The Objective
Gente

Felipe Varela, el diseñador que trabajó para la reina Letizia y que dejó su firma a sus hermanos

El modisto fue, durante diez años, la referencia de la Casa Real, para mas tarde abandonar la marca

Felipe Varela, el diseñador que trabajó para la reina Letizia y que dejó su firma a sus hermanos

Felipe Varela | Gtres

Felipe Varela nació en Madrid en 1968 y desde joven orientó su vida hacia el mundo de la moda. Para formarse en el oficio, puso rumbo a París, ciudad que por entonces —y todavía hoy— representaba el epicentro mundial del diseño y la alta costura. Allí cursó patronaje en la Escuela Superior de Artes y Técnicas de la Moda —ESMOD—, una institución fundada en 1841 que ostenta el título de primera escuela de moda del mundo. La iniciativa partió de Alexis Lavigne, el sastre que inventó tanto el maniquí de alta costura como la cinta métrica flexible, dos herramientas que transformarían para siempre el sector.

En sus primeros años en la capital francesa, Varela no tardó en hacerse notar. Poco después de terminar su formación en ESMOD, ganó el premio al joven diseñador en el prestigioso Instituto Francés de Moda —IFM—, un galardón que le abrió las puertas de algunas de las casas más influyentes del panorama internacional: Dior, Kenzo, Thierry Mugler y Lanvin. Su paso por estos ateliers de renombre mundial le permitió adquirir una sólida experiencia en alta costura y afianzar un estilo propio marcado por la precisión técnica, la elegancia estructurada y una cierta influencia futurista, especialmente visible en su afinidad con la estética de Thierry Mugler.

De vuelta a Madrid, en enero de 1996, Varela lanzó su propia marca y debutó ese mismo año en la Pasarela Cibeles, la plataforma que con los años se convertiría en la Mercedes Benz Fashion Week. Su presencia en las pasarelas madrileñas se extendió hasta 2002, cuando decidió apartarse de ese circuito —en parte por discrepancias con las condiciones impuestas y por no haber logrado el ingreso en la Asociación de Creadores de Moda de España (ACME)— para centrar toda su energía en su propio taller-tienda, ubicado en el número 30 de la calle José Ortega y Gasset de Madrid, inaugurado en 1998.

Felipe Varela. EP

En 2002, en una entrevista con la revista Vogue, definió a la mujer que compraba su ropa como —dinámica y fanática de la moda—, una descripción que resumía perfectamente la clientela sofisticada a la que se dirigía su propuesta. Sus allegados le describen como un hombre sencillo y discreto, reacio a la exposición pública y a las entrevistas. Esa misma austeridad comunicativa, lejos de perjudicarle, reforzó su imagen de diseñador serio, íntegro y volcado en la artesanía de su oficio.

La relación con la reina Letizia: diez años siendo el modisto de referencia de la Casa Real

El verdadero salto a la fama internacional de Felipe Varela llegó en 2004, cuando fue el encargado de confeccionar los vestidos más importantes de la boda de los entonces Príncipes de Asturias. De su taller salieron no solo el diseño de la propia Letizia Ortiz, sino también los trajes de su madre Paloma Rocasolano y los de sus hermanas Érika y Telma. La discreción y la fidelidad que demostró en aquella ocasión marcaron el inicio de una larga y fructífera relación profesional.

La reina Letizia. Gtres

El camino hacia esa confianza había comenzado incluso antes: la infanta Elena había acudido con un diseño de Varela a la pedida de mano de los Príncipes, llamando la atención de doña Letizia. Desde entonces, y durante aproximadamente una década, Felipe Varela se convirtió en el modisto de cabecera de la Reina, firmando hasta el 90% de sus estilismos hasta 2014, año de la proclamación de Felipe VI como monarca. La relación no era meramente profesional: Varela era también una persona de absoluta confianza para la entonces Princesa.

Con la proclamación real y la incorporación de la estilista Eva Fernández al equipo de la Reina, el armario de doña Letizia comenzó a diversificarse de forma silenciosa pero implacable. Nuevas firmas empezaron a ocupar un lugar destacado en su vestuario y la dependencia exclusiva de Varela fue disminuyendo progresivamente. La última vez que la Reina estrenó un diseño de la marca fue en los premios Princesa de Asturias de 2019. Aunque la monarca sigue recurriendo de manera puntual a prendas ya existentes de la firma —como en marzo de 2026, con motivo de la visita del presidente de Senegal, o en la recepción al Cuerpo Diplomático en el Palacio Real—, su presencia en el armario oficial es ya anecdótica.

La reina Letizia. Gtres

La salida de Varela y el relevo familiar al frente de la empresa

La transición en la gestión de la compañía llevaba tiempo gestándose de manera silenciosa. Según Vanitatis, en febrero de 2024, Felipe Varela cesó oficialmente como administrador de Centro de Costura Castresana, la sociedad que ampara su marca de moda. Sus hermanos Abraham y Jacob, que ya venían asumiendo responsabilidades de gestión desde hacía tiempo, quedaron al frente del negocio. El propio Varela lleva años residiendo entre Miami y París, alejado del día a día operativo de la firma.

El diseñador, formado en los grandes ateliers del lujo europeo y convertido en referente de la moda española gracias a su vínculo con la Casa Real, apostó así por dejar en manos de su familia el futuro de la marca que había fundado a finales de los años 90. Un gesto coherente con su carácter reservado y con su progresivo distanciamiento del negocio.

Los mejores resultados de su historia: la firma crece sin su fundador ni su cliente más célebre

Según Vanitatis, lejos de verse perjudicada por la doble ausencia —la del diseñador y la de la reina Letizia como clienta habitual—, la empresa ha registrado en 2024 sus cifras más sólidas en años. Según las cuentas depositadas en el Registro Mercantil, Centro de Costura Castresana facturó 2,13 millones de euros, un 14% más que en el ejercicio anterior. El beneficio neto también creció de forma notable, pasando de los 88.000 euros de 2023 a los 145.000 de 2024.

El resultado de explotación, que mide la marcha puramente operativa del negocio, pasó de 130.000 a 194.000 euros, lo que supone una mejora de casi el 50%. Aún más llamativo resulta el dato de liquidez: la caja prácticamente se duplicó en un solo año, pasando de 448.000 a 914.000 euros. Al mismo tiempo, la deuda bancaria a largo plazo se redujo de 262.000 a 158.000 euros. El balance de la empresa dibuja, en definitiva, el retrato de una compañía más saneada y estable que hace apenas dos años.

La plantilla, compuesta de media por 13 empleados frente a los 11 del año anterior, se mantiene contenida. Y la política financiera apunta a la prudencia: la firma no repartirá dividendos y destinará íntegramente el beneficio a reservas, una decisión habitual en empresas familiares que buscan reforzar su balance durante etapas de transición.

Una transformación estratégica que empieza a dar sus frutos

Los buenos resultados no son casuales. Tras la progresiva desconexión de la reina Letizia como clienta estrella —un proceso que comenzó a hacerse evidente a partir de los Premios Princesa de Asturias de 2019—, la firma emprendió un proceso de reestructuración y reposicionamiento comercial orientado a reducir la dependencia de la alta costura tradicional. Entre las medidas adoptadas destacan el impulso de la línea Varela, concebida para llegar a un público más amplio, la expansión de la venta online y la presencia en espacios multimarca.

La estrategia fue silenciosa, como siempre ha sido la filosofía de la casa. Sin grandes anuncios ni campañas llamativas, la marca trabajó para construir una base de negocio menos dependiente de un único referente —ya fuera el propio diseñador o una figura pública concreta—. Las cuentas de 2024 confirman que ese camino está dando resultados.

El caso de Felipe Varela resulta singular en el panorama de la moda española: pocas firmas de autor logran sobrevivir, y menos aún crecer, tras la salida de su fundador. La historia de esta casa madrileña demuestra que la identidad de una marca puede ser algo más que el nombre de quien la creó, siempre que exista una gestión sólida y una voluntad clara de adaptación a los nuevos tiempos.

Publicidad