Ana Belén: «Me siento madrileña, pero Cabezuela es mi patria de la infancia; allí fui 'la hija de Pilar'»
La cantante vivió los mejores momentos de su niñez en una pequeña localidad de Segovia, donde vivía su familia

Ana Belén, en una imagen de archivo. | Gtres
Ana Belén se considera madrileña 100%, de pura cepa. La cantante nació en pleno centro de la capital, donde ha desarrollado la mayor parte de su vida, personal y profesional. Aunque eso sí, hace tiempo se compró un bonito chalé en la zona de Prosperidad, que se ha convertido en su mayor refugio. A pesar de vivir en la ciudad, cada vez que puede, se marcha hasta Cabezuela, el pueblo de su infancia y que se ubica en la provincia de Segovia. Ella misma ha reconocido que se siente madrileña, pero que Cabezuela es «su patria de la infancia». «Es ese lugar donde descubres que el mundo no es solo asfalto, sino que huele a campo y a lumbre», ha contado.
Es más, cuando era pequeña, Ana Belén todavía recuerda llegar a su pueblo y sentir una «libertad» que en Madrid no existía. «Ir al pueblo era volver a lo esencial. Allí era ‘la hija de la Pilar’, y me encantaba esa sensación de no ser nadie más que eso», ha relatado. Fue su madre quien le transmitió «esa austeridad» y esa fuerza de «mujer segoviana». «En Cabezuela la gente es de una pieza, sobria, trabajadora. Ese carácter castellano, tan directo y sin adornos, lo llevo yo también muy dentro», ha apostillado. Para Ana Belén, Cabezuela sigue oliendo a «la leña quemada de invierno y el de la cosecha de verano».
Ana Belén ha vivido muy vinculada a esta localidad segoviana

La cantante pone en valor su gastronomía, afirmando que no hay cordero «en el mundo» como el que se come ahí, porque tiene «el sabor del cuidado y de la tradición de siglos». «A veces necesito volver, aunque sea mentalmente, a ese paisaje. Cabezuela es el suelo que me pisa los pies, es lo que me mantiene amarrada a la realidad cuando este oficio de artista te intenta hacer volar demasiado alto», ha contado sobre sus raíces.
Ana Belén ha comentado alguna vez que, aunque ella no se crió allí, el hecho de que su madre fuera de Cabezuela marcó su educación. De ella heredó la disciplina y la sobriedad, rasgos que ella asocia directamente con la tierra segoviana. En el pueblo, ella sigue siendo una figura muy querida, y aunque sus visitas son discretas, la conexión sigue intacta. Como decíamos, Cabezuela es un pequeño pueblo de la provincia de Segovia, situado a unos 47 kilómetros de la capital, que respira esa esencia castellana de piedra, cereal y silencio. Para el gran público, es conocido sobre todo por ser el refugio de infancia de Ana Belén, pero el pueblo tiene una identidad propia muy marcada.
Cabezuela, un lugar de Segovia lleno de personalidad

Aunque ella nació en la calle del Oso en Madrid, Cabezuela es el pueblo de su familia materna. Como decíamos, su abuela, Matilde, fue la maestra del pueblo, y su casa era el centro de los veranos de la artista. El pueblo le tiene un cariño inmenso; tiene una calle dedicada a ella y en 2013 fue la encargada de dar el pregón de las fiestas, donde recordó emocionada cómo corría por sus calles de niña. El pueblo conserva edificios que cuentan su historia medieval y moderna. La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es la joya del pueblo. Un edificio robusto con una torre impresionante. En su interior guarda una de las pilas bautismales románicas más bonitas de toda la provincia de Segovia.
Por su parte, La Panera está situada en la Plaza Mayor, es un antiguo edificio del siglo XVII donde se almacenaba el grano, una muestra perfecta de la arquitectura civil castellana de la época. Además, la Ermita del Santo Cristo del Humilladero se encuentra a las afueras y es el lugar donde reside el patrón del pueblo. Cabezuela está en un punto estratégico para los amantes del senderismo. El pueblo tiene una de las paradas clave del Camino de San Frutos, una peregrinación que atraviesa toda la provincia. Además, se encuentra a poco trayecto de las Hoces del Duratón; está a un paso de este impresionante parque natural, lo que le da ese aire de tierra de cañones, pinos y buitres leonados.
Su abuela Matilde, una figura fundamental

Además, la localidad también es conocida por sus fiestas. Las Hacenderas se celebran en Carnaval. Es un día en el que los hombres del pueblo realizan trabajos comunales en beneficio de todos y terminan con una merienda de escabeche, huevos y vino pagada por el Ayuntamiento. Mientras tanto, Chiscar la tralla es un sonido típico de sus fiestas; el chasquido de los látigos o trallas acompaña muchas de sus celebraciones tradicionales. Como buen pueblo segoviano, aquí manda el horno de leña. El cordero lechal y el cochinillo son las estrellas, pero al estar en zona de agricultura, sus legumbres —especialmente los garbanzos— tienen una calidad excepcional.
La relación más fuerte de Ana con el pueblo fue a través de su abuela, Matilde, que era la maestra de Cabezuela. Ana pasaba todos sus veranos allí de niña. Ha contado muchas veces que su abuela era una mujer culta y avanzada para su época, y que en esa casa de pueblo rodeada de libros y de campo, empezó a forjarse su curiosidad intelectual. La relación es de amor mutuo. El pueblo la adora y ella corresponde siempre que puede. En 2013, Ana Belén vivió un momento histórico dando el pregón. Ana dio el pregón de las fiestas del Santo Cristo del Humilladero. Fue un discurso muy emotivo donde nombró a familias del pueblo, recordó juegos de infancia y reivindicó la importancia de no olvidar de dónde venimos.

Incluso viviendo en Madrid junto a Víctor Manuel, Ana mantiene costumbres de Cabezuela. Se dice que es una gran defensora de los productos de la zona —como los garbanzos y el cordero— y que en su mesa nunca falta ese toque castellano que aprendió de su madre y su abuela.
