La playa favorita de Víctor Manuel y Ana Belén está en Menorca: con caseta de pescadores, embarcadero y solárium sobre el mar
La pareja posee una bonita casa muy cerca de una cola donde antes contaban con un acceso directo

Víctor Manuel, en una imagen de archivo. | Gtres
Víctor Manuel y Ana Belén siempre han sido unos apasionados de la isla de Menorca. La pareja de cantantes encontró en la isla su refugio y el lugar donde se sienten plenamente felices. Allí se compraron una preciosa casa que, todavía, siguen conservando, aunque con algunas modificaciones. Durante 17 años, su casa en la zona de La Solana —en pleno puerto de Mahón— disfrutó de una concesión extraordinaria que les daba acceso directo a una pequeña zona de baño prácticamente privada a los pies de su terreno. Es decir, una especie de cala/playa ideal para los días de verano. Cuando esa concesión terminó, se construyeron una piscina en la finca, por lo que muchas veces ni siquiera necesitan salir de casa para refrescarse.
Tenían su propio muelle privado. Esto les permitía subirse directamente al barco desde su jardín sin tener que pisar un puerto público, garantizando que nadie los fotografiara al salir a navegar. En lugar de arena, contaban con una plataforma de piedra y hormigón —lo que en Baleares se conoce como zona de pesqueras—, donde colocaban sus tumbonas para tomar el sol literalmente suspendidos sobre las aguas del puerto. El elemento más envidiado era una antigua caseta a pie de agua que utilizaban como una especie de bungalow o salón exterior. Tenía acceso directo al mar y allí se protegían del sol, leían o tomaban algo a ras de agua con amigos.
La playa favorita de Víctor Manuel y Ana Belén está en Menorca

Desde el chalé —más conocido como Los Pinos—, unas escaleras serpenteaban por la ladera de la finca hasta dar a esta plataforma, permitiéndoles bañarse en el mar en una zona donde era imposible que accediera nadie a pie desde el exterior. Como la costa en España es de dominio público, este tipo de instalaciones son excepcionales. Tras 17 años de disfrute, en el año 2010 se les terminó la concesión y la autoridad portuaria recuperó ese espacio. Al quedarse sin su rincón privado para bañarse en el mar, la pareja compró un terreno anexo a su casa, consiguieron las licencias municipales —no sin cierta polémica vecinal— y construyeron una piscina dentro de los límites legales de su propiedad para poder seguir refrescándose con las mismas vistas al puerto, pero ya dentro de los muros de su jardín.
El refugio de Ana Belén y Víctor Manuel en Menorca, bautizado originalmente como Los Pinos. es mucho más que una simple casa de vacaciones: es el epicentro emocional de su familia. Compraron la propiedad en 1983, cuando su hijo David tenía 7 años y su hija Marina acababa de nacer. Hoy en día, sus hijos siguen refiriéndose a ella como «mi casa» porque es donde se concentran los recuerdos de su infancia y donde ahora disfrutan los nietos de la pareja. La casa se encuentra en la zona residencial de La Solana, situada en la ribera norte del Puerto de Mahón —un área conocida localmente como S’Altra Banda—. Está construida en una ladera elevada, protegida de las miradas indiscretas por frondosos pinos mediterráneos. Esta ubicación es estratégica.
Su casa, situada en un enclave privilegiado
Al estar en alto, toda la casa tiene una panorámica impresionante del puerto natural de Mahón —el segundo más grande de Europa— y de la vida marinera de la isla. Está lo suficientemente apartada para garantizar el silencio absoluto, pero a pocos minutos en barco o en coche del centro histórico de Mahón, sus mercados y restaurantes. A diferencia de las grandes mansiones modernas de hormigón y cristal, Ana Belén y Víctor Manuel apostaron por el respeto al entorno. Es una edificación que sigue los patrones de la arquitectura típica de la isla, con paredes encaladas en un blanco impoluto que contrasta fuertemente con el verde de los pinos y el azul del mar. La parcela respeta la orografía escarpada del puerto. De hecho, para moverse por la propiedad hay escaleras de piedra que serpentean entre la vegetación autóctona.
Tras perder en 2010 la antigua zona de baño a ras de mar que tenían en el muelle inferior, la pareja adaptó un terreno anexo que habían adquirido en la parte alta de la finca. Allí construyeron una piscina privada. Es el lugar donde la familia pasa las tardes de verano: un espacio rodeado de jardines mediterráneos, con tumbonas, zonas de sombra bajo los pinos y una total privacidad para bañarse y leer sin preocuparse por los paparazzis.
En el ámbito social, este refugio ha sido mítico. Durante los años 80, 90 y 2000, Los Pinos era parada obligatoria para grandes nombres de la cultura española. A esta zona del puerto se la llegó a bautizar con humor en los medios como la «Costa del Canon», porque allí se reunía la pareja con sus vecinos de verano e íntimos amigos: Joan Manuel Serrat, el periodista Iñaki Gabilondo o las familias de Mercedes y Lorenzo Milá. Las cenas de verano en sus terrazas, hablando de música, periodismo y política, forman parte de la crónica cultural de España. Sin duda alguna, una de las cosas más valiosas de la casa está relacionada con su ubicación y, sobre todo, su orientación.
Una cala en primera línea, con embarcadero y una caseta reconvertida
El gran secreto de S’Altra Banda es su orientación. Al estar en la ribera norte mirando hacia el sur, toda esta zona recibe luz solar durante todo el día. Mientras que la ciudad de Mahón —que está justo enfrente— empieza a quedarse en sombra por la tarde debido a los acantilados, las casas de esta orilla, como la de los artistas, disfrutan de los mejores atardeceres y de una luminosidad envidiable. El paisaje de esta zona es una mezcla preciosa de tradición y exclusividad. El terreno es muy escarpado y la costa está dibujada por casitas tradicionales y mansiones ocultas. Con los años, respetando el estilo blanco y rústico, la zona se ha transformado en el área residencial más cara de Menorca. Grandes chalés se esconden entre los pinos y trepan por la roca, ofreciendo un aire muy mediterráneo, similar a algunas zonas de la Costa Brava o de las islas griegas.

Desde la casa de la pareja, las vistas no son a un mar abierto y monótono, sino a un teatro marítimo en constante movimiento. Aunque por carretera se tarda unos 10 o 15 minutos en bordear todo el puerto para ir desde su casa hasta el centro de Mahón, el verdadero lujo de vivir en S’Altra Banda es el transporte marítimo. Los vecinos de esta zona suelen tener pequeñas lanchas o botes. En apenas dos o tres minutos cruzan la orilla navegando y se plantan directamente en el paseo marítimo de Mahón para ir a cenar, comprar en el mercado o pasear.
