El refugio de Marc Clotet y Natalia Sánchez en Gerona: casas blancas, paisaje de ensueño y «el pueblo maravilloso donde vivió Dalí»
La pareja de actores suelen escaparse a una bonita localidad de la Costa Brava junto a sus dos hijos, Neo y Lía

Marc Clotet y Natalia Sánchez, en una imagen de archivo. | Gtres
Natalia Sánchez y Marc Clotet son una de las parejas más estables del mundo de la interpretación. Ambos comenzaron su relación hace años y, en todo este tiempo, han presumido de su historia de amor en los distintos photocalls. También, en las redes sociales. Aunque Natalia se considera muy madrileña, hace unos años, y por amor, se marchó hasta Barcelona, donde reside junto a sus dos hijos y su pareja. Es más, tanto se ha empapado Natalia sobre la cultura catalana que ha aprendido a hablar, a la perfección, el idioma de su nueva tierra. Cada vez que se quieren escapar eligen una bonita localidad, en la Costa Brava, que cuenta con un paisaje de ensueño y que quita la respiración.
Ellos mismos han contado que les «encanta» perderse por ahí cada vez que pueden. «Es mi pueblo del alma», ha contado la pareja y, además, han recalcado que fue allí donde «nació Dalí», en «un pueblo maravilloso». El lugar elegido para descansar por la pareja de actores es Cadaqués, un bonito pueblo de la costa gerundense que, además, es famoso por su arquitectura blanca, que sigue el estilo de la zona.
El refugio de Marc Clotet y Natalia Sánchez en la Costa Brava
Así, la relación de Marc Clotet y Natalia Sánchez con Cadaqués es el complemento perfecto a su vida en el campo gerundense. Si su masía cerca de Girona es el refugio de invierno y de rutina, Cadaqués es su lugar sagrado del veranoy de las escapadas frente al mar. La conexión con Cadaqués viene, principalmente, por la familia de Marc. Como buena familia de la burguesía intelectual barcelonesa —el padre de Marc es el prestigioso Dr. Bonaventura Clotet—, Cadaqués ha sido históricamente su lugar de veraneo. Marc ha pasado allí los veranos de su infancia, y ahora está repitiendo ese ciclo con sus propios hijos, Lia y Neo. Es muy común ver a toda la familia, incluidos los abuelos y la hermana de Marc, la también actriz Aina Clotet, compartiendo jornadas de playa y barco en las calas del cabo.
Cadaqués es donde Lía y Neo están aprendiendo a amar el Mediterráneo. Natalia suele compartir imágenes de sus hijos descubriendo la fauna marina en las rocas o dando sus primeros paseos en barca —la famosa «barca de madera» tipo laúd catalán—. Para la pareja, Cadaqués representa ese verano de antes; con niños descalzos, helados en el paseo y sol hasta que se esconde tras las montañas del Pení. Natalia Sánchez ha adoptado Cadaqués como su segunda casa. Ha declarado textualmente que Cadaqués es uno de los lugares donde más feliz se siente. A pesar de ser madrileña, se ha adaptado perfectamente al ritmo pausado y algo bohemio del pueblo de Dalí.
Un pequeño pueblo con calles blancas y que fue inspiración para Dalí
A través de sus redes, promociona constantemente los rincones menos conocidos, las rutas de senderismo hacia el Faro de Cap de Creus y la luz única que tiene este rincón del Ampurdán. Aunque Cadaqués atrae a mucha gente famosa, Marc y Natalia encajan perfectamente en el perfil de famoso que no quiere parecerlo y que, sobre todo, busca mucha tranquilidad y privacidad. Se les puede ver desayunando en el mítico Bar Melitón o paseando por las calles empedradas —es rastell— como una pareja más. Buscan la discreción de las calas más alejadas y de difícil acceso, huyendo del bullicio del centro del pueblo en pleno agosto.
Para Marc y Natalia, Cadaqués es el contrapunto salvaje a su vida en el interior de Girona. Si en su masía mandan los árboles y el huerto, en Cadaqués mandan la tramuntana, la sal y la roca negra. Es el sitio donde, según Natalia, «se recargan las pilas para todo el año». Se dice que fue precisamente en estas escapadas a la Costa Brava donde Natalia terminó de enamorarse del paisaje catalán, lo que facilitó mucho la decisión final de dejar Madrid para instalarse definitivamente en Girona.
Como decíamos, Cadaqués es uno de esos lugares que dejan huella. Cadaqués no es solo el pueblo más bonito de la Costa Brava; es, probablemente, el lugar más magnético y especial de todo el Mediterráneo español. Situado en el extremo oriental de la península —en el Cap de Creus—, ha logrado mantenerse como una isla detenida en el tiempo gracias a su geografía: para llegar hay que atravesar una carretera de curvas infinitas que ha actuado como un filtro natural contra el turismo de masas destructivo. El casco antiguo es un laberinto de calles estrechas y empedradas con el típico rastell —es decir, piedras colocadas de canto para que los animales no resbalaran—. Las casas son blancas, con puertas y ventanas en tonos azules o verdes.
Un enclave de ensueño, con vistas al mar y una ubicación privilegiada
La Iglesia de Santa María domina todo el perfil del pueblo. Su retablo barroco es impresionante, pero lo mejor son las vistas desde su plaza hacia la bahía. Es imposible entender Cadaqués sin Salvador Dalí. El genio del surrealismo se instaló en la vecina cala de Portlligat, y su presencia atrajo a toda la intelectualidad del siglo XX: Picasso, García Lorca, Joan Miró, Walt Disney o Mick Jagger. Ese aire bohemio y artístico todavía se respira en sus numerosas galerías de arte y en bares míticos como el Bar Melitón. Cadaqués está rodeado por el Parque Natural del Cap de Creus. Es un paisaje lunar, de rocas negras (pizarra) esculpidas por la Tramuntana —el fuerte viento del norte— de formas caprichosas.

Al no haber playas de arena fina —la mayoría son de cantos rodados o rocas—, el agua es de una transparencia cristalina absoluta, ideal para el snorkel. Comer en Cadaqués es un lujo para los sentidos. Uno de los mejores restaurantes del mundo —fundado por ex-jefes de cocina de El Bulli— se encuentra aquí, elevando la gastronomía local a otro nivel. Hasta bien entrado el siglo XX, Cadaqués estaba más conectado con el mundo por mar que por tierra.
La Tramuntana no es un mito. Cuando sopla fuerte, el mar se vuelve blanco y el aire parece limpiar hasta los pensamientos. Se dice que ese viento es el responsable de la locura genial de Dalí. En agosto es vibrante y lleno de vida, pero los que realmente conocen el pueblo dicen que su mejor versión es en invierno, cuando el silencio recupera las calles y solo se oye el rumor de las olas contra el muro del paseo marítimo.
