La canción que Sabina le dedicó a Ana Belén en una cena en su casa en 1988: «No pude sentirla más»
El cantautor jienense tenía mucha amistad con la pareja de cantantes, con quien solía salir por la ciudad de Madrid

Ana Belén y Sabina, en unarc imagen de archivo. | EP
Joaquín Sabina es uno de los rostros más conocidos del mundo de la música. En su carrera, el artista conoció a infinidad de cantautores que le acompañaron en su camino, como fue el caso de Víctor Manuel, con quien, además, estableció una gran amistad. Es por eso que ambos, junto con Ana Belén, solían protagonizar distintas salidas en el Madrid de la época, aunque también se reunían en sus respectivas casas para hablar de la música, de la vida y, también, intercambiar letras. Así fue como, según cuenta Víctor Manuel en sus memorias, Sabina le dedicó una canción a su mujer, A la sombra de un león. Ella solamente tuvo palabras de agradecimiento: «No pude sentir esa canción más».
La amistad entre Joaquín Sabina y Ana Belén —y por extensión, su marido Víctor Manuel— es una de las más duraderas y curiosas de la música española. Se conocieron en los años 80. En ese momento, Ana Belén y Víctor Manuel ya eran la pareja real de la música y el compromiso político en España: elegantes, serios, puntuales y sumamente profesionales. Joaquín Sabina, por su parte, era el cantautor macarra que venía de los sótanos de La Mandrágora, un noctámbulo empedernido que vivía al límite. A pesar de pertenecer a mundos distintos, la conexión fue inmediata. Sabina vio en Ana Belén a la musa perfecta que podía dotar de elegancia a sus letras canallas, y ella vio en él a un poeta callejero con una sensibilidad única.
‘A la sombra de un león’, la canción que Sabina le dedicó a Ana Belén

Ana Belén siempre se ha referido a Sabina como ese «primo canalla» al que es imposible no querer, pero al que también hay que cuidar. Los tres han compartido infinitas noches de cenas, charlas y copas en Madrid. Han sido varias las ocasiones en las que los tres se han pronunciado sobre su vida, su relación y sobre las anécdotas que compartieron. En los años de más desenfreno de Joaquín, cuando salían juntos, Ana Belén y Víctor Manuel se retiraban a una hora prudente a casa. Sabina los miraba con ironía y les decía que eran unos «aburridos» y unos «formales», mientras él se quedaba quemando la noche madrileña. Ana y Víctor, por su parte, siempre lo miraron con un punto de preocupación maternal/paternal, celebrando cada vez que Joaquín salía adelante de sus baches de salud.
Su amistad se ha consolidado sobre todo a través de los regalos en forma de canciones. Joaquín ha dicho muchas veces que escribir para Ana Belén es el mayor lujo para un compositor, porque ella «limpia las canciones, las hace volar y les quita la grasa de taberna». No hay celos artísticos entre ellos. Cuando Sabina le escribió Peces de ciudad —una de sus obras cumbres— y luego decidió grabarla él mismo, Ana Belén no solo no se molestó, sino que declaró públicamente que la canción «le pertenecía a Joaquín» porque era su viva estampa. Esa falta de ego es muy rara en el mundo del espectáculo y demuestra la solidez de su afecto. Hoy en día, con Sabina más retirado de las noches salvajes y más enfocado en su salud y su literatura, la amistad sigue intacta. Se siguen reuniendo lejos de las cámaras, compartiendo la complicidad de quienes han vivido la edad de oro de la música en España.
Su buenísima conexión

A la sombra de un león (1988) es, sin duda, una de las cumbres creativas de la música popular española. Más allá de ser una canción preciosa, es el perfecto puente que unió para siempre el universo poético, callejero y nocturno de Joaquín Sabina con la voz sofisticada, teatral y elegante de Ana Belén. La canción narra una historia de amor tan romántica como surrealista; un hombre ingresado en un hospital psiquiátrico se escapa solo para ir a declararse a su amada. Para darle forma, Sabina se inspiró en dos iconos de Madrid; el hospital psiquiátrico de Ciempozuelos y la fuente de Cibeles.
El hospital psiquiátrico era un centro de salud mental histórico situado a las afueras de Madrid de donde se escapa el protagonista —«Se escapó de Ciempozuelos con la hiel en los bolsillos…»—. La fuente de Cibeles hacía referencia a la mujer de la que estaba enamorado que no era humana; era la mismísima estatua de la diosa Cibeles que preside el centro de Madrid. El «león» del título hace referencia a los felinos mitológicos que tiran del carro de la diosa —«Y a la sombra de un león / centinela de mi amor / vi que me estabas esperando…»—. Aunque la letra es 100% el sello de Joaquín Sabina, la música no la compuso él solo. La melodía nació de una colaboración con Josep Maria Bardagí, un excelentísimo músico y guitarrista catalán —muy ligado también a la carrera de Joan Manuel Serrat—. Bardagí logró crear una atmósfera melancólica, nocturna y con un toque de jazz y balada urbana que encajaba perfectamente con la voz de Ana Belén.
«Su mejor pareja de baile»
La canción dio título al álbum que Ana Belén lanzó en 1988. En ese momento, ella era la gran musa de la España democrática, pero este tema le dio un color diferente, más urbano, canalla y madrileño. Ana Belén ha confesado que cantar esta historia requería una gran interpretación actoral —campo en el que ella es una maestra—, ya que tenía que defender un tema que habla de locura y marginalidad con una dignidad absoluta. El público conectó de inmediato y se convirtió en uno de los mayores éxitos de su carrera y en un fijo de sus conciertos. Como solía pasar con los temas que Joaquín regalaba a sus amigos y de los que se terminaba enamorando, Sabina decidió grabarla él mismo años después. La incluyó en su disco en directo Nos sobran los motivos (2000).
A pesar de que el tiempo pasa y ambos se encuentran en etapas diferentes de sus carreras musicales —con Sabina centrado en su jubilación—, las palabras que se dedican públicamente siguen rebosando devoción. Sabina se refiere a ella como «su mejor pareja de baile» y destaca que es un lujo absoluto verla defender sus textos. Por su parte, Ana Belén insiste en que la sintonía que tuvieron desde los años 80 se convirtió en una amistad de las de verdad, elogiando que Joaquín sea un poeta que «cuenta las cosas sin ningún pudor».

Lejos de distanciarse por tener estilos de vida diferentes, hoy se ríen más que nunca de sus contrastes. Sabina sigue recordando con humor que Ana y Víctor Manuel son «muy formales y profesionales» mientras que él siempre fue un «noctámbulo absoluto». Esa diferencia, que a otros podría separar, a ellos los ha unido; se quieren precisamente por lo diferentes que son. unque ya no queman la noche de Madrid como antes, mantienen una relación muy estrecha de puertas para adentro. Ana Belén comparte una excelente relación con Jimena Coronado —la esposa de Joaquín—, a quien define como una mujer inteligentísima y el gran pilar del cantautor. Se visitan, cenan juntos y se cuidan mutuamente.
