Serrat: «Lo mejor de mi casa es lo que está fuera; sus puertas están abiertas a los amigos, pero los muros son altos para la curiosidad»
El cantante catalán reside a las afueras de la ciudad condal, donde se crio, y en el lugar donde posee una bonita casa

Serrat, en una imagen de archivo. | Gtres
Joan Manuel Serrat vive en un barrio de Barcelona, aunque se crio en el centro de la ciudad condal, donde residió en una calle «oscura» y «pequeña». Allí pasó algunos de los momentos más especiales de su vida junto a su familia. Aunque es un hombre sociable, él mismo defiende que su casa está abierta «para los amigos», pero, aún así, los muros son «altos para la curiosidad». Además, lo mejor de la vivienda es lo que está fuera; «ese paisaje que se estira hasta el mar y que no me pertenece, pero que disfruto como si fuera mío».
Además de su casa en Barcelona, también tiene una vivienda de vacaciones en la Ampurdán. «Me fijo mucho más en el tiempo que me queda libre para estar en casa… para poder reanudar la conversación que dejamos pendiente la última vez que nos vimos», ha contado. Cuando está en la ciudad, Serrat no vive en un ático de lujo en el Paseo de Gracia, sino en una casa unifamiliar en el barrio de Vallcarca, una zona alta y tranquila de Barcelona.
La casa de Serrat a las afueras de Barcelona

Vallcarca conserva un aire de barrio antiguo, con calles empinadas y mucha vegetación. Su casa es una construcción con jardín que le permite estar en la ciudad pero manteniendo la privacidad. Se sabe que es el corazón de su casa urbana. Allí guarda miles de volúmenes, sus premios y sus recuerdos de más de 50 años de carrera. Es su lugar de estudio y lectura diaria. Vallcarca es un barrio que se encuentra en la parte alta de Barcelona, cerca del Parque Güell. Se caracteriza por sus calles empinadas, sus torres antiguas —algunas de estilo modernista— y su abundante vegetación.
La casa está situada en una zona donde el ruido del tráfico del centro de Barcelona no llega. Es una casa unifamiliar rodeada de jardín y muros que la protegen de la mirada de los curiosos. Serrat siempre ha dicho que le gusta Vallcarca porque conserva ese espíritu de «pueblo dentro de la ciudad», algo que le recuerda a sus orígenes pero con la tranquilidad que necesita a su edad. Si hay un lugar sagrado en esta residencia es su biblioteca. Es una estancia amplia, llena de luz, donde Serrat guarda miles de libros, partituras y sus archivos personales. En este espacio es donde el artista suele leer la prensa cada mañana y donde ha pasado horas preparando sus giras y seleccionando textos para sus canciones.

Además, el cantante también cuenta con un estudio y muchos recuerdos. Aunque Serrat ha donado parte de su legado a instituciones, en su casa de Vallcarca conserva objetos que tienen un valor sentimental incalculable. Siempre tiene alguna guitarra a mano, aunque ahora la toque solo para él o para sus nietos. Aunque no es una persona que viva de la nostalgia, en las paredes hay retazos de su vida; fotos con amigos como Sabina o con sus hijos, así como reconocimientos de todo el mundo. Lo curioso de su vida en esta casa es la normalidad. No es extraño ver a Serrat saliendo de su casa de Vallcarca para ir a comprar el periódico o el pan en las tiendas de barrio, así como pasear por los alrededores del cercano barrio de Gracia.
«Lo mejor de mi casa es lo que está fuera»
Los vecinos lo consideran uno más; se le respeta su espacio y se le saluda con la naturalidad de quien lleva décadas viviendo allí. Mucha gente se pregunta por qué no vive en su barrio natal. Serrat ha explicado que, aunque ama el Poble Sec, necesitaba un espacio con más luz y silencio para poder trabajar y criar a su familia. Vallcarca le ofrecía esa distancia táctica: estar lo suficientemente cerca del centro para ir a cenar con amigos, pero lo suficientemente lejos como para sentirse en un refugio. Serrat creció en una casa que era un resumen de la España de la época.

Su padre, Josep, fue un anarquista catalán, trabajador de la compañía del gas. De él heredó el catalán y la conciencia obrera. Su progenitora, Ángeles, nació en la localidad zaragozana de Belchite. De ella heredó el castellano, la sensibilidad y la fuerza de quien ha sobrevivido a la guerra. El Poble Sec de los años 40 y 50 era un barrio humilde, a los pies de la montaña de Montjuïc y pegado al Paral·lel —la zona de los teatros y el cabaret—. «Mi calle era una pendiente, mi casa era la frontera», afirma en su canción Mi niñez. Los niños eran los dueños de la calzada porque apenas había coches. Jugaban al fútbol con pelotas de trapo y a las «chapas». Serrat ha recordado textualmente los detalles sensoriales de esa época. De lo que más se acuerda es del olor a carbón, a lejía y a los guisos de su madre. Pero también el olor del puerto y del mar que subía por las calles.
El grito de los vendedores ambulantes, el traqueteo de los tranvías y, sobre todo, la radio. La radio de su infancia, con sus radionovelas y sus canciones, fue su primera escuela musical. Estudió en los Escolapios de la calle Manso —gracias al esfuerzo de sus padres para que tuviera una educación mejor que la de ellos—. «Yo no tuve una infancia triste. Fue una infancia pobre, pero fui un niño muy querido, y eso es lo que te da la seguridad para luego ir por el mundo. En mi barrio aprendí que la dignidad no tiene nada que ver con el dinero», ha relatado.
