Así es la cocina donde Víctor Manuel demuestra su maestría con los fogones: con madera clara, toque industrial y un detalle del Tío Pepe
El cantante es un apasionado de la gastronomía y suele pasar mucho tiempo entre fogones en su casa de Madrid

Ana Belén y Víctor Manuel, en una imagen de archivo. | Gtres
Ana Belén y Víctor Manuel viven, desde hace tiempo, en la colonia de Alfonso XIII, en el barrio de Prosperidad, rodeados de una pequeña urbanización y de varias zonas verdes. Allí tienen una casa de varias plantas, donde cuentan con una gran cocina, de la que han compartido alguna que otra fotografía. Y es que no hay que olvidar que Víctor Manuel es un apasionado de crear sus propios platos y, es por eso, que necesitaban un espacio grande, con lugares de almacenamiento y, sobre todo, que cuente con unos buenos instrumentos para poder estar a la altura de sus invitados.
Así, como ellos mismos han compartido en sus redes sociales, la cocina cuenta con unos armarios en madera clara que combina a la perfección con varios detalles de acero inoxidable. Entre ellos, la campana, los utensilios de cocina y las ollas, que cuentan con la máxima calidad. Además, también cuentan con un pequeño detalle; una antigua caja de hojalata vintage de Tío Pepe. Su casa en Madrid —y su refugio en Menorca— ha sido históricamente un lugar de reunión mítico.
Así es la cocina de Ana Belén y Víctor Manuel
Lejos de formalidades estiradas, sus cenas siempre se han caracterizado por la calidez, las largas sobremesas, el buen vino y debates apasionados. Aunque ambos disfrutan de la buena mesa, Víctor Manuel es el verdadero cocinero de la casa. Ha confesado en numerosas ocasiones que cocinar le relaja y que le apasiona pasar horas en el mercado eligiendo el producto. Fue en 2021 cuando Víctor Manuel publicó un libro que ha marcado su pasión por la cocina. En el año 2021, Víctor Manuel publicó un libro titulado El gusto es mío, que es mitad biografía y mitad libro de cocina. En él plasma su amor por la gastronomía a través de los viajes y las personas que han marcado su vida.
El libro rinde homenaje a la cocina asturiana —su tierra natal—. Destacan platos tradicionales como la fabada, el pote asturiano, los guisos de pescado del Cantábrico y los quesos de la región. Su filosofía culinaria no busca la vanguardia ni las esferificaciones; se basa en el respeto al producto de temporada, los fondos cocinados a fuego lento y la cocina tradicional. Ana Belén se define más como una disfrutona y una excelente comensal que como cocinera. Ha admitido que prefiere dejar los mandos de la cocina a Víctor, pero es una perfecta anfitriona que cuida el detalle, la atmósfera y, por supuesto, el control de calidad de lo que se sirve en la mesa.
Toque industrial, madera y un detalle muy especial
Al ser madrileña de nacimiento —del castizo barrio de Lavapiés—, en su universo gastronómico también están muy presentes los platos tradicionales del centro de España, aunque siempre abiertos a las influencias de sus constantes viajes por Latinoamérica. Las Baleares, y concretamente Menorca, juegan un papel crucial en su cocina estival. En su casa de la isla, la cocina se transforma. Predominan los pescados frescos a la plancha o al horno. El producto de la huerta balear y los arroces marineros cobran protagonismo. Es el escenario ideal para sus famosas reuniones de verano, donde la comida sirve para celebrar la amistad y el descanso.
Víctor Manuel ha confesado en muchas ocasiones que la cocina es lo único capaz de «desconectar» su cerebro. Cuando regresa de giras intensas o de grabar un disco, lo primero que hace para recuperar el suelo es meterse en la cocina. El ritual de picar verduras, controlar los tiempos de un guiso y vigilar el fuego lento le produce una paz que no encuentra en ningún otro sitio. Para él, cocinar no empieza en los fogones, empieza en la calle. Es un defensor a ultranza del mercado tradicional. Le apasiona ir a los mercados de abastos, hablar con pescaderos y carniceros.
No concibe cocinar con ingredientes de plástico o de supermercado impersonal; para Víctor Manuel, el origen del producto lo es todo. Su paladar y su mano culinaria están profundamente marcados por su infancia en Asturias. Es un maestro de los platos de cuchara. De hecho, sus amigos dicen que sus fabadas y sus potes asturianos son de restaurante de tres estrellas. «Cocinar es un acto de amor, pero también un acto de vanidad. Cuando cocinas para tus amigos, lo que buscas en el fondo es que te aplaudan, igual que en el escenario», ha relatado.
Víctor Manuel, un as en los fogones
Tanta es su pasión que en su libro de memorias gastronómicas, El gusto es mío, no solo comparte recetas, sino que escribe sobre la comida con una sensibilidad poética. Describe los sabores de su infancia, el hambre de la posguerra, el descubrimiento de la alta cocina cuando empezó a ganar dinero y los platos que compartió con personajes históricos. El libro es, en realidad, el diario de un hombre que mide los años de su vida por los platos que ha compartido. Cualquier cocinero vocacional como Víctor Manuel sueña con una cocina industrial. El uso masivo de acero inoxidable en las encimeras, los electrodomésticos y la zona de fuegos responde a pura funcionalidad.
El acero aguanta el trote de guisos pesados, cortes, ollas gigantescas de fabada hirviendo y salpicaduras. Se limpia con una facilidad pasmosa. Para evitar que tanto acero inoxidable convirtiera la cocina en un lugar frío, clínico o industrial, se introdujo la madera clara —estilo roble natural o haya—. La madera aporta calidez, luz y esa sensación de casa habitada. Es una combinación muy elegante que no pasa de moda. La madera clara suaviza las líneas rectas y frías del metal, logrando que el espacio invite a quedarse, a abrir una botella de vino y a charlar mientras el guiso se hace a fuego lento. Lo más bonito de este diseño es que, a pesar de tener elementos profesionales, está integrada para la convivencia. No es una cocina para esconderse a cocinar mientras los invitados esperan en el salón.
