarlo con la misma discreción con la que sus padres lo llevaron a él, evitando presiones innecesarias.

Fuera de la hierba, además, ha sabido invertir bien su dinero. Su proyecto empresarial más personal son los gimnasios Nine Fitness, que cuentan con varios centros repartidos por todo Madrid. Además, sigue siendo un imán para las distintas marcas publicitarias, representando valores de elegancia, esfuerzo y vida saludable. A pesar de su estatus, es habitual verlo todavía por Fuenlabrada visitando a sus padres o dejándose ver en eventos del barrio. No ha perdido esa conexión con el suelo que tanto le caracteriza.

Publicidad